Colombia: trampolín de EEUU para operaciones contra Venezuela

Traducción desde el inglés por Sergio R. Anacona

Los arrestos de paramilitares colombianos en territorio venezolano ya no son vistos como algo sensacional. Existen más y más casos como estos. Y nadie se pregunta por qué los paramilitares metódicamente son infiltrados en el país, astutamente disfrazados como trabajadores temporales o como turistas. Ellos están siendo utilizados por los enemigos de la República Bolivariana de Venezuela como parte de una conspiración de largo alcance coordinada por agencias de inteligencia de Estados Unidos y la OTAN, con el objeto de derrocar a las autoridades legalmente elegidas.

Anteriormente, los paramilitares combatieron en las filas de las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC creadas por los servicios de inteligencia militar de Colombia para combatir a las agrupaciones guerrilleras de izquierda marxista FARC y ELN. El “desarme” formal de la AUC de Colombia no produjo su desmovilización completa. Ahora ellas están siendo utilizadas para luchar contra los regímenes “populistas”. Un número significativo de subdivisiones de las AUC ha sido reorientado por personal de campo de la CIA y por asesores de la misión militar norteamericana en tareas específicas para la desestabilización de Venezuela. Solo durante ese mes de junio en los estados fronterizos venezolanos de Táchira y Portuguesa, dos grupos de paramilitares, cuyos líderes son bien conocidos en Colombia por sus sanguinarias hazañas fueron capturados. Una intensa búsqueda está en marcha tras un grupo que opera en Caracas. Informaciones sobre otras células armadas de las AUC operan en el país se han estado recibiendo. Como lo ha señalado el Ministro de Relaciones Exteriores, Miguel Rodríguez Torres, las investigaciones han demostrado que los paramilitares han mantenido contactos con la oposición venezolana y estaban preparando un atentado contra el Presidente Nicolás Maduro. Se les confiscó explosivos, armas de fuego –incluyendo un fusil de precisión Bushmaster con mira telescópica—docenas de cajas de municiones, granadas de mano y uniformes militares venezolanos como prueba evidente de esto.

Eventos similares han ocurridos anteriormente en Venezuela durante el año 2004 cuando agentes policiales detuvieron a ciento cincuenta (150) paramilitares en una localidad cercana a Caracas quienes habían sido infiltrados en el país para atacar el palacio presidencial, asesinar a Hugo Chávez y aparentar un “alzamiento” militar con el objeto de facilitarle a la oposición la toma del poder.

Actualmente los conspiradores locales y extranjeros están dedicados a fomentar el descontento entre la población a través de la escasez artificial de artículos de primera necesidad, acaparándolos en almacenes secretos o a través del contrabando de exportación hacia países vecinos y principalmente hacia Colombia. Al igual que anteriormente, los medios venezolanos inflan fuera de toda proporción los problemas tales como la “criminalidad desbordada” y la “incompetencia del gobierno de Nicolás Maduro para resolverlos”. En especial, falsifican “estadísticas criminales” para este propósito. Numerosos ejemplos de la participación de asesinos profesionales colombianos en crímenes cometidos en los estados fronterizos de Venezuela son silenciados.

Según evaluaciones hechas por la policía y las agencias de contrainteligencia venezolanas, los actos terroristas de este tipo en Caracas y otras grandes ciudades son estimulados por la inteligencia norteamericana.

La quinta columna ha estado particularmente activa en el estado petrolero del Zulia, al cual tradicionalmente se le ha considerado como “separatista.” En años recientes, la CIA y la inteligencia militar norteamericana estacionadas en Colombia han estado implementando medidas con el objeto de reforzar las “tendencias centrífugas” en este estado y provocar conflictos entre la oligarquía local y las autoridades nacionales promoviendo la idea en la población que la “República del Zulia” tendría un nivel de vida superior como estado independiente. En el estado Zulia el sabotaje ha alcanzados niveles verdaderamente alarmantes. Últimamente, el Presidente Maduro se ha reunido varias veces con el gobernador del estado, Francisco Arias Cárdenas, para discutir medidas para atacar el contrabando de exportación de gasolina y productos alimenticios y establecer un suministro energético ininterrumpible lo cual es sumamente importante en la región más calurosa del país.

Una mayor desestabilización de los estados fronterizos de Venezuela y el aumento de las manifestaciones de protesta de la oposición en Caracas, apuntan a convertirse en el pretexto para una interferencia directa de Estados Unidos en los asuntos internos del país.

Ya ha sido creada la necesaria infraestructura de apoyo a lo largo del perímetro de los estados fronterizos venezolanos. Los pilotos norteamericanos ya se han familiarizado con el teatro de futuras operaciones a través de ejercicios de entrenamiento conjunto colombiano-norteamericanos. Recientemente, fotografías de estelas de aviones de guerra practicando misiones de ataque en dirección de Venezuela fueron publicadas por la agencia noticiosa Aporrea.org. En algunos casos, la inteligencia norteamericana ha empleado aviones no tripulados para “sondeos tácticos” del territorio venezolano y para localizar míticos campamentos guerrilleros.

El reconocido periodista venezolano, José Vicente Rangel, ha denunciado que la oposición planea la adquisición de aviones de guerra que serían empleados en una toma armada del poder. A fines del mes de mayo, representantes de la “oposición irreconciliable” que incluye a ex directores de la petrolera estatal PDVSA realizaron negociaciones sobre el tema en la localidad de San Antonio, Texas con miembros de la junta de directores de una fábrica de aviones y firmaron un contrato para la entrega de los aviones a más tardar en noviembre de este año. Rangel señaló que los aviones serían estacionados en una base de Estados Unidos en Colombia y serían empleados en ataques contra Venezuela con mercenarios.

Con el telón de fondo de una intensificada campaña anti bolivariana, el presidente Juan Manuel Santos de Colombia se reunió durante más de una hora con el ex candidato presidencial Henrique Capriles. Es bien sabido el hecho que Capriles se negó a aceptar los resultados de la elección y llamó a sus partidarios a realizar activas protestas a consecuencia de las cuales quince bolivarianos fueron asesinados. La posición antagónica de Santos resultó más que obvia en Caracas.

Se dice que el presidente colombiano aceptó reunirse con Capriles por recomendación de Washington que a través del vicepresidente Joe Biden, le habría prometido una generosa “compensación” a Santos, incluyendo una mayor colaboración entre Colombia y la OTAN. Santos recibió esta promesa con optimismo poco razonable tratándose de un político experimentado y anunció que pronto se iniciarían las negociaciones para el ingreso de Colombia a la OTAN. “En el mes de junio la OTAN firmará un acuerdo con el gobierno de Colombia –con el Ministerio de la Defensa—para iniciar un proceso de cordialidad y cooperación con vistas hacia el ingreso a esa organización.”

Las protestas no se hicieron esperar de parte de los miembros de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestramérica, ALBA, que objetaron los planes de la oligarquía colombiana y de su camarilla militar, todo lo cual podría conducir a un levantamiento en toda la región con una sola voz. La OTAN es un instrumento de la expansión imperialista. Abrirle las puertas a esa organización constituye un crimen. Basta solamente con ver la lista de países que han sido blancos de “bombardeos democratizantes” por parte de la OTAN: desde Yugoslavia a Siria, recordar los millones de víctimas y la monstruosa destrucción en Europa, Asia y África para comprender el nivel de indignación que recorrió América Latina. Los representantes de la OTAN en Bruselas, Bélgica diplomáticamente repudiaron las palabras de Santos: Nosotros recordamos los servicios prestados por fuerzas especiales colombianas en operaciones en territorio de Afganistán, pero debido a razones de formalidad con la región del Atlántico Norte, la condición de miembro pleno de la Alianza no es posible.”

El gobierno de Colombia se vio obligado a reajustar su posición. El ministro de la defensa, Juan Carlos Pinsón, hizo énfasis en que Colombia solo piensa en seguir el ejemplo de Nueva Zelandia, Australia y otros países estableciendo una asociación con la OTAN.

No cabe duda que la disposición de Colombia para profundizar la “asociación” será comprobada por Washington y el Pentágono en los frentes de lucha contra el “régimen bolivariano”. La meta principal no es infligir una derrota militar y política al régimen bolivariano por su falta de democracia y atropello a los derechos humanos.

Se trata de capturar los campos petrolíferos venezolanos cuya importancia estratégica para el destino del imperio está fuera de toda duda. A menudo los analistas en Venezuela sostienen que las predicciones catastróficas en torno al agotamiento de las reservas globales de petróleo, gas y esquistos no se aplican a su país. Existen suficientes hidrocarburos en los yacimientos de Venezuela y en su plataforma continental que pueden durar muchas décadas aun bajo explotación intensiva. De ahí que Estados Unidos prefiere la opción de la fuerza para resolver los problemas con Venezuela. En vez de establecer relaciones civilizadas con el gobierno bolivariano legítimamente elegido, como lo hacen muchos países cuyas empresas petroleras operan exitosamente en Venezuela, Washington considera la fuerza como su principal argumento para el “diálogo.”

El imperio ha puesto al Pentágono, al Comando Sur, a la Cuarta Flota y a sus agencias de inteligencia que dominan las técnicas del terrorismo total en marcha contra Venezuela.

En estas circunstancias, el traicionero papel de la oligarquía gobernante en Colombia en relación al proceso de integración en la región, el nuevo desarrollo de las organizaciones regionales de América Latina y la implementación de un sistema suramericano de defensa es tanto más obvio.

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Nil Nikandrov

Periodista y analista político escribiendo frecuentemente en la revista rusa internet Strategic Culture Foundation.

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