Hipócritas, fariseos y sepulcros rescatados

Aquí en la cárcel,

la rabia contenida en el pecho,

espero pacientemente

que se acumulen las nubes al soplo de la historia.

Nadie

impedirá la lluvia”.

(Agostinho Neto, prisión de la PIDE, Luanda, 1960)


Una ola de rasgamientos de vestiduras recorre el Estado español. Un puñado de sindicalistas se han atrevido a tocar la sacrosanta propiedad privada de la comida para repartir alimentos a los más famélicos. Contra ese minúsculo gesto, en santa jauría se han conjurado todas las fuerzas burguesas, el gobierno y la “progresista” oposición, los burócratas sindicales como Méndez, vendidos a la “paz social” con los explotadores, e IU, en desacuerdo con las formas (y que, allí donde gobierna, como en Andalucía, aplica los recortes a machamartillo; eso sí: “por imperativo legal”), los medios de comunicación burgueses (es decir, los medios de comunicación) y la fiscalía, las ONGs bien pensantes y la policía.

Todos coinciden en criticar “las formas”, en aseverar sesudamente que “el fin no justifica los medios”, en alertar sobre el “caos y la anarquía” si tales conductas se generalizaran. En cambio, cuando es el propio Estado burgués el que roba a punta de pistola (o de fusil, o de tanque) a los asalariados para garantizar que los dueños de los bancos sigan contando con sus acciones, sus beneficios, sus dividendos, sus fabulosos ingresos y su desenfrenado tren de vida, entonces las formas sí que son adecuadas.

La intolerable violencia con que se lleva a millones de familias al hambre, a la desatención médica, a la incultura y a vivir en chabolas o en la calle, mientras se blanquean con dinero público los nauseabundos sepulcros de los bancos, en cambio, se nos presenta como una violencia adecuada porque es “democrática”, que para eso pagan los capitalistas las campañas electorales a los partidos. No vaya a ser que, bóbilis bóbilis, y carrito de la compra en carrito de la compra, vayamos a terminar como en Cuba.

“Primum vivere, deinde filosofare”: primero vivir, después tragarse toda la filosofía del enemigo. O no, que ya hemos tragado demasiado. La realidad es empecinada, y que un acto aparentemente inocuo (pues no toca lo más mínimo el poder burgués ni sus ganancias) haya desatado tal desasosiego de los fariseos, tal furia integrista (o tal apoyo cobarde y a medio gas), revela la intrínseca debilidad del andamio capitalista, el pánico a que cunda el ejemplo o, lo que es peor, que cambien las coordenadas en las que se mueve la mente de la mayoría. Si por esto se asustan, habrá que plantearse expropiar más, más en serio y con más determinación.

Vienen tiempos cada vez más difíciles. Los tibios no se salvarán. Mientras tanto, “espero pacientemente que se acumulen las nubes al soplo de la historia”.

tdr.santana@gmail.com


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Teodoro Santana


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