La crisis económica y social se transforma en crisis política en Europa

Polarización en Grecia y Francia
 
La semana pasada hubo elecciones en diferentes estados europeos con resultados tan alarmantes como esperanzadores. En unas elecciones regionales en Alemania, los partidos que sustentan la coalición gubernamental de Merkel sufrieron un serio revés. En Italia, en las elecciones locales los partidos de centro, derecha (como el del propio Berlusconi) y de extrema derecha (los neofascistas de la Liga Norte) que apoyaron el actual gobierno tecnocrático también han sufrido en sus carnes un serio desapego popular.

Pero ahora vamos a centrarnos en las elecciones presidenciales en Francia y las generales en Grecia, ambas de resultados históricos.

La izquierda toma el parlamento francés

Por fin las urnas han echado a la derecha del gobierno francés. La izquierda ha conseguido los mejores resultados en la primera vuelta desde 1988. El partido socialdemócrata francés no había ganado una elección Presidencial desde entonces, hace 24 años. Hollande es por tanto el segundo presidente socialdemócrata francés (el primero fue Mitterrand), con un ajustado 51% del voto en la segunda ronda.

Hay quienes han mostrado una gran esperanza hacia este nuevo presidente de izquierdas. Esperan un cambio en la Unión Europea e incluso una creciente división entre las clases dirigentes europeas. Sin embargo, el programa de Hollande no planteaba una ruptura, sino que hablaba de una “austeridad justa” o una “renegociación con Merkel”. Como diferentes sectores de la izquierda francesa han afirmado (como ATTAC, el NPA o activistas sindicales), Hollande representa la continuidad con el neoliberalismo y las políticas de austeridad. Incluso la revista de orientación socialdemócrata alemana, Der Spiegel, ha descrito a Hollande como “el presidente que va a tener que decepcionar a Francia”.

Por lo tanto, las luchas contra la salida neoliberal de la crisis tarde o temprano reaparecerán. En esta tesitura, es muy interesante el apoyo al Frente de Izquierda encabezado por Mélenchon (una coalición entre diversas escisiones del partido socialdemócrata, el Partido Comunista Francés y otras fuerzas menores de izquierda; todas con escaso apoyo electoral en las últimas elecciones). Sus propuestas de una redistribución de la riqueza y una renovación ecológica y una dura retórica contra “los mercados” obtuvieron un 11% del apoyo electoral. Estos inesperados resultados muestran el gran apoyo a las políticas anti-austeridad, así como la percepción de que es necesaria la unidad en la izquierda. En este sentido, el Nuevo Partido Anticapitalista, que se presentó en solitario, cayó del 4% de apoyo en las últimas elecciones a un 1,2%.

Las malas noticias de estos comicios apuntan al éxito electoral de la extrema derecha. El partido encabezado ahora por Marine Le Pen, hija de Jean-Marie Le Pen, se ha beneficiado de las políticas racistas y del fuerte nacionalismo del gobierno de Sarkozy. El partido neofascista del Frente Nacional ha batido sus mejores resultados obteniendo un 18% del voto (un apoyo incluso superior al de las elecciones de 2002, cuando fueron segunda fuerza política y pasaron a la segunda vuelta).

El abismo social griego se convierte en abismo político

En Grecia los resultados han sido increíbles, volando por los aires las cuatro décadas precedentes de bipartidismo. Los dos grandes partidos del establishment (conservadores y socialdemócratas), que acapararon el 80% del apoyo electoral en las últimas elecciones de 2007), ahora ni siquiera han conseguido un tercio de los votos entre los dos. Los partidos que han apoyado el gobierno tecnocrático actual (incluido el neofascista Laos) han colapsado en estas elecciones (este último ni siquiera pasó la barrera electoral del 3% para obtener representación y perdió sus 17 escaños).

Este profundo desencanto con la clase política también se ha reflejado en una abstención récord del 35%. La brutal dispersión del voto ha significado que un 19% de las papeletas fueron hacia formaciones que no consiguieron representación parlamentaria (al no superar esa barrera del 3%). El gráfico del final muestra los resultados electorales teniendo en cuenta esta abstención y votos sin representación.

Por lo tanto, en Grecia la polarización social y la crisis económica están conllevando una profunda crisis política. Y según los resultados electorales de los partidos que hicieron campaña contra las políticas de austeridad, la izquierda sale ganando (con casi un tercio de los votos) frente a la derecha y extrema derecha (que obtuvieron un 17%).

En la derecha encontramos una escisión del partido conservador y a la seria amenaza del Amanecer Dorado. Este partido, formado a partir de un grupo violento ultraderechista ha pasado de un inexistente apoyo electoral a un 7%, obteniendo 21 escaños. Su líder dijo “Temednos, que ya llegamos”. Este neofascista logró camuflar sus inspiraciones en Hitler y su reciente pasado neonazi. El símbolo del partido recuerda a la esvástica, sus militantes hablan de la gente inmigrante como “escoria humana”, proponen poner minas en la frontera y tienen vínculos con el movimiento neonazi europeo y algunos elementos de la Junta Militar de la dictadura.

A la izquierda, la coalición Syriza (que no es de izquierda radical como señala la prensa, sino que se trata de una coalición antineoliberal, equivalente a Izquierda Unida), ha pasado del 4,5% de las últimas elecciones en 2009 a un sorprendente 17%, obteniendo 52 representantes como segunda fuerza política. Ha sido la lista más votada en todas las grandes ciudades y entre la juventud. Su campaña se centró en la supresión del pago de la deuda para los próximos 3 o 5 años, el fin de las políticas de austeridad, la ruptura con los acuerdos de la Troika y la nacionalización de algunas entidades financieras. Por su parte, el KKE (Partido Comunista Griego) mantuvo su 8% de apoyo electoral anterior.

El partido conservador no fue capaz de acordar un nuevo gobierno. Incluso con sus 50 escaños extra que concede la injusta Ley Electoral al partido ganador, los dos principales partidos no pudieron renovar su coalición gubernamental a falta de solo dos escaños. Todas las otras fuerzas rechazaron apoyar un gobierno pro-austeridad.

El posible anuncio de nuevas elecciones atemorizaban a los defensores del status quo, ya que el casi 20% de votantes que no obtuvieron representación podrían reforzar los resultados de las fuerzas políticas anti-austeridad. De hecho, según una reciente encuesta ahora Syriza saldría elegida como ganadora de las elecciones (obteniendo por tanto esos 50 escaños extra).

Sin embargo, parece ser que finalmente habrá acuerdo de gobierno. El partido Nueva Izquierda (formado por ex militantes tanto de Syriza como del PASOK), se ha mostrado favorable a integrar un gobierno con socialdemócratas y conservadores. La propuesta consiste en mantener a Grecia en la UE y en la Eurozona, así como una muy poco convincente “liberación progresiva de la política de austeridad”.

Veremos qué pasa finalmente en Grecia. Si se convocan nuevas elecciones, puede pasar cualquier cosa, dependiendo de cómo respondan las fuerzas anti-austeridad a la situación. Si se forma este nuevo gobierno, no parece que tardará mucho en volver a despertar las iras del pueblo.

¿La historia se repite?

La situación actual supone un momento drástico tanto a nivel de oportunidades como de amenazas. Cuando la clase dirigente es incapaz de gobernar según sus propias reglas del juego (como han mostrado imponiendo gobiernos tecnocráticos en Grecia o Italia), la polarización económica y social se plasma en la polarización política.

Cuando afloran a la superficie de forma tan tajante las contradicciones de un sistema económico capitalista que enriquece a una minoría a costa de la mayoría, las soluciones socialdemócratas y democristianas pueden caducar rápidamente y perder sus décadas de hegemonía.

En varios momentos históricos, salvando las distancias, hemos presenciado situaciones con elementos similares. En el Estado español vimos como una victoria electoral del Frente Popular paralela al surgimiento de un proceso revolucionario fue aplastada por el levantamiento militar fascista. En la propia Grecia, en 1958 una fuerza de izquierda obtuvo un fuerte apoyo electoral, justo antes del levantamiento militar fascista liderado por Somoza. En Chile la victoria del Frente Popular y el desarrollo de un potente movimiento revolucionario también fueron aplastados por otra dictadura sanguinaria. En Venezuela, la victoria de Chávez en 1998 también sufrió diferentes intentos de derrumbe, incluyendo un golpe de Estado que esta vez sí fue derrotado por las masas populares.

Para la mayoría de la gente, estas cosas eran cosas del pasado, sin ninguna relevancia hoy. Sin embargo, la profunda crisis económica y los recientes acontecimientos nos muestran esta encrucijada entre la esperanza y la amenaza: por un lado, el desarrollo de potentes movimientos de base y el avance de las fuerzas de izquierda que plantean que otro mundo es posible; por el otro lado, el avance de la derecha neofascista que irrumpe con fuerza en los Parlamentos mientras siembra el terror en las calles.

En este contexto, no es el momento de la autoconstrucción de las fuerzas de izquierda. La situación es crítica y exige soluciones colectivas. La unidad de la izquierda no es una consigna vacía hoy, sino una necesidad absoluta para frenar tanto las políticas de austeridad como la alternativa de la extrema derecha neonazi. En primer lugar en las calles y en los movimientos sociales y sindicales, pero también en las instituciones.

En este sentido, el panorama griego nos muestra también la reactualización de estrategias que tan malos frutos dieron en el pasado. Por un lado, el oportunismo, con fuerzas como Syriza que priorizan ante todo los resultados electorales, en detrimento de la centralidad de la oposición en las calles y sobre todo en las huelgas. Y por el otro lado, el sectarismo del KKE, que rechaza de entrada cualquier tipo de alianza en las instituciones y que ha llegado a calificar con un equidistante “falsos revolucionarios” tanto al reformista Syriza como al neonazi Amanecer Dorado (¡como si representaran el mismo tipo de amenaza!).

El Estado español tampoco se encuentra al margen de estas dinámicas. Primero, la brutal crisis social y económica también se está convirtiendo en una profunda crisis política (el lema de “Mariano, Mariano, no llegas al verano”, con un PSOE que se hundió en las últimas elecciones, apunta en esta dirección). La extrema derecha neofascista intenta levantar cabeza, con bastante éxito en Catalunya bajo las siglas de la Plataforma per Catalunya liderada por Anglada. Y la izquierda tampoco está haciendo sus deberes. Izquierda Unida vuelve a mostrar su fuerte oportunismo entrando a formar parte del gobierno neoliberal andaluz, pasando del PPSOE (todos son lo mismo) a la colaboración activa (en lugar de votar la investidura y quedarse en la oposición). Mientras, la izquierda anticapitalista es incapaz de superar la sopa de siglas y avanzar hacia ningún tipo de unidad efectiva, pese a algunos modestos intentos del pasado reciente.

La sociedad está mostrando una voluntad de lucha y unidad brutal, con explosiones de rabia y determinación como el 15-M, la primavera valenciana, la marea verde, la huelga general, el movimiento estudiantil… La izquierda debe estar a la altura, mejor hoy que mañana.

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos del Ministerio del Interior de Grecia.

 (@pau_latina_ment) es militante de En lucha

http://enlucha.org/site/?q=node/17263


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