Políticos: dejen de burlarse de errores y vayan al fondo criticando la ideología y las propuestas


1. Tienen en la lona al candidato de Televisa y el PRI, Enrique Peña Nieto, porque no sabe de libros, pronunciar el inglés, el idioma indígena nahua y muchas otras cosas. Pero casi nadie analiza el pensamiento económico de Peña, su posición ante los yanquis, sus estrechas relaciones con los empresarios y lo que objetivamente haría como presidente de la República del PRI: un partido centrista hasta 1982 y derechista desde entonces. Pediría que no se entretengan en simplezas y nimiedades para gozar la risa. ¿Qué puede hacer un personaje que ha vivido entre la mugre de los políticos del Estado de México, que sigue fielmente a sus consejeros y que lo único que le importa es llegar a ser primer mandatario del país? Si a la mayoría de los mexicanos –y creo que también a los latinoamericanos- les encanta el chiste, las frases de doble sentido y demás, la política no debe servir para profundizar la ignorancia sino para elevar el nivel de pensamiento crítico y analítico.

2. Lo que interesa a los electores es saber lo que haría un candidato para cambiar la política actual de Felipe Calderón porque de continuar con ella México seguirá ocupando el primer lugar en asesinatos, en miseria y corrupción. ¿Qué candidato está dispuesto y tiene las posibilidades de cambiar radicalmente la política retirando al ejército de las calles, aminorando el desempleo, buscando que la emigración a EEUU disminuya y tratando de evitar la existencia de jóvenes sin trabajo y sin escuela? ¿Cuáles son las propuestas reales para que México deje de ser un títere de las políticas de EEUU y tenga la soberanía para decidir sus políticas? Todos esos planteamientos deben oírse y analizarse con el fin de ver si algún candidato puede hacer lo que dice y si al prometer no le sangra la boca ni le salen sapos por su pasado funesto. La realidad es que no creo que alguno del PRI, del PAN o de los chuchos del PRD se salve porque sus historias han sido muy negativas.

3. Si de apodos se trata: a López Mateos le decían López “paseos” por sus largas giras en el extranjero abandonando las cuestiones de México; a Díaz Ordaz le decían “el bocón” por sus enormes dientes y “hocico”; a Echeverría, “arriba y adelante” porque así remataba sus discursos siempre demagógicos; a López Portillo: “defenderé el peso como un perro” por decir esa frase ridícula y por meter a México en una profunda crisis. Sin embargo fuera de las burlas simpáticas que siempre causan risa, hubo escasos análisis serios que permitieran entender lo que pasó en esos sexenios conocidos de “nacionalismo revolucionario” que dieron paso al PRI hacia la derecha total. Y no es un problema de me falte humor, espíritu libertario, vena chacotera, de no saber reírse de uno mismo, sino de una gran irresponsabilidad por no ayudar a elevar el nivel de razonamiento y de política de la población a diferenciar pensamientos o actuar sociopolítico.

4. Imaginen que toda la campaña sea de decires: tres señoritos del PAN que juntos no hacen uno interesante; pero no por su personalidad, sino por que endiosan a su presidente Felipe Calderón. Pareciera que si algún precandidato hace una crítica al desgobierno de manera automática desaparecería de la contienda. El menos tonto, Santiago Creel, no puede ganar porque se piensa en el PAN que sigue a Fox y es enemigo encubierto de Calderón. Tiene capacidad para exponer sus ideas, pero es cobarde, tiene miedo de decir cosas que sabe como ex secretario de Gobernación y prefiere el silencio. El solo hecho de decir que continuará con lo que ha hecho Calderón, en cuyo record se puede anotar: 67 mil asesinados, desempleo exagerado, desplome de los servicios de salud y educación, fracaso de la política migratoria y asesinato de migrantes, ejército en las calles y mucho más, lo descalifica. La realidad es que Creel pudo ser candidato pero no lo será.

5. Al interior del PAN los que están en la competencia son Josefina Vázquez Mota y Ernesto Cordero, pero quien tiene la última palabra es Calderón. Los dos son sus dóciles hijos putativos. La actuación de la primera en la SEP fue ridícula, pues los conocimientos que demostró en la materia fueron cero. Jamás pronunció alguna frase que no sea repetitiva en educación ni tampoco dejó de repetir hasta el cansancio –con esa voz y esa risita de mogigata “jodequedito”, halagos a Calderón. ¿Y qué decir del locuaz Cordero -que fue colocado en la secretaría de Hacienda un escaso tiempo con el fin de que brillara en el aparador- que como Fox parece un chacoteador? De ellos tres no hay nada que decir porque señalan que seguirán la política panistas de Calderón, misma que durante cinco años ha sido un tremendo fracaso, un fraude, además que es con la que se debe acabar para que México salga del profundo desplome que lo tiene en los últimos lugares.

6. Los mexicanos en los momentos de las campañas se pasan el tiempo recibiendo o esperando recibir gratuitamente de cada partido y candidato sacos de cemento, bloques, varillas para la construcción, camisetas, gorras, banderines, artículos para comer, bicicletas y mil cosas más. Es realmente penoso y hasta vergonzoso ver como rodean al candidato o a sus asesores esperando recibir algo que tanto necesitan para compensar su gigantesca miseria. Les vale un carajo si después se los cobran vía presupuesto público. López Obrador (El Peje) dice lo contrario: “No recibirán de nosotros ningún regalo en campaña porque nosotros no compramos votos ni voluntades y enseñamos a la gente a rechazar esta política que luego la misma gente tiene que pagar”. Pero la historia demuestra que esa política de “regalos de campaña” –comprados con dinero de empresarios, del Estado, del narcotráfico- ha sido efectiva. ¿Podrá AMLO demostrar algún día que no es la que domina en el capitalismo?

7. Desde hace un siglo por lo menos, los discursos de los políticos buscan levantar las pasiones, los gritos y aplausos de la gente; no por lo que dicen o explican (nada) sino por las frases altisonantes que pronuncian. Han traído a la mayoría de los mexicanos en la ignorancia más extrema para seguir controlándolos con discursos emotivos y regalos. Por eso algún político imbécil decía: “México no es ni rico ni pobre, sino todo lo contrario” y otro prometía en una población: “Les vamos a construir un puente” –y para que queremos un puente sino tenemos río, gritó el pueblo- “luego les construimos un río”, declaró triunfante el político. ¿Hasta cuándo la población de México –en su inmensa mayoría- será mantenida en la ignorancia política y cultural por los partidos y los gobiernos que viven sabrosamente del presupuesto? Será muy difícil remontar esa realidad; por eso los payasos y los de cerebro vacío en la política mexicana tienen mucho apoyo y buen futuro.

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Pedro Echeverría V


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