Pequeño obituario de un admirador

Soy Socrático; pero por el de Brasil

A Boris y Julio Boscán

Amo al futbol por la selección brasileña. En la familia tengo tíos que sueñan con ver jugar a la selección algún día. Pensando que habían renunciado a su sueño y como están avanzando en edad, ahora se mantienen vivos conformándose con ver “la canarinha” de cualquier categoría y no sólo la de mayores.

Cuando Brasil jugaba contra Francia en el Mundial en México 86, rogué por primera vez a dios que no hubiera clases ese día. Creo que el partido era a media tarde e imploré tanto que la maestra faltó y salí disparado a la casa. Los tíos esperaban el juego con unas cervecitas inofensivas y sin ocultar la ansiedad del partido. Zico, entró y comenzó la fiesta. El primer pase que daba, quirúrgico y bello, terminó en penal a Branco. ¿Cómo se le niega el cobro de un penal a un genio como Zico?

Toda la inteligencia del ser humano se expresaba por estos seres en los cuales teníamos puesto las esperanzas toda la fanaticada. Platiní se había ganado el respeto, pero la defensa del continente comenzaba por ir a las selecciones de estas tierras. Los antibrasileños hablaban en voz baja, recortadita; y nosotros, los que amamos a Brasil en cada mundial, al ver la camiseta 10 nos persignábamos con los latidos del corazón más acelerado. Ganó Francia, se decidió en la tanda de penales y la desazón seguramente la manejaron mejor los adultos. Los niños sólo saben de ídolos y dioses corriendo detrás de una pelota. Lloré, ¿y cuántos no? En un cuarto oscuro del que ya no me asusta su penumbra.

Eran los tiempos de los mediocampistas entrañables. Repartidores de juego, multiplicadores de los panes. Otros tiempos y otras estrellas por donde pasaban todas las pelotas porque estaban claros de su conducción lúcida. Es más, eran ideólogos y poetas; el cerebro y la magia.

De ese juego decisivo hoy a muerto una parte. Sócrates, el Doctor; murió en la madrugada de este domingo decembrino. Tenía una infección intestinal y el Brasil se queda, físicamente, sin uno de los más grandes jugadores, que ya es decir bastante.

Camarada, flaco; con el orgullo y la altivez jamás vista en el fútbol. ¿Cuántos padres llevarán hoy a sus hijos a patear balones para honrarte? ¿Sobrevivirás sólo en los videos de esa época o en los chamos que creen que el futbol es una danza, una orquesta de piernas sensibles?

Cuando supimos que Raí era tu hermano, nos daba un alivio y una tranquilidad de que seguía tu sangre en las canchas, en la canarinha. El mediocampo seguía siendo una profesión de la familia en el país más importante en la historia del fútbol.

Hoy duele tu muerte más que aquel penalty frente a Francia. Es la venganza del corazón y del respeto por tu entrega. Paz a tus restos, la muerte no podrá contra el recuerdo. Un golazo Doctor, le meteremos.


inticlarkboscan@gmail.com


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