Sociedades de miedo en Colombia, México y EEUU

Es una verdad que en EEUU, la clase media ha desaparecido en estos últimos años, ricos y pobres es lo que hay sosteniendo la cultura del consumo, del entretenimiento y la represión; el desempleo disparo las detenciones y las deportaciones por cientos de miles de inmigrantes indocumentados criminalizados por la policía y justicia quitándoles derechos básicos en salud y educación a sus familias mientras la heroína, cocaína, anfetaminas, marihuana, alcohol, el consumo crece sin control, demanda que hace imposible erradicar el narcotráfico desde Colombia y México.

Carteles mexicanos y estadounidenses se disputan espacios con el Estado. En México, los ex presidentes engrosan la lista de las personas más ricas del mundo ¿será Felipe Calderón el próximo en la lista Forbes? Con 2 millones de kilómetros cuadrados y más de 100 millones de habitantes los narcocorridos se disputan con las rancheras los primerísimos sitiales musicales como los muertos los record cada mes. Con un PIB y un PIB per cápita inferior a la de los países europeos más pequeños y con menor demografía, México, se desangra por la guerra de los carteles y por la corrupción; que los políticos se hagan ricos es una situación que apareció mucho antes que los carteles estadounidenses CIA y DEA, miraran desde México a Colombia.

Los mexicanos tienen pocos años haciéndose cargo del transporte y distribución de la cocaína colombiana; el crimen y la política en Colombia como en México tienen constantes citas de negocios a la vista de todo el mundo con el arbitraje de EEUU. En este contexto, la inconformidad con la política de Obama y con la cultura de la política exterior de Washington, estrenando TLC con Colombia, une a los dos pueblos mientras son reprimidos por ejercer la crítica y la militancia democrática porque el ejecutivo incurre sin vergüenza ni reflexión en un entusiasta empobrecimiento de la mayoría de su gente cuando las elites se acomodan.

Es que los proyectos estadounidenses para enfrentar el narcotráfico y el terrorismo como política de Estado confunde a los mismos funcionarios en Washington y en la casa blanca porque política y delito no son una excepción sino la regla oculta que no solo ayuda a la economía de mercado de EEUU sino que persigue un agresivo proceso de domesticación, una agresiva enseñanza de obediencia debida, utilizando la fuerza militar para las invasiones o la violencia sistemática con la droga como arma para el caso de América Latina; tratan de imponer una cultura de aceptación de lo políticamente correcto programado desde Washington, utilizando lacayos como Santos y Calderón.

Se ve en México, Colombia y EEUU como se expropian los espacios de autonomía personal, familiar, van marcando las pautas para construir al otro hombre y mujer que enfrente al nuevo hombre y mujer que propone el socialismo del siglo XXI; sociedades domadas por la violencia, la inseguridad, envenenados por el solo concepto de “lucha” contra el narcotráfico y terrorismo, concepto demasiado amplio para que pueda ser asimilado y diferenciado por la sociedad cuando sus países practican frecuentemente el terrorismo de Estado y, por la

clonación comercial de sus ciudadanos cuyo único referente es un capitalismo en crisis y un imperialismo que lucha desesperadamente por no perder su poder.

Más de un año lleva proclamando Nariño, que existe un cambio entra la política de Santos y Uribe, NO HAY TAL CAMBIO, los asesinatos de líderes sociales, sindicalistas, ecologistas, están emparejados con el rating de las novelas del narcotráfico desde la virgen de los sicarios en 1993 o Rosario Tijeras 1999, este tipo de producción pega, porque, es la vida misma de la sociedad colombiana trasladada a la mexicana por intereses estadounidenses desde la época del ALCA.

Sin embargo, este éxito televisivo no satisface plenamente al mismo pueblo y sociedad colombiana en general, estudiantes, intelectuales, obreros, campesinos, mujeres, ven como el proyecto establecido por EEUU con bases militares incluidas para enfrentar al narcotráfico es un engaño por eso su fracaso, siempre fue una mascarada el Plan Colombia, es por todos sabido que a Washington nunca le intereso erradicar el negocio del narcotráfico le interesa controlarlo, pero, la sociedad colombiana colmada de corrupción política narco y paramilitar construye personajes para sus novelas tan reales como Santos y Uribe.

Las biografías de los narcos son parte de la realidad de Uribe, Santos, y de un altísimo porcentaje de los políticos en Colombia como en México, sus novelas como películas relacionadas con el narcotráfico, sicariato, paramilitarismo, guerrilla, lavado de dinero, carteles, alcanzan grandes cifras de ventas por el morboso entretenimiento, porque, los falsos positivos, las chuzadas o gobernadores, alcaldes, congresistas, ministros y ex presidentes presos o investigados por estar relacionados con el negocio de la cocaína o el paramilitarismo, es una realidad colombiana y mexicana que, EEUU manipula a su favor para desestabilizar gobiernos comprometiéndolos con una verdad que solo compete a esos tres países en donde sin tetas no hay paraíso.

El Cartel de los Sapos, las mujeres de la mafia, El Capo, fenómenos de degradación social gusta al pueblo porque es parte de su realidad, con su rating alimentan a CARACOL y RCN.

rcpuma061@yahoo.com


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Raúl Crespo


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