Mosca: con el retiro de las tropas yanquis de Afghanistán

El imperialismo, cuando retira sus tropas militares de una región o nación invadida por él, suele hacerlo por una de dos razones: 1.- consolidada su victoria por carencia de resistencia armada, deja en poder de los criollos epígonos la garantía y seguridad de sus intereses económicos y hegemónicos dominantes; 2.- evidenciada su derrota, como producto de una triunfante resistencia armada, inventa excusas para abandonar su tropelía cometida sin razón alguna que le asista como el salvador de la humanidad, que no lo es y de esa manera tratar de salvar su prestigio como supuesta fuerza inderrotable. Podemos citar ejemplos: de la primera, se recuerdan los casos de República Dominicana (aunque en ésta hubo cierto nivel de resistencia pero no como para testimoniar una derrota a las fuerzas invasoras) y Panamá; de la segunda, los casos de Vietnam, Corea del Norte, Nicaragua y ahora Irak y Afghanistán.

El señor Barak Obama se quitó la careta de demócrata para ponerse la de republicano tan pronto, en la toma de posesión del cargo de Presidente de Estados Unidos, felicitó al expresidente George Bush por todo lo de grandeza que hizo a favor del imperialismo estadounidense. ¿Qué hizo el señor Bush durante su mandato de gobierno?: guerras y más guerras, genocidios y más genocidios, tropelías y más tropelías. Nadie entiende el por qué no le concedieron el Premio Nobel de la Paz como a Obama.

En este tiempo en que la tecnología de la comunicación casi se adelanta a los hechos reales, la mentira, en boca de los voceros del imperialismo, corre a la velocidad superando las barreras del sonido. Piensan, los amos que creen que el poder de los ricos será eterno y divino porque una mayoría nació para ser pobre y explotada eternamente, que se acabó la era de las revoluciones proletarias al anunciar que había llegado el fin de la historia, porque el capitalismo lleva siempre en sus entrañas la felicidad de todos los seres humanos. Los sucesos del Medio Oriente y en otras naciones islámicas han hecho sonar las primeras campanas que desmienten las creencias en las falsas bondades del capitalismo. Por ahora, pudiéramos preguntar, en vista que no hay indicios de producirse la revolución proletaria en algún país del Medio Oriente o del mundo islámico, ¿será que “el tiempo que transcurre, es la verdad que huye”, como decía Alfonzo Gómez Méndez? Pensemos, por un instante, cuando se inicie el tiempo en que la verdad haga huir a todas las mentiras juntas.

Este momento actual de crisis económica y de otros valores en Estados Unidos y en el mundo, el presidente Obama lo considera como de nubarrones y feroces tormentas, lo que viene siendo cierto. Pero en esas circunstancias, basándose en la experiencia histórica, el presidente Obama dijo: “”En esos momentos, Estados Unidos ha salido adelante no sólo por la habilidad o visión de aquellos que ocupaban altos cargos, sino porque nosotros, el pueblo, nos hemos mantenido fieles a los ideales de nuestros ancestros y a nuestros documentos fundacionales. Así ha sido. Así debe ser con esta generación de estadounidenses…”. No sabemos a ciencia cierta si los “ancestros” son los indígenas o los propulsores activos de la Independencia de Estados Unidos del dominio del reino monárquico inglés. Nada, en lo absoluto, tiene que ver la realidad de la política actual estadounidense con el pensamiento, por ejemplo, de Nube Blanca o de Gerónimo, pero igualmente muy poco se asemeja al criterio que Jorge Washington tenía de las relaciones diplomáticas de Estados Unidos con el resto del mundo.

El mundo actual, el del siglo XXI, se caracteriza porque la economía de mercado está dominada no por miles de monopolios sino por unos centenares de supermonopolios económicos que le determinan el destino a todas las naciones y sus pueblos. El capitalismo está enfermo pero no agonizante. Ya nada le queda en sus entrañas para brindar como soluciones definitivas o de raíces a las profundas crisis económicas que brotan cada vez con más frecuencia, pero aún tiene a la mano, fundamentalmente por tantos Estados a disposición de sus designios, recursos para palear esas crisis y aparentar de nuevo su estabilidad permanente. Para que se mantenga el capitalismo es imprescindible la existencia resignada de esclavos que le produzcan la riqueza y le garanticen sus privilegios.

El tiempo en que la rivalidad competitiva entre naciones capitalistas se producía en una economía de mercado que daba prueba de expansión, pasó de moda y no volverá. Actualmente esa rivalidad está limitada al extremo, por lo cual no queda otra alternativa a los países imperialistas que pelearse por los jirones del mercado mundial. Lo lastimoso, lo verdaderamente lastimoso, es que el proletariado mundial, especialmente el de las naciones imperialistas, continúa –en general- viviendo un letargo que le obnubila la posibilidad real de una revolución proletaria permanente para que se ponga a la orden del día la transición del capitalismo al socialismo sin los peligros de una vuelta atrás, tal como aconteció con lo que se llamó Unión Soviética, el campo socialista del Este y, ahora, se está manifestando con rigurosidad en China.

La era en que se argumentaban las políticas imperialistas de expansionismo con frases, saludos, abrazos y besos de “buena vecindad”, quedó sumergida para siempre en un abismo, porque la política de concesiones y acuerdos se determina por la ley del embudo: lo ancho para los imperialistas y lo angosto para el resto del mundo. El imperialismo estadounidense no reposará, bajo ningún pretexto, su afán de supremacía unipolar en el planeta y para eso, en determinadas regiones, tiene sus acólitos gendarmes que le brindan condiciones para implementarla por una u otra vía de la lucha política. Ninguna política es tan perniciosa para la revolución permanente proletaria que el pacifismo mezclado con chauvinismo y plegarias por el desarme de los países que luchan por su derecho a la justicia contra las tropelías del mercado imperialista. La defensa de los imperialismos va acompañada de la destrucción de pequeñas y débiles naciones, porque la verdadera realidad de su defensa estriba en la manutención del dominio de los mercados, de sus concesiones foráneas, sus fuentes de garantía de materia prima y sus esferas de influencia. En otros términos: la defensa del imperialismo conlleva el dominio de la gran propiedad privada sobre los grandes medios de producción, de los poderosos capitales financieros, de sus privilegios y beneficios. No pasemos por alto, en este momento de la historia del mundo, que James Petra sostuvo que Obama es el primer presidente judío de Estados Unidos y, por si fuera poco, de raza negra. De allí, que nadie espere ni confíe en que el imperialismo estadounidense asuma una actitud condenatoria y aplique sanciones severas a los gobernantes que cometiendo crímenes de lesa humanidad le sirven fielmente a los intereses y beneficios de los grandes monopolios económicos estadounidenses.

La situación que vive el planeta actual, como el desenvolvimiento político de todas las naciones que lo integran, se halla turbado y perturbado por la gran amenaza de una nueva guerra mundial. No es mentira y sería una irresponsabilidad histórica no alertar a la humanidad de la nueva catástrofe o conflagración bélica que se le avecina. La globalización capitalista salvaje, esa que concentra en pocos supermonopolios la mayor parte de la riqueza social del planeta, requiere de nuevas políticas de neocolonización, apoderamiento absoluto de mercados, incremento del porcentaje (para las potencias imperialistas) de la renta mundial a través del saqueo. Sus artimañas o falsos argumentos, para su política de expansionismo y rapiña, serán el patriotismo, el pacifismo burgués y el desarme de todas las naciones agrupadas en la ONU tratando de mantener el derecho de voz y veto sólo de cinco países. Por eso, la guerra imperialista no es más que la perseverancia, corregida e incrementada, de la política de saqueo de la gran oligarquía económica que domina el mundo. ¡He allí, el porque el proletariado sin fronteras, a la cabeza de los pueblos explotados y oprimidos, tiene el deber de luchar contra el imperialismo y su desarme como el método más productivo de derrotarle sus guerras!

No existe duda alguna, demostrado históricamente, que la causa fundamental de las guerras y lo seguirá siendo es la propiedad privada de los medios de producción y el Estado capitalista que tiene como base a aquella. ¿De dónde surgen los paros, el alto costo de la vida que cada día se incrementa, la opresión, el nazismo, el aumento del desempleo, la ruina de sectores medios, la devaluación de las monedas, el dominio de los mercados por unos pocos, y otros elementos básicos del modo de producción capitalista? No quede duda alguna que de la propiedad privada sobre los medios de producción y del Estado que le custodia los intereses a la oligarquía capitalista.

El imperialismo capitalista (especialmente el estadounidense) pretende, en esta fase de vida y de dominio del mundo conocida como globalización capitalista salvaje, transformarse en todopoderoso para que la humanidad entera se resigne a creer y obedecer no en los mandamientos del Ser Supremo sino en la divinidad estática y sagrada de los mandamientos de la gran concentración supermonopólica de la propiedad privada sobre los medios de producción, en el Estado que se erige sobre ella, en su necesaria desigual distribución de la riqueza y en el orden público que caracterice a la mayoría de la humanidad como una gigantesca masa esclava decidida por la Providencia para ser eterna.

En este tiempo (comienzo de la segunda década del siglo XXI) las contradicciones interimperialistas obligan a los imperialismos a ciertas consultas entre sí por el nuevo reparto del planeta. Allí se producen las cosas más insólitas que no eran imaginables a comienzo del siglo XX. Jamás se pensó, por ejemplo, que China, anunciándole su dirigencia a la opinión mundial que su objetivo era la construcción del socialismo, se transformara en la panacea que alivia –comprándole deudas- las crisis económicas del imperialismo más feroz, más arrogante, más belicoso e intervencionista en los asuntos internos de otras naciones, como lo es el estadounidense, cuando el internacionalismo proletario o revolucionario lo que plantea es incentivarle las crisis y profundizarle las contradicciones para que se derrumbe y se den las condiciones para avanzar hacia el socialismo en países de alto desarrollo capitalista. Pero, aceptemos, que el mundo actual marcha en ese ciclo y no se guía por nuestros sentimientos o voluntades.

El imperialismo estadounidense continúa marcando pauta y ejerciendo ciertos niveles de hegemonía en el mundo. Sigue gozando de capacidad y de potestad para intervenir no sólo en los asuntos internos de otras naciones sino, ¡un gran peligro, por cierto y un gran reto para la mayoría de la humanidad!, para imponer sus reglas a través de otros imperialismos o de organismos internacionales cuyos Estados integrantes actualmente son incapaces de retarlo de manera individualizada.

El mundo actual se caracteriza por la profunda contradicción (insalvable para el capitalismo) entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción capitalistas y con la existencia de fronteras nacionales. Eso hace, como lo comienza a exigir este momento ante la ausencia o crisis de dirección revolucionaria de un proletariado mundial en su mayoría adormecido y resignado al reformismo económico capitalista, que el Estado imperialista intervenga sobre los fundamentos de la propiedad privada para garantizarle a ésta su supremacía en la vida económicosocial. Eso es estatismo. Y éste significa, lo dice el camarada León Trotsky, “… en trasladar las cargas del sistema agonizante de los más fuertes a los más débiles. Salva del desastre a los pequeños propietarios, únicamente porque su existencia es necesaria para el sostenimiento de la gran propiedad. El estatismo, en sus esfuerzos de economía dirigida, no se inspira en la necesidad de desarrollar las fuerzas productivas, sino en la preocupación de conservar la propiedad privada en detrimento de las fuerzas productivas que se rebelan contra ella. El estatismo frena el desarrollo de la técnica, al sostener a empresas no viables y al mantener capas sociales parasitarias: en una palabra, es profundamente reaccionario”. Y eso requiere de un Estado nazista, que no sea propietario de los medios de producción, pero sí un intermediario entre los capitalistas, que conserve la jerarquía social y que garantice la explotación a la mano de obra asalariada. El nazismo es un arma potente y explosiva en manos del poderosísimo capital financiero.

Vivimos, igualmente, un tiempo de marcada decadencia de sectores medios de la sociedad en los países capitalistas altamente desarrollados. La concentración o desglobalización de capitales conduce a que los sectores medios vean reducida su participación en la producción y en los beneficios de la renta nacional; las pequeñas y medianas industrias se han ido convirtiendo en un simple simbolismo de labor insostenible y de pobreza insoportable. Ya no gozan de independencia como antes, porque no tienen acceso alguno a espacios de competencia, debido a que los supermonopolios no se lo permiten. Es la época de grandes crisis del capitalismo por lo cual los sectores medios dependen mucho más de los grandes capitalistas que de los proletarios para que le produzcan riqueza económica. Al producirse su degradación social, se desesperan y allí está el mejor caldo de cultivo para el triunfo del nazismo o del fascismo.

El capitalismo ha entrado en una sucesión de crisis no alejada una de la otra y siempre en forma creciente, lo cual obliga a las potencias imperialistas a la búsqueda de nuevos mercados, materias primas y espacios vitales y eso implica guerras catastróficas. Ya las crisis, sean parciales o generales, no traerán más crecimiento, desarrollo y riqueza al capitalismo. Parodiando a un notable marxista pudiéramos decir que el progreso humano lo ha detenido el capitalismo y se le ha convertido en un callejón sin salida. El socialismo es la única alternativa para superarlo y hacer andar progresivamente al género humano.

La lucha por construir un nuevo mundo significa enfrentarse a miles de desafíos de todo género pero, igualmente, implica miles de desafíos mantener la esclavitud que ha impuesto el capitalismo a la aplastante mayoría de la humanidad. Pero, así lo consideramos nosotros y por ello lo decimos a riesgo de estar equivocados, el mayor de todos los riegos en este tiempo es el que nos impone el imperialismo estadounidense, que no es otro que el de amenazarnos y aterrorizarnos para que nos resignemos a vivir eternamente como sus esclavos, produciéndole la riqueza económica, dejándonos prácticamente robar la materia prima, imponernos sus leyes draconianas para que observemos -extasiados en el conformismo- las formas de la degeneración de la mayoría de la humanidad y garantizándonos, sólo, los deberes de la muerte prematura.

Por las razones expuestas anteriormente no nos alegremos mucho por el anuncio del Presidente Obama de retirar sus tropas invasoras y mercenarias de los territorios de Irak y de Afghanistán. Buenos, no seamos egoístas y alegrémonos por los iraquíes y los afghanos. Pero tengamos por seguro que esas fuerzas descansarán un tiempo mientras ya tienen otras preparadas para lanzarlas contra otra u otras naciones donde el imperialismo estadounidense tenga su ojo bien puesto para rapiñarle su riqueza económica. Las que tienen en Libia aún no corren peligro de derrota y de muchos soldados muertos, porque, junto a otras fuerzas imperialistas y de capitalistas epígonos, no se han atrevido a penetrar a pies el territorio libio ya que saben que deben enfrentarse a una buena parte del pueblo que se encuentra armado y dispuesto a defender su patria hasta sus últimas consecuencias.

Lo que sucede es que el Presidente Obama ama la reelección presidencial mucho más que a su propia familia y su propio pueblo. Y anunciar el retiro de las tropas militares de Afghanistán le produce cierto dividendo político sobre el que resulte candidato de los republicanos. Si llega a ser reelegido, entonces querrá dejar huellas imborrables para su historia o biografía personal. Decretará nuevas guerras imperialistas, amenazará a otros Estados imperialistas, ordenará terrorismo de Estado, buscará derrocar gobiernos que anden anunciando la construcción del socialismo y aplicará medidas políticas al interior de Estados Unidos donde los sectores más afectados por la economía y los inmigrantes sufrirán las de Caín, descontento que sería aprovechado por los republicanos para prometerles dignas soluciones y hacerlos caer en la trampa del voto, porque el señor Obama constitucionalmente ya no gozará de la posibilidad de una nueva reelección presidencial.

El mundo lo están acabando no sólo los imperialistas y capitalistas que lo depredan, lo contaminan, lo degradan, lo destruyen sino, igualmente y peor aún, el proletariado, que por seguir aferrado a los hitos del nacionalismo y patriotismo, vive resignado a las reivindicaciones tácticas y no se ha dispuesto todavía a cumplir con su rol estratégico de gestor de la emancipación de todos los explotados y oprimidos en la tierra existiendo las indispensables condiciones objetivas para tal finalidad.



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Freddy Yépez


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