La mala-mala y la –por ahora- menos-mala

Hay dos mujeres en este momento histórico que juegan un papel relevante en el mundo. De ellas, depende, en muchos casos, acciones de gran calibre en la política internacional. Ellas son: la señora Clinton (Secretaria de Estado de Estados Unidos) y la señora Markel (Canciller de Alemania). Nadie debe dudar que hayan llegado a esas posiciones, en la administración pública de sus países, por méritos reaccionarios y no revolucionarios, por capacidad de servicio a los intereses imperialistas y no a favor de la emancipación del género humano. ¿Qué diría el camarada Fourier si viviese en este tiempo en que las señoras Clinton y Markel, ejercen funciones de alto gobierno imperialista en contra del socialismo utópico y en contra del socialismo científico?

Cierto es que la mujer –sin distingo de raza o de edad- merece el más profundo respeto no sólo del hombre –en lo particular- sino de la sociedad –en general-. Si Hobbes consideró que el hombre ha llegado a convertirse en lobo del hombre, nada debe hacernos dudar para afirmar también que existen mujeres que se convierten en lobas del hombre y de la mujer. Tal, los casos de las señoras Clinton y Markel. Como mujeres, es injusto irrespetarlas, pero como políticas es justo combatirlas y derrotarlas.

Para ser un alto funcionario del gobierno de una nación imperialista hay que estar plenamente convencido que la mentira más cínica y repugnable es la verdad más creíble. Ese principio de la ideología nazista lo lleva en el corazón todo alto funcionario (masculino o femenino) de Estado o de Gobierno imperialista, mucho más que aquellos gobernantes de capitalismo atrasado, que terminan siendo epígonos del gendarme mayor por múltiples razones de obediencia o de oportunismo. La prensa, la gran prensa imperialista, hacedora de guerra y de quitar o poner gobernantes en el mundo, se encarga de callar lo que se debe para decir lo que conviene. El poder, la mentira y la guerra son un extraordinario negocio para los imperialistas.

En verdad, sin ofensa de ninguna naturaleza, el expresidente Clinton se quedó enano en política frente a su esposa, la señora Clinton. Esta mujer, siendo madre y no sé si ya es abuela, tiene un cinismo para lanzar al aire sus palabras que produce náusea, no la del Sartre cuando fue anticomunista sino, pero aún, la del vómito que deja salir la bilis por una arrechera contenida o impotente de expresarla de otra manera. Eso no es un irrespeto. La señora Clinton, vocera principal del Estado estadounidense y del Gobierno del Presidente Obama, ha dado pruebas de ser una mujer insensible, mentirosa, arrogante, prepotente, maquiavélica, oportunista, carente de amor por los demás, plena de odio irracional, irascible y no sé cuántos otros adjetivos más pero muy negativos que desdicen de toda condición humanística en una persona. La señora Clinton, visitó varios países árabes como creyendo engañar a todo el mundo todo el tiempo cuando sabemos que lo hizo sólo para informar sobre su intervención militar en los asuntos internos de la nación libia. El imperialismo informa, no consulta y, especialmente, ese es el principio esencial de la diplomacia del imperialismo estadounidense. Sólo que en el caso de Libia fue el anglosajón-francés Sarkozy quien primero propuso la intervención armada. Ahora, hay necesidad de saber lo que el Presidente Obama habló en secreto con la Presidenta de Brasil, con el Presidente de Chile y con el Presidente de El Salvador. ¿No será que luego de derrocado Gadhafi, y es posible que lo logren pero quieran Alá y la mayoría del pueblo –fundamentalmente- libio no sea así para no complacer a los imperialistas, piensan echarse una pasadita por algún país de América Latina y que se deje de seguir hablando del tal socialismo del siglo XXI ese?

¿Cuál ha sido el cinismo grotesco de la señora Clinton que en el fondo le reduce a la mínima expresión su condición de mujer para ser loba del hombre y de la mujer y de madre para ser monstruo de la humanidad?

La señora Clinton declaró, primero y entre tantas mentiras, que la intervención armada de Estados Unidos –habla en plural cuando en su país se han producido numerosas manifestaciones en contra de la política invasora del gobierno gringo- en Libia no era para derrocar a Gadhafi sino, ¡ojo!, para ayudar o proteger a que los civiles no sean víctimas de la represión y de las balas disparadas por el gobierno libio contra su propio pueblo. Lo que sucede es que no es creíble, aunque haya pocos o muchos que lo crean, que armando a los rebeldes contra el gobierno libio el gobierno de Estados Unidos y sus malvados aliados en la invasión le estén garantizando la vida a los civiles que apoyan a Gadhafi y que, por cierto aunque no estemos de acuerdo con muchas o pocas de las políticas del Presidente libio, conforman la mayoría del pueblo. ¿Cuándo, ay cuándo, que lo diga un solo cristiano en este mundo, un imperialismo se preocupa por proteger la sociedad civil del país que invade? ¿Si fuese así, entonces, deben explicarle al mundo humano sobre sus masacres y genocidios cometidos por sus soldados que han puesto sus botas y sus armas en todas las naciones que han invadido?

En menos de cuarenta y ocho horas, luego de varios días bombardeando zonas alejadas a Bengazi para destruir material de defensa libio, la señora Clinton, olvidándose o consciente por su pragmatismo y dificultades para pensar y obrar al mismo tiempo, señala que Gadhafi debe rendirse. ¡Contradicción inexplicable!: ¿sí o no? La invasión no es para derrocar a Gadhafi, pero éste debe renunciar. ¿O es chicha o es limonada? ¡Perdón!, se me olvidaba que los imperialistas pueden consumir, al mismo tiempo y no les hace daño, la chicha y la limonada revueltas. El alma de la señora Clinton no contará con un Dante que convenza al Diablo para que la deje viajar –desde el Infierno- al Cielo sin rendirle cuentas a las alcabalas del Limbo y el Purgatorio. La señora Clinton, de verdad verdad, es mala-mala.

La señora Markel, en cambio y siendo Canciller de ese importante país imperialista de nombre Alemania, ha sido más prudente, más juiciosa, aunque en vez de votar en contra de la resolución de invasión a Libia, lo hizo absteniéndose, que es lo mismo que otorgar carta cabal para la acción imperialista. Sin embargo, la señora Markel se hizo menos-mala y en el caso de Libia no se transformó completamente en loba de un pueblo árabe, porque manifestó que no prestaría el territorio alemán ni se solidarizaría logísticamente con los invasores. Incluso, su intervención resultó ser mucho más respetable que la de los gobiernos de Rusia y China y que ahora –llorando en el valle lágrimas de cocodrilos- sienten pesar por haberse abstenido y no votado en contra haciendo uso y abuso de su derecho a veto.

¿Qué tal si la señora Thatcher estuviese a la cabeza del gobierno de Gran Bretaña? ¡Santo Dios!: con tres mujeres como voceras fundamentales de tres importantes naciones imperialistas, habría que correr más veloz que Aquiles, porque quien lo haga a la lentitud de la tortuga queda bajo los escombros mortales producidos por los bombardeos de los impostores. ¡Ah!, ¿y si gana la elección presidencial en Francia la señora Le Pan o La Pen –so sé exactamente su apellido en francés-, que es tan de extrema derecha como las anteriores y profesa un racismo descarado y abierto contra la mayoría del género humano?

Ciertamente, nada de gran envergadura histórica que emancipe este mundo de todo vestigio de esclavitud social se puede realizar sin el concurso de la mujer, pero no de las que piensen escolásticamente para fundamentar su visión política del mundo y actúan con un empirismo diabólico, como lobas dela humanidad, al servicio de los más oscuros y tenebrosos intereses del imperialismo capitalista.

Camaradas y pueblos del mundo: sin ser adivino, se acerca aceleradamente una vuelta al nazismo pero no en uno o dos países imperialistas sino en varios. Y en casi todo el resto de las naciones, camaradas, padeceremos igualmente los rigores del bonapartismo. Bueno: sin extremo fatalismo pero tampoco obsesionado  optimismo, si eso se diera las campanas entonarán el himno de la Internacional y la Marsellesa quedará para los que lleguen retrasados a la gran cita histórica de la victoria del socialismo.



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Freddy Yépez


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