En las megalópolis se requieren gobiernos inteligentes y respetuosos, no represores con toletes y armas

1. Parece que el gobierno de la ciudad de México encabezado por Marcelo Ebrard, se ha estado enredando con eso del Metro, los Metrobuses y los Segundos Pisos que busca instalar para resolver los problemas del transporte urbano de esta enorme urbe con 12 millones de habitantes, pero que sube a 20 millones al integrar al conurbado de las ciudades vecinas del Estado de México. Gobernar la ciudad de México es como hacerlo –por el número de sus habitantes- en 10 estados como el de Yucatán; pero por sus problemas en algo así como el doble. Por eso los gobiernos de esa gigantesca ciudad tienen que ser muy inteligentes y respetuosos de la ciudadanía y no deben pensar que para resolver los problemas y frenar el descontento y las protestas se debe acudir a las medidas que cualquier tonto acude de inmediato: a la represión. Lo que sucede es que para gobernar bien se requiere tener sensibilidad e inteligencia.
 

2. Hay ciudades de 20 mil habitantes y megaciudades –ya casi inhabitables- de 20 millones. En las urbes pequeñas los habitantes pueden conocerse personalmente en la calle, en el trabajo o en los eventos culturales y así saber la historia y relaciones de sus gobernantes; en las grandes metrópolis, que se hacen más enormes y enfermas cada día, prácticamente no se puede consultar con los de abajo, es decir, con los sectores ampliamente mayoritarios, aunque sí con los sectores poderosos de arriba. Al mismo ritmo en que la ciudad crece y se agiganta, se hace más impersonal, inhumana y carente hasta del menor signo de solidaridad. Por eso los estudiosos de los problemas urbanos han aconsejado parar ese crecimiento, impulsar el mayor número de polos de desarrollo o dividir esas megalópolis en zonas independientes en las que sus habitantes no tengan necesidad  de trasladarse kilómetros y kilómetros hacia otros lugares.

3.  Megaciudades como Tokyo-Yokohama, Japón - 33,200,000; Nueva York, Estados Unidos - 17,800,000; Sao Paulo, Brasil - 17,700,000; Seúl, Corea del Sur - 17,500,000;
Ciudad de México - 17,400,000; Manila, Filipinas - 14,750,000; Bombay, India - 14,350,000, etcétera, son realmente inhabitables y quienes –por problemas de trabajo y profesión no pueden dejarlas- sufren todo tipo de males de salud, económicos, inseguridad, empleo. En las macrourbes se concentra todo lo que se necesita para conocer los fenómenos determinantes de cada país: los seres humanos, las fábricas, las universidades, los centros de investigación, los medios de información, los bancos, la política; toda esa concentración es brutal y asfixiante por eso es obvio que la mayoría de la población requiere de centros de población pequeños, sanos y sin grandes problemas. Solamente los loquitos prefieren exactamente lo contrario.

4. Me encantaría vivir, por lo menos dos años, en cada una de las más gigantescas metrópolis del mundo aunque sean inhabitables; por el contrario, me encuentro sin nada qué hacer, me desespero y huyo de las urbes pequeñas. No aprendí nunca a admirar el mar y sentir la brisa para de allí escribir mis poemas; tampoco me enseñaron a sentir el olor de los árboles, a subir las montañas y gozar de la frescura invernal o el calor del trópico. A mí me gustan las aglomeraciones, los grandes mítines y manifestaciones, la confrontación con las fuerzas represivas y los gritos contra el poder. Nací en el campo pero Marx y los anarquistas me enseñaron que las grandes transformaciones vendrían de las grandes aglomeraciones de seres humanos en las fábricas, los barrios, las universidades, es decir, de las grandes ciudades; me convencieron que aunque el campo esté más jodido, sería retaguardia. Lo malo es que casi nadie escoge dónde vivir y menos dónde nacer.


5. El DF es mi ciudad preferida; debe tener un diámetro de más de 100 kilómetros. Se puede recorrer bien en automóvil después de las 12 de la noche hasta las cinco de la mañana; de las 10 a las 20 horas las calles y avenidas se transforman materialmente –con millones de automotores- en un “estacionamiento” de transporte individual y colectivo. Los gobiernos sólo han visto una salida: ir tras los problemas e irlos solucionando a partir del daño que van causando. En lugar de frenar el crecimiento imparable de la población de la ciudad luchando por la desconcentración de las industrias, los servicios, los centros universitarios, hospitalarios, del transporte particular, se buscan más inversiones para ampliarlos más y así poder ofrecerlos al cada vez mayor número de familias que buscan acomodarse en esa ciudad. Pregunto: ¿en esas condiciones sería muy autoritario y dictatorial decir que ya no cabe nadie más para desanimar la entrada de más familias?

6. Las ciudades europeas mas pobladas, con excepción de Londres que cuenta con 7.5 millones de habitantes, Berlín 3.4, Madrid 3.2, Roma 2.7 y París 2.2 millones, no parecen tener problemas de viabilidad, mucha contaminación, pobreza e inseguridad. Obviamente son capitales de países que en periodos de la historia jugaron el papel de países colonialistas e imperiales y tuvieron los medios para crear varios polos productivos en otras tantas ciudades. En países que durante siglos fueron economías dependientes crecieron deformadas concentrando riquezas en algunas regiones y pobreza y miseria en la mayoría. Por eso en México ciudades como el DF, Guadalajara, Monterrey, Puebla, crecieron en industrias y población y otras ciudades del sur y sureste quedaron estancadas económicamente pero con ciudades capitales que resaltan ampliamente sobre poblados que no han dejado de ser rurales, acentuándose la diferenciación social.

7. Seguramente cualquiera de las pequeñas ciudades pueden gobernarse con mucha facilidad, sobre todo porque el gobernante puede estar más cerca de su pueblo. Por el contrario esas enormes megalópolis son ya ingobernables porque los problemas se multiplican día a día y los gobiernos prefieren cerrar los ojos y auxiliarse con medidas represivas. Sin embargo, por las condiciones de miseria, inseguridad y desesperación que viven, esas ciudades son un polvorín tras el cual han estado madurando movimientos sociales. Así como el presidente ilegítimo Calderón con su desgobierno está llevando al país a un gran estallido social, quizá también el gobierno de la ciudad de México no ha podido solucionar problemas que han estado creciendo por no saberlos manejar. Y como hace 160 años dijera Marx: llegan momentos en que los explotadores no controlan la situación y los explotados ya no se dejan dominar, entonces se abre una era de revolución social.

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Pedro Echeverría V


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