20=20 e =No20 porque también 20 es menos que 8 y hasta menos que 1

La política no es una ciencia del campo de las matemáticas. Por ello, los análisis de la política no pueden tener como fundamento de principio la exactitud de los resultados de las cuatro reglas fundamentales de las matemáticas. La política, hay que repetirlo mil y más veces, es una ciencia de la lucha de clases, arma esencial –como guía para la acción- de un Estado de clase, de un gobierno de clase, de un partido de clase, de un gremio de clase, de una diplomacia de clase, de un programa de clase y hasta de una persona de clase.

 Cierto es que en las matemáticas 2 es = 2 ó 20 es = 20, pero también, si lo analizamos desde el punto de vista de la política, tendríamos que llegar a la conclusión que 20 no sólo es =20 si no que lo es, en determinado momento de tiempo y lugar,  = a 8 y, al mismo tiempo no es = a 20 ni tampoco a 8. Y lo que es mucho más digno de tomar en consideración, desde el punto de vista de la dialéctica y del capitalismo para los análisis de la política, 8 puede ser mucho más importante, influyente y decisivo que 20. En este caso, el uso de los números 20 y 8 se corresponde con naciones y no con las matemáticas.

Vayamos a la experimentación, a la práctica que es la única fuente capaz de crear los criterios de las verdades. Se acaba de reunir en Seúl, bajo fuertes manifestaciones de protesta contra las políticas capitalistas o imperialistas que generan mayor pobreza y dolor a la mayoría de la población mundial, el famoso Grupo de los 20; es decir el célebre y omnipotente Grupo de los 8 con la presencia de 12 invitados con voz pero no con voto en los asuntos más trascendentales de la política y la economía mundiales. Gigantescas manifestaciones portaron la consigna de “¡Stop 20!”, que es como decir: echémosle un parado al grupo de los 20. Manifestaciones que también se producen cuando se reúne el Grupo de los 8. Lo que sí está súper demostrado es que con manifestaciones de protestas, aunque muy necesarias y hasta valiosas, no se transforma el mundo humano o no se hacen revoluciones.

El Grupo de los 20 es un cascarón que cubre el cuerpo del grupo de los 8, que es el realmente más poderoso y donde se toman decisiones económicas que, por medios de todo género, tratan de imponer a más de 180 naciones que agrupadas en esa institución enferma pero que se niega a morir, la ONU, no tienen la capacidad actual, en el campo de la diplomacia política, para revertir las decisiones ni del grupo de los 20 y menos del grupo de los 8. Las manifestaciones de protesta pasan, dejan algo sin duda, pero el grupo de los 20 como el grupo de los 8 persisten y cada cierto tiempo se reúnen para hacer un balance de sus éxitos y sus ganancias. La ONU, en cambio, se limita, por el poder de 5 naciones en la misma con derecho a voz y veto, a algunas sanciones que sólo son aplicables si el imperialismo estadounidense las aprueba. Pudiéramos decir también que 5 es = a 8 y a 20, pero con mucho más poder de decisión, en el destino del mundo, que 8 y que 20. Así nos daremos cuenta que en las matemáticas ningún número menor es mayor que el número que le sigue en línea superior, pero en política sí podemos decir que un número menor resulta con mayor poder que los números que le siguen a continuación hasta el orden de más de los 180; es decir, 5 naciones concentran en sus manos y potestad mayor poder de decisión que más de 170 países.

Si aplicamos la regla de la resta entre en la ONU, entre 180 naciones que sólo tienen voz y 5 naciones que tienen voz y voto nos daría un resultado de 175; pero, desde el punto de vista de la política y la dialéctica, 5 tiene mayor valor que 175. Y eso tendrá validez hasta que los pueblos arrechos y sublevados le arranquen el poder político a los Estados que sirven de epígonos a las 5 naciones con derecho de voz y veto en la ONU, y declaren el principio de la solidaridad internacionalista, proletaria o revolucionaria dando al traste con esa cruda y adversa realidad en que son perjudicadas las naciones que no llegan a la categoría de imperialismo. De esa manera 175 no sólo sería un número mayor que 5 sino, igualmente, tendría mayor poder de decisión y de influencia en el planeta para transformarlo aunque exista o no la ONU y sigan creyendo erróneamente 5 naciones que gozan de derecho a voz y veto.

En el Grupo de los 20, por pura reacción de pragmatismo, de mezcla ecléctica y de la necesidad de continuar avalando al Grupo de los 8, han “descubierto” lo que ningún científico social, dándole Dios vida eterna, sería capaz de descubrir. Siempre, en el capitalismo bajo el dominio del imperialismo, habrá una nueva oportunidad para “descubrir” una nueva forma de burlarse de la mayoría de la humanidad. En Seúl, el Presidente de Francia, teniéndole mucho miedo al París de los explotados y oprimidos, planteó la ridícula y cínica idea de mejorar moralmente al capitalismo, para que éste se haga accesible a todo el género humano, tal vez, para que un elevado porcentaje de la población del mundo muera más temprano con menos dolor, otro incremente su pobreza sin darse cuenta de los cambios ambientales que se producen en el intercambio del sol con la luna, otro-muy pequeñito por cierto- mejore sus condiciones socioeconómicas negociando el aumento de la miseria de muchos, otro –más pequeñito aun- traspase las fronteras de sus arcas con más riqueza y privilegio. Pero habrá uno –importante porcentaje de hombres y mujeres- que no se calará ni por siempre ni por mucho tiempo las tropelías del capitalismo. Ese será el indispensable para las luchas políticas que pondrán fin al dominio del Grupo de los 20 y, por consiguiente, de los 8… y del capitalismo… Eso huele a socialismo. No existe otra alternativa ni política ni moral para salvar este mundo de costosas hecatombes sociales.

Como el Grupo de los 20 y, por consiguiente, el Grupo de los 8, no tienen en sus manos ninguna fórmula posible ni siquiera para medio recomponer este mundo bajo los cánones del capitalismo, recurren a ese subterfugio de “capitalismo moral”. El mundo está tensionado y lo ha demostrado no sólo la crisis económica que ha tocado los tuétanos de las naciones altamente desarrolladas o imperialistas sino, igualmente, los conflictos socioeconómicos producidos, especialmente, en Europa. De allí, tal vez, la experiencia para que al Presidente de Francia se le haya ocurrido la ingeniosa idea del “capitalismo moral”. Prédica farsa y ampulosa que nace de la necesidad de una política que le haga mantenimiento a las bases ya corroídas del capitalismo. El Grupo de los 20 quiere meter en el mismo saco a todas las tendencias del pensamiento social creyendo que la ley de la contradicción ha sido ya superada definitivamente por la globalización capitalista salvaje. De allí surge esa tendencia, mezcla pragmática, de poner el énfasis de solución eterna a las contradicciones del capitalismo en su fuerza moral, aunque ya hayan dejado de creer por siempre en la Inmaculada Concepción. Pretenden hacernos olvidar que la marcha de la historia es, hasta este momento, lucha de clases diferentes, antagónicas, con objetivos opuestos aunque en determinados momentos de la historia se confundan en la aplicación de métodos análogos y hasta conciliatorios.

Con la “moral” burguesa tratan de justificar el capitalismo por cualquier medio sin importar para nada las circunstancias de tiempo y lugar. Sólo pretenden los capitalistas, mediante invocaciones morales, gozar de una paz de resignación para explotar a los explotados y obtener así mayor plusvalía invirtiendo menos capital variable. Para el imperialismo todo medio de lucha es justificado por el fin de la expoliación, el saqueo y la rapiña. Esa es la moral capitalista. Esa es una concepción de utilitarismo racionalista que no debe ser asumida por el proletariado sino, más bien, rechazada y combatida. El camarada Trotsky nos dice que “…  la moral es producto del desarrollo social; que no encierra nada invariable; que se halla al servicio de los intereses sociales; que esos intereses son contradictorios; que la moral posee, más que cualquier otra forma ideológica, un carácter de clase”. Baste dar una breve ojeada para determinar cómo el imperialismo, haciendo uso y abuso de la moralidad burguesa, jode tantas veces casi seguidas a los pueblos. Digamos, por ejemplo, el gobierno estadounidense se llena la boca o se jacta de ser el más democrático del mundo, el que más respeta los derechos humanos y el derecho a la autodeterminación de las naciones, el que mejor aplica la administración de justicia y, por si fuera poco, el que más odia la guerra y más ama la paz, pero cuando invade otro país transforma en un deber supremo para sus fuerzas militares el mayor exterminio de la nación que desea dominar o someter a sus designios. ¡Tronco de moral!

En definitiva: en matemáticas 20 es igual a 20 y mayor que 8 y que 1, pero en política, haciendo un análisis y balance de las realidades del mundo capitalista, el Grupo de los 20 es menor que el Grupo de los 8 y éste es menor que 1; es decir, Estados Unidos es la nación imperialista más poderosa del mundo y la que impone los lineamientos centrales de comportamiento al Grupo de los 8 y al Grupo de los 20 y, más grave aún, a la ONU, aunque en ésta existan gobiernos que protesten contra las políticas imperialistas.

Nada es más cínico que la moralidad burguesa o que la sandez de pretender transformar el capitalismo salvaje en un capitalismo moral.



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Freddy Yépez


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