A Fidel: “Llévatelo viento de agua”

Como muy pocas veces en el mundo la revolución cubana, el gobierno cubano y su principal figura el comandante Fidel Castro,  vienen siendo víctimas de una atroz campaña de desinformación, de desprestigio, de descalificación, de mentiras y engaños que tocan el límite de la locura mediática. Influyentes medios de comunicación de poderosos capitalistas lanzan, a diestra y siniestra, toda clase de rumores, chismes y calumnias contra la revolución cubana y contra el gobierno cubano, destacando, como perversos y dictadores criminales, a Fidel y Raúl Castro. Campaña que recuerda a aquella cuando todos los gobiernos de América, menos el de México, le aplicaron una ley de hielo y de yerro a Cuba que luego se agravó con la imposición de un cerco económico mediático para estrangular o ahogar a la revolución por medio de hambrunas, atentados, provocaciones, aislamientos y violencia política.

 “Cuba es un paraíso, para el cubano, señores…”, es la letra de una canción que popularizó don Carlos Puebla. Aceptemos que es una especie de definición epigramática de la revolución y que respondía a fines de propaganda artística o ideológica en defensa de los postulados revolucionarios en un momento en que poderosos enemigos trataban de hacerla sucumbir por diversos medios políticos y, especialmente, de hambre y violencia. Sería una necedad, un rasgo masoquista creer que Cuba era un paraíso para los cubanos mientras el imperialismo y sus acólitos tejieran redes de toda índole para derrocarla. Y si algo podemos entender por paraíso era la disposición y la voluntad de la aplastante mayoría del pueblo cubano a defender su derecho a la autodeterminación o su derecho a construir su paraíso. Lo demostró en Playa Girón. Pero preguntemos: ¿existe alguien, con datos irrefutables, que nos pueda convencer que Estados Unidos es un paraíso para el pueblo estadounidense, aunque muchos latinoamericanos lo crean que sí lo es? ¿O existe alguna nación que pueda inscribirse en el libro Guiness como paraíso social? Si alguien dice que sí existe o es un súper rico económicamente o vive el delirium de la felicidad en la pobreza mendigando un día la nacionalidad estadounidense.

 El mundo político, de derecha y de izquierda, de centroderecha y de centro izquierda, está pendiente de cada aparición de Fidel, de cada palabra o de cada concepto que emite, de cada juicio o razonamiento que lanza a la luz de la opinión pública. Unos, para criticarlo, otros para elogiarlo, algunos para aprovechar sus criterios y tratar de justificar sus sentencias, y no faltan quienes toman lo que dice para elaborar mezclas que no terminan siendo ni chicha ni limonada. Lo cierto, lo irrefutable, es que Fidel, a más de ocho décadas de vida, sigue siendo un personaje universal muy digno de tomarle en consideración sus opiniones.

 Medio siglo más un año tiene de existencia la revolución cubana, tocándole vivir mucho más períodos de vicisitudes que de facilidades para hacer progresar una sociedad en tiempo ni de verdadera paz ni de verdadera guerra aun no contando con recursos naturales suficientes y de altos valores en el mercado mundial. No ha habido un día en que no se haya dejado de tejer redes para su derrocamiento. Viviendo en la boca del lobo ha tenido que aplicar políticas para salvarse de no ser devorada por el más poderoso de todos los países imperialistas de la Tierra (Estados Unidos). Los períodos especiales, fundamentalmente en economía, no han sido precisamente para avanzar sin tropiezos y dificultades en el desarrollo, sino para sobrevivir resguardando la posibilidad que un día, que por cierto no ha llegado, se produzca la revolución en naciones avanzadas del capitalismo y se logren las condiciones en que impere la ley del desarrollo combinado sobre la ley del desarrollo desigual para que el estandarte de la solidaridad sea la fuente más rica de la convivencia social favoreciendo un progreso universal. Por lo contrario, Cuba se ha visto en la necesidad de atraer inversiones monopólicas para tratar de subsanar deficiencias o dificultades que han sido agravadas no sólo por ese tenebroso cerco económico tendido por el imperialismo estadounidense sino, igualmente, por el derrumbe de lo que antes se conoció como campo socialista del Este. Cuba, con su revolución, no es más que otra prueba fehaciente, irrefutable, de que es imposible construir el socialismo en un solo país o en dos, tres, cuatro, cinco, diez, quince sin que se produzca la revolución proletaria en los países más desarrollados del capitalismo, sin que ello niegue que puedan vivir el período de la transición del capitalismo al socialismo sometidos a toda clase de adversidades, tal como es el caso de Cuba. Sin embargo, es injusto, es hasta inhumano, es política chabacana, negar los progresos de una revolución, como en el caso cubano, sin tomar en cuenta la escasez de recursos naturales, el cerco imperialista, la confabulación de muchos Estados para aislarla y derrocarla, la negación de tecnología, los terribles fenómenos naturales que afectan su condición de isla, la carencia de importantísima materia prima y otros elementos más. Se pudiera decir, que la revolución ha hecho milagros para demostrarle al mundo que tiene la más baja tasa de mortalidad infantil, que no ha muerto ni una sola persona de hambre o por falta de asistencia de salud, que es uno de los pueblos con mayor nivel de formación educativa y deportiva, que ha sido el Estado más solidario en las últimas décadas en función del derecho de otros pueblos a su autodeterminación. Carajo: ¿qué más quieren de una revolución y de un pueblo que aran la tierra con las uñas y carecen de recursos naturales que en otras naciones abundan por montones?  

 Si la extinta Unión Soviética, basándose en un poderío de recursos naturales importantísimos, se aisló del mercado mundial para tratar de construir lo que consideraban era el socialismo, con Cuba ha sucedido lo contrario: el imperialismo y muchos Estados epígonos la aislaron para cercarla y tratar de ahogarla o ahorcarla por hambre y sed. Cuba, por lo demás, continúa demostrando que la historia o la transformación económica social no dependen, exclusivamente, de las buenas voluntades de sus gobernantes. Un padre de familia, por ejemplo, quiere siempre lo mejor para sus hijos, la mejor alimentación, la mejor salud, la mejor educación, la mejor vivienda, la mejor recreación, pero si está desempleado o es un explotado que vive de un miserable salario, jamás verá su sueño convertido en realidad mientras exista ese género de régimen económico-social donde unos pocos son ricos y los muchos son pobres.

 Un periodista dijo que Fidel le expresó: “El modelo de Cuba ya no sirve ni para nosotros”. Eso ha generado, por maquinación diabólica de los ideólogos y comunicadores del capitalismo, una campaña mediática de desinformación, de descalificación no sólo contra Fidel sino, también, contra el ideal que profesa y por el cual ha luchado toda su vida: el socialismo. Los ideólogos del capitalismo son, quizá, los que mejor entendieron el sentido de las palabras de Fidel, pero no les conviene reconocerlo. Por ello, lo tergiversan todo para poner en boca del propio Fidel lo que no ha dicho o lo que no ha reconocido en la esencia de su exposición.

 Con la sentencia de Fidel de que “El modelo de Cuba ya no sirve ni para nosotros”, no nos dijo que el comunismo es inviable, no nos dijo que la revolución socialista es un fracaso, no nos dijo que ya el proletariado no juega ningún papel en la historia, no nos dijo que ha desaparecido para siempre la lucha de clases, no nos dijo que ya no existe explotación del capitalista al obrero, no nos dijo que la teoría de la plusvalía es una fantasía, no nos dijo que la conciencia social es la que determina al ser social, no nos dijo que el partido político de vanguardia carece de sentido común, no nos dijo que el “mar de la felicidad” sólo puede ser posible conquistarlo bajo los tentáculos del capitalismo cuando decida ser un filántropo para repartir sus ganancias con los trabajadores. No, eso no nos lo dijo. Eso lo dicen los enemigos del socialismo que se han aprovechado oportunistamente de las palabras de Fidel.

 Si Fidel hubiese dicho lo que dicen que dijo los enemigos del socialismo, tendríamos frente a nosotros a un líder extraordinario que en el ocaso de su vida perdió los estribos y eso lo despojó de sus facultades racionales o que no se ocupó de corregir el borrador escrito por manos de otro y no de él. Pero quienes crean que eso va a suceder con Fidel, terminarán sus días padeciendo un delirium tremens sintiendo que las estrellas se les acercan sin darle ningún rayo de luz. ¡Viva Fidel! Sin embargo y en honor a la verdad verdadera, la situación socioeconómica que vive la sociedad cubana en este tiempo no es la que mejor le conviene para su fin propuesto, pero ante la imposibilidad de construir sola el socialismo y a pesar de todas sus vicisitudes es mucho mejor que la que viven decenas y decenas de países capitalistas subdesarrollados donde mueren miles y miles de personas por desnutrición, por negación de servicios de salud, sin ningún acceso de la mayoría a la educación y sometidos los pueblos a gobiernos que primero y segundo y tercero sirven fielmente a los intereses del imperialismo y no de sus naciones. ¿Es esto una mentira? ¿Acaso Cuba aún no sigue viviendo terribles rigores del capitalismo en medio de un cerco capitalista? ¿Acaso no lo sigue viviendo también el resto del mundo?

Fidel, ya había reconocido en un foro en Brasil, hace pocos años, que en Cuba se estaba viviendo una situación socioeconómica que no era el socialismo que querían los cubanos y las cubanas. Nadie sabe como Fidel, valga la repetición,  que no es posible construir el socialismo en Cuba mientras no se produzca la revolución permanente y, especialmente, en las naciones de capitalismo altamente desarrollado. Eso es un abc del marxismo. Y mientras eso último no acontezca, lógicamente, Cuba tiene que seguir transitando el camino de las realidades del capitalismo, aunque ese no sea el modelo que realmente sirva a los cubanos y cubanas para una estabilidad permanente de su régimen de vida deseado. Eso es otro abc del marxismo. Sin embargo, mantiene ciertos elementos de socialismo a la espera que ese proletariado, mayoritariamente dormido por las fronteras y el patriotismo nacionales, se decida a romper las cadenas que lo oprimen y lo hacen vivir en un régimen de explotación de clases. Es todo. ¡Viva Fidel! Sobre la base de lo dicho por Fidel es que debe entenderse la serie de políticas que está anunciando el gobierno cubano presidido por el camarada Raúl Castro. Los imperialistas y, fundamentalmente, sus ideólogos lo comprenden bien, pero tratan es de desvirtuar las cosas para que toda esperanza revolucionaria socialista en este tiempo se derrumbe como se derrumbó el campo socialista del Este. Es todo. ¡Viva Fidel!

Igualmente, se ha escandalizado por la recomendación de Fidel al presidente de Irán en relación con su política de amenaza con borrar del mapa a Israel. Fidel no dijo absolutamente nada que permita entender que recomendó no luchar contra las políticas criminales del sionismo. Que Fidel haya reconocido que los judíos tienen una historia de lucha y que han sido víctimas de persecución, de políticas de exterminio, no nos está diciendo una mentira, porque eso ha sido cierto. ¿Acaso el nazismo de Hitler no persiguió y asesinó con saña y alevosía a miles y miles de judíos? ¿Cómo tapar esa verdad con un solo dedo para que se convierta en mentira? Fidel no dijo que son los judíos los que tienen la razón y la verdad histórica en sus manos y que la transformación del mundo que suplante al capitalismo debe ser obra exclusivamente de los judíos. No, no dijo eso. Negar la historia de los judíos en el mundo, sus luchas y su progreso para nada más tildarlos de reaccionarios y criminales todo el tiempo, es una falacia. Sería como si un sociólogo nos dijera actualmente que el imperialismo no ha significado ningún paso de avance en el desarrollo del mundo. Que luego de cumplida esa misión se haya convertido en el más férreo y difícil obstáculo para el progreso del género humano, es otra verdad irrefutable. Que el judaísmo jamás hará una revolución que libere a los seres humanos de la explotación y opresión capitalistas, es otra verdad irrefutable. Que el sionismo es semejante al nazismo en su carácter racista, por ejemplo, es otra verdad irrefutable. Que es una necesidad derrotar al imperialismo si queremos ver el sueño de la emancipación humana convertido en una práctica social, es otra verdad irrefutable. Que existen muchos judíos que aman el capitalismo, por eso de tener el dinero como Dios y la usura como un principio rector de su economía, es otra verdad irrefutable. Que para ser sionista hay que ser primero judío, es otra verdad irrefutable. Que no todo judío es sionista, es otra verdad irrefutable. Que existen judíos partidarios del marxismo o del comunismo, es otra verdad irrefutable. Que el judaísmo, como todas las religiones y todas las ideologías de clase social (incluyendo el marxismo), van a desaparecer o extinguirse algún día como todo lo que nace, es otra verdad irrefutable que sólo podrán entender como hecho realizado generaciones que aun no han nacido, es otra verdad irrefutable. ¡Dios me perdone y no me cierre las puertas del Cielo por esas verdades reconocidas teóricamente en la actualidad pero que no tendré ninguna probabilidad de ver materializadas, como tampoco mis nietos y, tal vez, los futuros nietos de mis nietos o los tataranietos de mis biznietos! Pero, ¡he allí el optimismo histórico!, la historia avanzará, quieran o no los burgueses o los proletarios aferrados al nacionalismo burgués o quieran o no los religiosos. El socialismo es inevitable como inevitable será la segunda fase de la sociedad comunista y más inevitable aun, será un régimen de vida superior al comunismo.

De otra parte, la campaña hace uso de dos términos para desprestigiar, a nivel máximo, a la revolución, al gobierno y, especialmente, a los hermanos Castro. Términos que son utilizados, igualmente, en otras regiones cuando se trata de buscar crear condiciones psicológicas para el derrocamiento de procesos sociales. “Sociolismo” y “Robolución” son esas palabras creadas por el lenguaje capitalista para combatir teóricamente a la revolución, su gobierno y sus hombres y mujeres. Fidel dijo, hace pocos años, que la burocracia y la corrupción son capaces de derrumbar cualquier sueño revolucionario y es verdad. Que en Cuba ha habido clientelismo y corrupción (robo de los bienes del pueblo) en menor escala que en otras naciones capitalistas, no es mentira, pero que diga alguien: ¿en que país del mundo y en qué género de sociedad hasta hoy no ha habido clientelismo y robos cometidos por funcionarios del Estado? No vaya a salir un especialista en adornar el capitalismo imperialista estadounidense a decirnos que en Estados Unidos existe un régimen económico-social tan perfecto que no se ha conocido nunca ni el clientelismo ni la corrupción. Pero, de la misma manera, se puede decir que en Cuba se dictan y aplican muchas medidas para combatir tanto a la burocracia como a la corrupción, pero sucede, eso hay que entenderlo, que mientras una nación sea sometida a rigores, cercos y acciones para derrocarla como en toda transición del capitalismo al socialismo y en parte de éste, es imposible que no exista burocracia, aunque sea en una expresión reducida de la misma, como tampoco que no se cometan hechos de corrupción. Y si no lo creen, sería muy bueno que se leyeran todas las obras de Lenin dedicadas al combate contra el burocratismo. Sépase, por ejemplo, que mientras Lenin fue Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo, el Ministerio más importante fue el de Inspección y Control, donde, para Lenin, los fundamentales funcionarios debían ser obreros y campesinos formados teóricamente para garantizar que los recursos de la nación fuesen utilizados en provecho de la sociedad y no de dirigentes, partidos, instituciones o particulares. Volvamos a preguntar y que algún ideólogo o fantasioso nos responda para convencernos: ¿Existe en este mundo capitalista alguna nación o algún gobierno perfecto que aplique y haga valer la verdadera justicia social en toda su plenitud para todas las personas con igualdad de oportunidades? En Cuba, por ejemplo, no existe, pero expliquen ¿en cuántos países se aplica mejor que en Cuba, que actualmente está siendo víctima de una campaña mediática denominándola como “El mar de la felicidad”?

La campaña mediática contra Fidel, como si fuese el peor de todos los pavosos de este tiempo, culmina con la siguiente petición a la madre naturaleza: “Llévatelo viento de agua”. Mientras el viento de agua de la medicina en Cuba lo siga manteniendo con vida, digamos: “No jodá el imperialismo con sus mentiras muy mal intencionadas”. ¡Viva Fidel! Es todo. Amén.

Nota necesaria: cuando este artículo fue escrito, Fidel no había aclarado la mala interpretación que se había hecho de sus palabras. Aun así, lo creo, vale la pena su publicación, por lo menos, para unos pocos.



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Freddy Yépez


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