La deshumanización y la degradación de los inmigrantes

Luego de sembrarles durante decenios la ilusión de una vida de bienestar material bajo el capitalismo, ahora los países capitalistas industrializados se muestran reacios a admitir en su seno a millares de personas del aún mal llamado Tercer Mundo, alegando para ello una diversidad de argumentos legales y extralegales, pero que, en el fondo, se resume a una palabra: xenofobia.

Ciertamente, tal xenofobia no es algo inusitado ni nuevo en Europa y en Estados Unidos, sólo que se ha manifestado con una virulencia nada disimulada en los últimos tiempos, coincidiendo con el hecho que el capitalismo padece una de sus crisis cíclicas más profundas y prolongadas, siendo algo compartido en ambos lados del Atlántico norte. Esto ha convertido a los inmigrantes en parias sin derecho alguno, como ocurre en la frontera sur de Estados Unidos al pretender estos ingresar desde el territorio mexicano, arriesgando sus vidas o ser asesinados impunemente durante la travesía; e igualmente desde Melilla, al norte de África, buscando la ruta de España y, por extensión, de Europa.

Otro tanto ocurre con las legislaciones promovidas en los países industrializados, entre éstas la Directiva Retorno de la Unión Europea, en la cual se incluye detener, deportar y hasta encarcelar por un periodo máximo de dieciocho meses a los inmigrantes considerados ilegales, ignorando y violando las disposiciones contempladas en el Convenio Europeo de Derechos Humanos y en la Carta de los Derechos Fundamentales de la misma Unión Europea, además de aquellas que han sido consagradas por el Derecho internacional y las Naciones Unidas. En Estados Unidos se procede de igual manera, si no, recordemos la ley SB 1070 en Arizona y otras de similares intenciones en Alabama, Arkansas, Carolina del Sur, Colorado, Florida, Idaho, Indiana, Maryland, Michigan, Minnesota, Missouri, Nebraska, Nevada, Nueva Jersey, Ohio, Oklahoma, Pennsylvania, Rhode Island, Tennessee, Texas y Utah; medidas jurídicas y administrativas que representan la deshumanización y la degradación de los inmigrantes, lo que equivale a una criminalización de la pobreza que éstos arrastran desde sus países de origen.

Como lo reclamara el Presidente Rafael Correa, “¿con qué calidad moral se puede sostener una globalización que cada vez busca más la libre movilidad de mercancías, la inmediata movilidad de capitales, pero criminaliza la movilidad de seres humanos?”. Habría que recordarles entonces a europeos y estadounidenses la historia de explotación colonial, semicolonial y capitalista a que han sometido a las naciones asiáticas, africanas y americanas por igual, lo que potenció enormemente su actual nivel de riquezas al costo del genocidio de millones de seres humanos. De ahí que la emigración ilegal sea consecuencia de la asimetría económica que prevalece entre las naciones industrializadas y aquellas dependientes, reservándoseles la función de proveedoras de materias primas. Por ello mismo no es extraño que europeos y estadounidenses hayan terminado por adoptar la misma mentalidad xenófoba de sus antepasados durante su Edad Media, erigiendo los llamados muros de la vergüenza entre uno y otro mundo.-

mandingacaribe@yahoo.es


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Homar Garcés


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