Asamblea Nacional del Ecuador, en su año

Su lema:”El provecho personal es el eje que en toda economía no se debe perder dinero” porque, en política todo es negociable y que el peligro mayor que enfrenta la Asamblea no es la muerte cruzada, es sacar de la ruma proyectos de ley propios que frenen los enviados por el ejecutivo. No fiscalizar, no legislar, y conservar por parte de los Asambleístas la actitud arrogante, mediocre y burguesa, liderados por Femando “corcho” Cordero, siempre húmedo por la dignificación y la ineptitud, ya todo lo sabe, todo lo conoce porque fue alcalde.

Su gestión y estabilidad del legislativo pasa por la comprensión o indiferencia o el olvido que tiene el pueblo por los sueldos y prebendas que reciben los asambleístas a los que pagan de su bolsillo. Y, por el esfuerzo diario que realizan para transformar a las sociedades en capitalistas, permitiendo a los tecnócratas suspender la bella técnica del burocratismo que disimula la corrupción y la ineficiencia.

Legislación y fiscalización mezquina y ridícula. Las comisiones tienen mas poder que el pleno, así, su nobleza e inteligencia busca el anti provecho de la masa, es decir, con cualquier innovación la gente pierde plata y no se pregunta quien pierde el déficit. La gente se consuela con esos 35 u 800 dólares, para que hoy, el problema este superado, mañana no se sepa, porque, la Asamblea, de todas maneras, es incapaz de asegurar la transición hacia una revolución ciudadana, para que hablar de socialismo, ni saben lo que eso significa.

De lo que se puede concluir, en buena lógica, que al ejecutivo le conviene que la Asamblea siga en su mediocridad para ellos conservar su popularidad, se anula la competencia, es su inteligente anticipación a la muerte cruzada que no le conviene ni a la oposición ni a los asambleístas de país, porque se quedan sin ese suelda so y sin las influencias que brinda el poder, el culto del Dios salvador, culto sostenido en base a las acrobacias políticas del hombre del maletín, culto que al pueblo amenaza con escases ideológica social de conocimiento revolucionario, obligado a agotar sus ultimas reservas de tolerancia para no hacer lo que se hizo con los diputados del Congreso pasado, sacarlos a patadas.

Un año después, el trabajo de la Asamblea Nacional hace perder importancia a la revolución ciudadana, muchos dirán que es el efecto normal de un espacio para el dialogo y la contradicción, pero, en un año de gestión no eleva las ganancias de la nación, por lo tanto los salarios de los obreros ( es lindo ser diputado en un pueblo conformista que día a día pierde su rebeldía por tanto su dignidad) la vida productiva y administrativa, esta mal organizada porque no se legisla con prontitud nuevas leyes vitales para la economía del país, de ahí la impresión contradicha para una revolución, la desigualdad salarial entre los asambleístas y sus equipos que van desde los 6000-3000 dólares comparados con los 250 y 35 dólares de sueldo básico y bono de la pobreza que recibe el pueblo.

Esto es explotación, y parece haber perdido importancia a través de la legislación para una verdadera revolución ciudadana, en donde el presidente de la Asamblea Nacional, Cordero, acusa a un inocente y declara inocente a un culpable, no se trata de conspiración u oposición, se trata de una mala gestión para una revolución, desde hace tiempo se recurre a los industriales, se los quiere seducir con beneficios de todo orden si invierten en el país, cuando los negocios son difíciles porque no benefician al país con su rubro principal que es el petróleo, 47% de los gastos fiscales y, el régimen tributario, durmiendo en la mediocridad de la Asamblea, igual que la ley de educación y comunicación.

La economía de la nación se la manipula, se la negocia, se la oculta. La mayoría de los asambleístas no representan a nadie, su margen oscila entre un 17-24%, pero, para Cordero, es un avance ante el 2% del Congreso anterior, bueno…si eso le parece un logro al presidente de la Asamblea, que se puede esperar del resto. Cultura política conformista, pobreza política, inaudito que en manos de estos señores y señoras este el proceso de cambio de la revolución ciudadana. Esos márgenes de aceptación les impiden pensar siquiera considerarse las gallinas de los huevos de oro ni de bronce a los asambleístas.

La legislación que realiza la Asamblea, es contradictoria si, desde Montecristi, el pueblo, el obrero, era una herramienta para producir cambios con el empresario capitalista y con el Estado capitalista, ahora, compran la fuerza de trabajo de los obreros según las leyes económicas clásicas a su precio de costo determinado por la necesidad estricta del mantenimiento del obrero y su familia, porque, no alcanza para comprar mas allá de esa estricta necesidad básica, ya que el producto que se vende en el mercado esta regido por esas mismas leyes económicas que permiten la especulación comercial y la manipulación financiera.

Comparando los sueldos del ejecutivo, legislativo, judicial, ni el desempleo ni el bajo salario son concebibles para una revolución. Así, la meta de todos es el dinero no la revolución, piensan entonces alargar su estadía en esas estructuras para no nivelar los salarios al mínimo vital. La igualdad es una utopía, la noble organización del trabajo con equidad a decir de los egresados de Harvard, basta tan solo, con invertir en mayor cantidad que otros gobiernos para conservar la popularidad y las aspiraciones reeleccionistas. Esa inversión pública puede reemplazar no solo al vil sistema de la ganancia sino que ayuda a la subordinación del trabajo a la rentabilidad.

El pilar central por el que se creo la Asamblea se ha derrumbado, sin embargo, todos, amigos y adversarios, parecen estar de acuerdo en que la construcción de las leyes se mantiene firme en el aire sin ese pilar central que es la justicia social. El pueblo ve y cree y no ve nada mas, cuando se entera, según cifras oficiales que la producción ha aumentado pero que su poder adquisitivo no ha aumentado ¿quien aprovecha esa diferencia?

No hay inversión, no hay industria, y sin embargo hay explotación revolucionaria salarial sostenida por los políticos, por los militares, los funcionarios públicos de las principales ciudades, con el aval de la presidencia de la República, cuya primera responsabilidad es cuidar su salario, poco les importa la igualdad de oportunidades para el pueblo, que nada tiene que ver con las inversiones sociales para el desarrollo material de la población. Se ve por todas partes la pésima gestión ejecutiva, legislativa, judicial y policial, igual se ve, mucho trabajo humanitario que debería ser parte integral de un mejor sistema de salud.

Se rechaza vil o sutilmente la revolución ciudadana, ni los políticos ni los economistas, ni los asambleístas que tienen los riesgos de los cambios, están dispuestos a enfrentar los avatares políticos hasta las últimas consecuencias, porque no se puede rechazar la formación del capital de todas maneras indispensable para nuestra cultura y pobreza mental.



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Raúl Crespo


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