Defensa de la ingratitud

En la ex clase dominante, toda mujer y hombre nacido en ese ambiente de jefes se convence desde su infancia que ha nacido para mandar. En el caso del proletariado no se puede decir lo mismo.

El hijo del obrero, del campesino, en medio de la multitud no tiene ninguna oportunidad con la elite vieja y nueva, personalmente, su deber son los que están definidos por la ley; y ni siquiera, porque le esta prohibido acceder por merito a “la clase superior”. Es por lo tanto, el mejor organizado de los seres animales. El problema es que estamos aceptando la construcción del socialismo con la boca no con el corazón, menos aun con la cabeza. Todavía, muchos prefieren inclinarse ante la fuerza militar-económico del capitalismo y enterrar sus sueños.

Para los países que actualmente se encuentran sometidos a la situación de dependencia, esta situación no ofrece dificultad con Washington. Hombres sagrados del sequito de Obama definen con monstruosa claridad el cuadro social de esas naciones. Y, esto explica retrospectivamente el problema de América Latina.

Pero hay una Sudamérica independiente, entre nosotros los naturales indígenas y campesinos, negros y obreros, la palabra natural ya no es pronunciada por el sagrado colonizador extranjero, sino por el hombre y mujer que, según la ley son connacionales de los negros, indígenas y campesinos, y que, según su propia creencia son catiros y blancos revolucionarios. Son las mujeres y hombres sagrados de hoy, que no lo fueron ayer. Es un dudoso heredero del colonizador de ayer trabajando en el proceso de hoy. Su sangre, cree, es mezclada con sangre extranjera, mestizos descastados y alquilados, renegados que desconocen a sus tatara abuelas, porque la grandeza paterna de la violación los ha deslumbrado.

El pecado original de esta situación no es solo la conquista española, es también la conquista cultural imperial, y solo nos lavaremos de el por una revolución dolorosa y radical que debe empezar desde el gobierno. Tengo la convicción de que no somos, todavía, capaces de enfrentarnos a la historia del capital, porque pretendemos conservar una actitud postiza que no hace otra cosa que poner una barrera infranqueable entre el mundo y nuestra propia conciencia.

Igual que los españoles los norteamericanos su móvil es el saqueo que determina la destrucción de la cultura, cuya grandeza, sin embargo, le permite protegerse de la opresión en fragmentos incoherentes que pesan como un lastre. Golpe de muerte que los conquistadores asestaron en América Latina, no redujo el espíritu doblegado, peor aun, lo partió en pedazos inorgánicos que flotan a la deriva en toda revolución.

Hoy tenemos proletarios de cuello duro, ya están en la clase media y alta, en medio de la angustia de la mas espantosa in autenticidad, aspiran por una parte, a vivir como vive la oligarquía a la que imita, pero, por otra parte se ve limitado por la estreches de sus recursos. Los hombres y mujeres que “ascendieron” a la clase media y alta no tienen otra alternativa que vivir de las apariencias.

La masa por su parte encuentra en los héroes como el Che, Sandino, Pancho Villa, Emiliano Zapata, y otros sus modelos, y desde luego no es capaz de comprender que esta bastante lejos de las condiciones que trata de imitar. Nosotros, el pueblo, no podemos seguir viviendo de un mito social que ningún país tuvo. No podemos ser la generación decapitada.

Puede hablarse de influencia allí donde existe una cultura orgánica fuertemente asentada
en largas tradiciones y donde los aportes foráneos pueden, por el mismo hecho, ser asimilados críticamente. Pero donde no hay cultura revolucionaria y todo es importado hay que realizar cambios oportunos e importantes.

La ingratitud, aunque a muchos parezca extraño se basa en no mantener intacto el patrimonio heredado, sino que hay que transformarlo de continuo, esta transformación es revolución, esta es posible porque la realidad no es solamente conciencia ni un proceso objetivo, sino la relación de uno y otro en los cambios.

Sostener compartimientos cerrados en la sociedad, el extranjerismo, nos revelan un fenómeno descrito por Lenin que se llama enajenación. Nuestro espíritu nacional no es el mismo y no me refiero al esquivo espíritu revolucionario, ocurre que, la tragedia histórica de las conquistas vació, por decir así, nuestro espíritu de vencer o morir para llenarlo de otros elementos contrapuestos, por eso estamos lejos de nosotros mismos como pueblo.


rcpuma061@yahoo.com


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Raúl Crespo


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