(Una renta chucuta)

Hablemos del Salario para el 1 de Mayo

El salario es una vieja categoría económica muy susceptible de diferentes
lecturas interpretativas. Depende del escenario clasista donde nos
ubiquemos. Si bien tentativa y etimológicamente alude al medio de pago
recibido por el trabajador a cambio de su labor diaria, desde el arribo y
consolidadación del sistema capitalista, hace más de dos siglos, salario fue
identificado por Karl Marx como renta "chucuta" percibida por el
asalariado, y a este como representante de trabajadores en funciones a
manos de insaciables empresarios burgueses. Estos por su parte
personifican al explotador de moda que han relevado al de los tiempos
de feudales y descarados esclavistas de otrora.

Sociológicamente, salario alude a una estafa cometida legalmente por un
patrono habida cuenta de que este retiene para sí, ventajista, leonina e
impositivamente una porción de la paga que en iguales condiciones
contractuales también debería recibir el trabajador por sus servicios
prestados, además del monto recibido actualmente como salario.

Salario es sinónimo de explotación, de opresión, de hambruna, de
indefensión, de sometimiento y de una curiosa y atípica libertad para que
los trabajadores modernos costeen con su trabajo la suntuaria vida de
quienes fungen de ser lo más granado de la sociedad moderna.

El salario es la fuente misma de la riqueza mancomunadamente apropiada por
los ricos modernos, y por ricos entendemos explotador en funciones o
recipiendarios del capital de otro explotador. Por ejemplo, todo
cuentacorrentista o ahorrista perceptor de algún interés financiero se
convierte automáticamente un coexplotador indirecto. De allí que los mismos
asalariados hayan terminado asimilándose como coexplotadores de sí mismos.
Algún patrono lo explota directamente, y él lo hace con otros a través de
ese que representa el curioso logro de haber convertido a la víctima en
verdugo de sí misma.

A mayor riqueza ostentada por alguien, mayor el grado y acumulación de la
explotación ya aplicada y aplicable por sus tenedores. Decimos que el
salario es fuente de la riqueza burguesa por cuanto su admisión como justa
paga al trabajador lleva consigo la aprobación de que en la contrata
laboral del asalariado va incrustada la posibilidad cierta que tiene el
patrono de obtener una ganancia cuando el resultado del trabajo mercantil
termine vendiéndose incluso justamente al coste de su producción en los
mercados correspondientes.

Para los apologistas y panegíricos del burguesismo, el salario es la paga
justa recibida por los trabajadores como resultado de un contrato
sinalagmático o equitativa y espontáneamente coadmitido por ambas partes:
patrono, generalmente rico, y trabajador, comúnmente pobre y hasta
miserable. El salario así entendido pasa a ser el súmmum de las
reivindicaciones laborales alcanzado desde hace más de 500 años por el
moderno trabajador de fábricas y talleres.

La ganancia que hace ricos a los patronos provendría de diferenciales en
precios-costes de arrancados a los consumidores en las inevitables pujas
entre compradores y vendedores,

De esa manera, la visión proburguesa silencia la explotación del rico sobre
sus trabajadores, y da por normal que un comerciante venda por encima del
precio pagado por sus inventarios.

Dentro de ese escenario proburgués, las discusiones salariales suelen girar
alrededor de simples ajustes para ir adaptando cuantitativamente el monto
del salario para los años entrantes, sin asomo alguno de su
cuestionamiento como expresión de explotación. El cacareado "SALARIO
MÍNIMO", por ejemplo, se ha convertido en la más y mejor desarrollada
fórmula burguesa para inducir al Estado a que le evite a los patronos las
reiteradas y costosas discusiones anuales sobre el cuánto de la paga
salarial. El Estado fija el SM, y con este los patronos modernos ajustan
legal y estrictamente todo su tabulador.

A partir del SM los escalafones alcanzados, las diferentes
reivindicaciones salariales de cada empresa, se reducen a pequeños ajustes
respetuosos del incremento salarial, y que por lo general siempre dista
mucho de ajustarse ni siquiera al valor de las necesidades primarias del
trabajador menos calificado.

En Venezuela, el SM recibirá a partir de mayo un ajuste de 10% sobre el SM
actual, efectivo parcialmente a partir de la primera semana de ese mes y
calculado sobre el SM actual. A ese nuevo salario el Estado arrancará 12%
cuando el trabajador convierta su paga en bienes de uso y consumo. Como
estamos en un proceso inflacionario de nunca acabar, el salario de todos
realmente se verá doblemente reducido, y, como si fuera poco, la
devaluación del bolívar sigue sus curso normal de crecimiento con un dólar
paralelo libre de todo control por parte de un Estado que desdice mucho de
su sus banderas socialistas y populares.

Como sabemos, cuando se permite la coexistencia de dos tipos de cambio, uno
oficial y otro de libre convenio entre las partes, este último termina
marcando el monto del dólar real ya que los tenedores de bolívares , a pesar
de comprar con dólares regulados, con alzas especulativas y demás artilugios
mercantiles buscarán sacar del trabajador y consumidor un máximo de
bolívares que les permita su libre conversión y exportación de dólares no
regulados.


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Manuel C. Martínez M.


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