¿Hasta Cuándo se Subestima a Karl Marx?

Cierto que el propio Karl Marx fue una persona paradójicamente pacífica. Observó que el Estado Proletario podría erigirse sobre el Estado Burgués o nacer de sus ruinas por la violencia súbita y generalizada de la clase explotada.

Al respecto tomó como referencia temporal la madurez alcanzada por las Fuerzas Productivas, vale decir por los Medios de Producción, principalmente por los Asalariados (recordemos que todo el capital tecnocientífico también es hechura de asalariados)

Ha ocurrido que Sociólogos y Filósofos, Politólogos e Historiadores de elevado rango científico y de tendencias estereotipadamente “revolucionarias”, bien pertrechados con muchas sutilezas y rebuscamientos literarios, han pretendido zanjar las dificultades teóricas de Das Kapital mediante el artilugio elucubrativo de algunas consideraciones y posturas extraeconómicas posiblemente asumidas por los fundadores del Socialismo Científico, K. Marx y Federico Engels.

Tales soportes han sido los “Manuscritos Económicos y Filosóficos”, el “Manifiesto del Partido Comunista”, el “Anti Dühring”, “La Ideología Alemana”, entre otros muchos componentes de su variopinta obra científica. Pero entre todas, la precipua obra de ambos fue “El Capital” a la que por su parte Marx dedicó 18 de sus mejores años de vida investigativa. A esta obra, marcadamente económica, por el contrario, aquellos apologistas del “marxismo filosófico y sociológico” siguen encontrándole fallas de distinto color político: deficiencias conceptuales, inaplicabilidad histórica, obsolescencias parciales, negación del biclasicismo burgués, como si la teoría universal económica que en esa obra se recoge ya hubiera sido superada mediante nuevos hipotéticos aportes a la solución del “problema obrero”.

El caso es que El Capital es la única obra de Marx que da cuenta de la creación de la riqueza en la sociedad Burguesa Capitalista, fija la paternidad proletaria del Producto Territorial Bruto y demuestra estadística y matemáticamente el origen de todas las rentas industriales, comerciales y burocráticas, a las que conceptuamos como categorías de novedosa presencia en la terminología económica de marras.

El Capital fue una copiosa, cuidadosa y enriquecida obra de arduo análisis de un sistema económico que ya agotaba la capacidad intelectiva de los mejores pensadores políticos de su tiempo. En sumario: Marx dio cuerpo científico a la Economía Política, a la que supo diferenciar de la Crematística, nombre este que él le acuñó a la Economía Vulgar y mercantil, sobre la que hablaremos en nuevas entregas.

Precisamente, la dilatada producción de obras marxianas no estrictamente económicas son las más manejadas por los epígonos del Socialismo en desmedro y soslayo de la teoría del Plusvalor, de la explotación salarial, de la tasa de ganancia media y fundamentalmente de los abstrusos “Precios de Producción”, suerte de paraalgoritmos macroeconómicos de alta precisión estadística.

Tales desviaciones científicas extraeconómicas podrían tener su fundamento en el método científico y matemático utilizado por Marx en unos tiempos donde las ciencias modernas se hallaban en franca adolescencia.

No cabe duda que las mayorías de los intelectuales prefieren las disciplinas elásticas o no matematizables, habida cuenta de que, por ejemplo, filosofar, divagar, especular, lanzar una “flecha” hoy y mañana otra, operar con muchas variables cualitativas los mantiene en expectación especulativamente literaria. Además, a esos teoricistas y mercachifles de la Academia Burguesa les conviene mantener abierta la subjetividad elucubrativa que tanto fascina al político de oficio. Consecuencialmente, la crítica que ampulosamente Marx formuló para el sistema asalariado de trabajo ha quedado envuelta en un polivalente y tupido manto de incertidumbres pedagógicas que con el tiempo han llegado a darla por superada.

Súmese a semejantes subestimas del aporte social marxiano, la introducción de nuevos problemas sociales como el irrespeto de los DD HH (en abstracto), el Recalentamiento Global y la Polución (en abstracto).

Así se dirige la atención científica y popular hacia las polarizantes derivaciones del capitalismo en reemplazo del capitalismo mismo, es decir, el manejo político y parlanchín de los efectos en lugar de atacar su correspondiente causa. Criticar problemas menos relevantes que el problema salarial para, de resultas, subestimar la hipótesis del Comunismo Científico.


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Manuel C. Martínez M.


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