El socialismo rentable

Hoy quiero hablarles amables lectores del concepto de rentabilidad en el socialismo. Al igual que yo, muchos de ustedes habrán escuchado a camaradas revolucionarios, execrar el concepto de rentabilidad económica y oponer al mismo, la que llaman rentabilidad social. Cooperativas y empresas de producción social, deberían trabajar en función de dicha rentabilidad social.

Haciendo uso del recurso de lo anecdótico, no muy científico, pero increíblemente efectivo en algunos casos, les contaré que no hace mucho tiempo, escuché a una persona que pertenece a una cooperativa textil, quejarse de que su empresa no le daba mucho para vivir, debido según ella, a que la misma estaba subsidiada por el gobierno, y por lo tanto, estaban obligados a vender muy barato. Según me señaló, otra historia sería, si ellos pudieran ir al mercado y colocar su producción al precio que dicta este. Siguiendo en la línea de lo anecdótico, incluso, en un Aló Presidente vi a una muchacha que trabajaba en una cooperativa de fabricación de bloques, decir que lo que ganaba, eran Bs. 300 al mes, ni siquiera llegaba a sueldo mínimo. Es imposible que cualquier cooperativa o microempresa pueda sobrevivir pagando a sus socios-trabajadores salarios inhumanos, digámoslo brutalmente, salarios de hambre.

He escuchado mencionar repetidas veces, que la producción de las empresas socialistas no debe ir al mercado capitalista, porque su función es la satisfacción de las necesidades del pueblo y no la obtención de un sucio y cochino beneficio capitalista. Sin embargo, ninguna de estas empresas podrá perdurar en el tiempo y satisfacer las necesidades del pueblo con una rentabilidad que sólo permita la supervivencia de sus trabajadores y cubrir sus otros costos de producción.

La fobia de muchos socialistas a la rentabilidad económica viene dada por el enfoque marxista de la rentabilidad, rentabilidad que en el esquema marxista es llamada plusvalía y le es arrebatada por el empresario capitalista dueño de los medios de producción. En el caso de las cooperativas por ejemplo, que de malo puede haber en que vayan al mercado y consigan el mejor precio, esto sin duda alguna implicará más ingresos para los socios-trabajadores, en este caso, no habrá explotación, sino una legítima apropiación de los trabajadores del fruto de su trabajo. Acaso esto no es socialismo. Hay que recordar que Marx señaló que el valor incorporado a una mercancía se hacía objetivo y se realizaba en el proceso de cambio. Señalamiento de Marx que considero una contradicción, algo así como el pecado original, en su teoría del valor. Por lo tanto, si las cooperativas no pueden ir al mercado y recibir el precio de mercado, habrá de hecho, una apropiación de la plusvalía generada, por parte de los consumidores que se verán beneficiados por precios muy bajos.

Es importante comprender que la rentabilidad económica no sólo significa el enriquecimiento del dueño de los medios de producción, sino también alimenta la reinversión en la empresa, lo que garantiza la posibilidad de crecimiento y aumento de la producción. Además, supongamos la existencia de una cooperativa sumamente eficiente, competitiva y muy rentable, siempre será posible aplicarles el impuesto sobre la renta como contribución a la sociedad.

Una vez, también escuché señalar que una cooperativa de pescadores no debería ir a vender su producto al intermediario capitalista, sino dedicar su producción a atender las necesidades del pueblo, regalar pescado a la escuela, a los ancianatos. Todo esto suena muy loable sin duda alguna, pero mi pregunta es la siguiente, si la producción es destinada a estos fines, esa comunidad solo comería pescado mañana, tarde y noche y no se de donde obtendrían dinero para reparar las lanchas, comprar combustible, útiles escolares, ropa, etc.

Por otro lado, no podemos dejar de recordar que la economía socialista de la Unión Soviética, finalmente hizo agua al no existir un concepto de rentabilidad económica como tal, lo que implicó que tampoco hubo un aliciente para la eficiencia y la productividad, para la mejora en la calidad de los productos, para la innovación en una palabra. En este aspecto, el capitalismo superó al socialismo y lo puso en jaque y después le dio mate. Lo que ocurrió cuando la Unión Soviética no pudo hacer frente al reto de producir para el consumo de sus ciudadanos y seguir la carrera armamentista de la guerra de las galaxias. La Unión Soviética se enfrentó al dilema clásico de mantequilla o cañones, cuando su competidor (El Imperio) a través de incrementos constantes de la productividad si pudo obviar el dilema y producir más cañones y más mantequilla.

Con respecto a las empresas públicas debe ser el mismo caso, deben tener la respectiva utilidad para poder pagar bien a sus trabajadores y asegurar la debida reinversión, y por lo tanto vender a un precio razonable que asegure la debida rentabilidad. De no ser así, los trabajadores no tendrán alicientes para ser eficientes, comenzará el deterioro de las maquinarias y finalmente el deterioro del servicio. Hay que recordar el caso de CANTV antes de la privatización, unas tarifas ridículas y un servicio pésimo, para, con la privatización, pasar a un servicio medianamente aceptable pero con unas tarifas abusivas. Ni tan calvo ni con dos pelucas pareciera ser la lección a sacar.

También, debemos reconocer el problema existente con las cooperativas, hasta ahora, las estadísticas señalan un fracaso rotundo de las mismas. Y en parte, yo atribuyo ese fracaso a esa visión miope que se les quiere imponer, de que perseguir la rentabilidad económica es malo, por supuesto los socios-trabajadores cuando ven que sus aspiraciones económicas no pueden ser cubiertas por las cooperativas, las abandonan en busca de mayores ingresos. Yo insisto ser rico es bueno, y mi concepción del socialismo pretende que todos podamos acceder a la mayor riqueza posible.

Adicionalmente, hay algunos, cada vez menos afortunadamente, que también hablan de la economía de trueque como una alternativa al mercado capitalista. Hace bastante tiempo escribí un artículo respecto al tema y vaticiné que dentro de seis meses después de publicado, ya no se oiría hablar del tema, creo que tuve razón. Aunque siempre queda algún despistado dando vueltas por ahí.

Creo en el Socialismo del Siglo XXI como algo distinto al Socialismo del Siglo XX, en el cual hay cabida para la eficiencia, la productividad, y la rentabilidad económica en las empresas socialistas públicas y de asociaciones de trabajadores, si estos elementos no están presentes, la Revolución no irá muy lejos, y no le auguro larga vida. Y a aquellos que dicen que este proceso es irreversible, les recuerdo que lo mismo decían de la Unión Soviética pocos años antes de que se fuera a pique, y déjenme decirles, que se me hizo un nudo en la garganta cuando vi por la televisión, la noche en que fue arriada la bandera roja de la hoz y el martillo para no volver a ser izada nunca más. Espero no tener que volver a tragar grueso al ver este proceso hundirse, no por culpa del imperio -posibilidad que por supuesto no se descarta - sino por miopía de quienes no entienden que la historia avanza y las mentiras de ayer no se convierten en verdades en el presente.


htorresn@gmail.com


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Hernán Luis Torres Núñez


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