Entre Derecha e Izquierda: la mano vuelta otra vez

Durante la década del 60 y 70, los gobiernos de turno achacaron muchos de los problemas del país a los comunistas, a los socialistas, a la revolución soviética, a la revolución cubana etc. Pero, mientras aquel “3% histórico”, de cada elección presidencial, se fue haciendo cada vez más inerte y en el mejor de los casos más «bohemio», por no decir más bebedor, la causa de los problemas del país se fue poniendo en otros actores.

Así en la década de los ochenta, los copeyanos, por su parte, comenzaron a señalar a los adecos como corruptos y éstos a aquellos. Por supuesto, no se podía señalar a la izquierda de corrupta porque ésta no había detentado ningún cargo político de relevancia nacional, razón por la cual quedaba excluida de tales señalamientos de corrupción. A los adecos y copeyanos la estrategia de inculparse de corruptos mutuamente les dio resultado durante esta década. La culpa siempre era del “gobierno anterior”. Con esta estrategia, adecos y copeyanos, se lavaban las manos por las acciones cometidas y, además, aparecían como unos políticos preocupados por la situación del país y dispuestos a mejorar la mala situación de éste apenas volviesen al poder.

Pero, en la década de los noventa, ya la estrategia de inculpar al otro partido no daba resultado, porque cada vez se parecían más, no había diferencia entre socialdemócratas y socialcristianos. En los noventa, los miembros de cada partido, para presumir de estar más preocupados por el país y de estar en la mejor disposición de mejorar la situación del mismo, comienzan a inculpar de corrupto a los miembros de su propio partido, es decir, adeco llamando corrupto al «compañero» del mismo partido; Rafael Caldera abandona COPEI, los copeyanos llamándose corruptos entre ellos mismos. Fin de mundo.

La estrategia de los 60 y 70 se agotó, pero aquella estrategia no debilitó a los partidos de gobierno, fue un aliento político que sembró en buena medida la estructura ideológica que está vigente. La estrategia de los ochenta, por su parte, fue un «segundo aire» que permitió a AD y COPEI seguir en el poder sin amenazas. No obstante, la estrategia de los noventa, más que una estrategia, fue acción desesperada ante el deterioro político que ambos partidos vivían; acción que los llevó a hundirse en sus propias miserias.

Actualmente, existen ciertas características que permiten homologar o hacer un símil con la situación antes planteada. El proceso político bolivariano comienza por inculpar de todos los males, con toda razón, a los adecos, copeyanos, a la oligarquía, es decir, a la «Cuarta República». Como no ha habido, en estos pocos diez años de gobierno, alternancia política «los revolucionarios» no han podido echarle la culpa de los males al gobierno anterior; por lo que la culpa sigue recayendo en la «Cuarta República» y en los gobiernos de Estados Unidos. En todo caso, se han dado algunas desavenencias entre MVR, PPT, Comunistas, la ruptura política con PODEMOS, pero los partidos políticos no se han llamado corruptos entre sí, esto es, no se ha dado la segunda parte del símil.

No obstante, está ocurriendo, cada vez con fuerza, la situación de llamarse corruptos entre sí, particularmente, desde el 3 de diciembre de 2007. «Los revolucionarios» resucitan, de esta manera, la estrategia adeco-copeyana de los noventa, estrategia que marcó el fin político de estos partidos. Ahora da resultado decir que tal Alcalde o tal Gobernador, o tal diputado «chavista» es corrupto, puesto que esta acción hace al denunciante o al vociferante MÁS REVOLUCIONARIO.

Desde el 3 de diciembre se ha desatado un coro multitudinario de denunciantes, no hay «revolucionario» que no denuncie. Ha emergido, por todas partes, la conciencia inculpadora, el dedo que señala. En cualquier momento, la «Cuarta República» y el Imperio Norteamericano pasaran al olvido, y sólo será más revolucionario aquel que pueda hallar más corruptos en las filas del PSUV, del PPT, del Partido Comunista, en las alcaldías, en la gobernaciones, en los consejos comunales, en los voceros parroquiales. Y más revolucionario aún será aquel «camarada» que inculpe directamente de corrupto al Presidente de la República y pida, sin medias tintas, su destitución del cargo y de la historia.

Cuidado, que durante la sequía a medida que se va agotando el agua en el pozo del río los cocodrilos se van haciendo más temibles, y allí comienza el último festín.

coasfi@yahoo.es


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Obed Delfín


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