De la Unión Cívico-Militar, a la Militar-Cívico: rescatemos nuestra FANB

Quienes estábamos en filas militares no queríamos seguir cargando la ignominia de ser una guardia pretoriana de una clase política tan opresora y corrupta como criminal, nunca más nos iban a utilizar para ahogar en sangre el justo clamor popular.

Mensaje del Presidente Chávez al pueblo venezolano en conmemoración del 4F. 5 de febrero del 2013.

Los Izarra son una familia con una larga tradición militar. Mi papá, mi abuelo y mi tío abuelo fueron todos oficiales de la Fuerza Aérea. Para los jóvenes andinos, especialmente después de la Revolución Liberal Restauradora, el "andinato" ofrecía en la carrera militar la oportunidad de avanzar socialmente y abrirse al mundo.

Así ocurrió con Alfredo Izarra Avendaño, de Lagunillas de Mérida, mi abuelo, quien a sus 15 años encontró en la recién inaugurada Escuela de Aviación Militar en Maracay la oportunidad de forjarse una vida independiente e incorporarse al "progreso" que el petróleo motorizaba en Venezuela.

Detrás de él fue su hermano menor, Homero Izarra Avendaño, quien, después de un año trabajando como jornalero en fincas de la zona, logró reunir el dinero para costearse el viaje a Maracay, contra la voluntad de su padre, mi bisabuelo, Don César Izarra, quien se oponía a perder otro hijo para la milicia.

Oficial de la FAV Alfredo Izarra Avendaño frente a la casa paterna en Lagunillas de Mérida

Mi papá también siguió ese camino, pero ya no por ascenso social—la familia estaba establecida, gracias a la carrera militar, en una cómoda casa de clase media en Santa Eduvigis—sino tras su sueño infantil de volar el F-86—el avión más moderno de la época. A los 15 años, al terminar el tercer año de bachillerato, ingresó como cadete en la Escuela de Aviación Militar, de donde se graduó como Alférez Mayor, Espíritu de Vuelo, primero de su promoción.

Sub-teniente William Izarra inspecciona un F-86

La tradición se rompió conmigo porque mi papá, un militar rebelde, siempre me previno de seguir la carrera de las armas, aunque desde niño, su casco y guantes de vuelo eran mis juguetes favoritos; con frecuencia acompañaba a los cadetes en la instrucción de orden cerrado en el patio de la EAM y pasaba mis tardes después del colegio en la base aérea Francisco de Miranda, donde mi papá trabajaba como ayudante del Comandante General.

Crecer en el mundo militar facilitó mi adaptación al entorno presidencial durante mi trabajo en apoyo al presidente Chávez. Para mí, no solo el ethos me era familiar, sino también los códigos y la jerga: entendía que "cadete Izarra", era una manera de Chávez llamarme "nuevo"; que el "guacho" era un documento con orientaciones; y que el "Plan de Fuego" debía detallar las actividades político-comunicacionales que marcarían el día.

En los puestos públicos que ocupé, conté con colaboradores muy valiosos del mundo militar. Mis responsabilidades me llevaron a contribuir al esfuerzo de la nueva doctrina militar, así como al desarrollo de las capacidades comunicacionales de la FANB en el marco de sus escenarios de conflictos híbridos y de baja intensidad. Por ahí anda todavía todo ese personal que capacitamos, muchos aún activos dentro de la fuerza.

Para Chávez, hablar de la FANB como su "familia", no era una impostura. Efectivamente, su vínculo con los militares era filial y paternalista. Frecuentemente, cuando aterrizábamos en una base militar durante los traslados a locaciones remotas para el "Aló, Presidente", Chávez reunía a la tropa para arengarlos y escucharlos. Decía con orgullo que era un oficial "tropero". Creo que yo también fui un niño "tropero", que jugaba béisbol con los soldados de La Carlota y atendía a la formación de los cadetes de la EAM.

Con Chávez, la Fuerza Armada experimentó transformaciones significativas en términos doctrinarios, jerárquicos y organizacionales. No solo se cambió el nombre, eliminando el plural para convertirse en una única y unida Fuerza Armada Nacional, ahora apellidada Bolivariana, sino que Chávez influyó directamente en 11 promociones militares, duplicó su capacidad operativa, mejoró significativamente sus salarios, les dio participación en decisiones trascendentales para el país, les otorgó el derecho al voto, creó la Universidad Militar y la Misión Negro Primero para el apoyo social del soldado.

Las políticas implementadas reforzaron a una institución que mostró su lealtad en 2002, cuando un grupo de generales, apoyado por los Estados Unidos, intentó llevar a cabo un golpe de Estado. Los soldados se alzaron en apoyo a su Comandante en Jefe y, con el respaldo del pueblo, frustraron la conspiración. (Aprovecho esta oportunidad para rendir homenaje al General en Jefe Raúl Isaías Baduel, líder de la operación que rescató la democracia, asesinado por el régimen de Maduro).

Este evento fue crucial en el desarrollo de la política de la revolución bolivariana hacia la Fuerza Armada, la evolución de su concepción doctrinaria y la concepción conformación de la unidad cívico-militar como factor de desarrollo y seguridad nacional.

El madurismo ha sabido explotar en forma de chantaje, la profunda siembra del comandante Chávez en el imaginario, la autoestima y la moral militar. Chantaje que complementa con el terror—fundamento de toda su política—ejecutado a manos de la DGCIM, con el apoyo del G2 cubano, entre sus filas.

Gracias a Maduro, el apresto operacional de las FANB está en su peor momento histórico y la seguridad social del militar se ha deteriorado al mismo nivel que la del resto del país: salarios de hambre, servicios hospitalarios mermados o inexistentes, y el colapso del sistema de créditos y apoyos económicos que tradicionalmente favorecía a los militares.

Lo más grave, sin embargo, es el colapso de la disciplina y la subordinación, que amenaza la cohesión de la Fuerza Armada. Sus miembros se ven obligados a complementar sus funciones militares con el "rebusque" para poder "cuadrar la arepa". No es extraño encontrar un capitán haciendo la guardia del sargento porque a este le salió un "chance" de última hora para poder completar el sueldo. El sargento se lo retribuirá en una futura oportunidad, cuando le toque al capitán buscar "resolver".

Para los militares, la distinción entre chavismo y madurismo es clara y la viven en carne propia. La diferencia entre la FANB bajo Chávez y la tragedia que sufren bajo Maduro se palpa a diario en los cuarteles. A pesar del terror, en la FANB ebullen las murmuraciones sobre la grosera corrupción, evidente en el nivel de vida ostentoso de algunos oficiales en contraste con las dificultades para ganarse la vida que sufre la mayoría, al igual que el resto de la población. El joven Alfredo Izarra, quizás hoy hubiera optado por el Darién, antes que la Fuerza Aérea para buscarse la vida.

Ante la incertidumbre que rodea el escenario electoral del 28-J, la actitud retaliativa y de 'perdonavidas' con la que ciertos voceros de la oposición juzgan a los militares, genera temor ante un posible triunfo de la oposición tradicional. Muchos asumen, y los altos mandos en connivencia con el madurismo lo alientan, que si la oposición tradicional gana, se desatará una persecución contra buena parte de los miembros de la FANB que se identifican con los valores y la orientación que el liderazgo de Chávez sembró en la institución.

En lugar de un discurso de venganza, el mensaje hacia la FANB debe orientarse a convocarlos a la tarea de recuperación de la institución, en el marco de la Constitución y la restauración del Estado de Derecho. Es crucial reasignarlos a sus funciones dentro de sus componentes, conforme al rol que la Constitución les otorga, y que la institución urgentemente requiere, para adaptarse a las formas de guerra contemporáneas, donde drones, electrónica, inteligencia y operaciones de información delinean los nuevos conflictos.

Para recuperar su apresto operacional, es urgente restaurar los sistemas de armas esenciales en función de garantizar una defensa nacional efectiva. Es necesario redimensionar la FANB y superar su actual diseño, copiado de Cuba y basado en unidades de combate que solo existen en el papel, para evolucionar hacia un modelo más versátil, profesional, capacitado y dotado, en donde la calidad prive sobre la cantidad de las unidades.

Este redimensionamiento de la FANB debe acompañarse de un agresivo programa de recuperación de los salarios y la seguridad social de los militares, en conjunto con un plan especial de captación de recursos humanos, sobre todo de personal de tropa, que priorice la alimentación y el equipamiento del combatiente como esenciales para mantener una tropa motivada y preparada.

Asimismo, es necesario revisar los programas de estudio de la Universidad Militar y otros institutos de formación. El actual ministro ha alterado asignaturas vitales, introduciendo otras que solo fomentan el culto a la personalidad. Debemos retornar a una educación que fortalezca las capacidades profesionales de nuestros militares y supere la merma de la charlatanería que la mina.

Para liderar a las FANB en su tarea de modernización y potenciación, se requiere un liderazgo moralmente sólido, reconocido y respetado por los profesionales de armas, y que cuente con un amplio consenso del mundo político.

Se trata, como decía Chávez en su discurso durante el acto de graduación de oficiales de tropa en enero del 2012, de "retomar el sentido original bajo el cual nació el Ejército libertador de Venezuela y de Suramérica: para romper cadenas, para liberar a nuestra Patria y liberar a nuestro pueblo." Se trata de regresar a la concepción de la unión cívico-militar como factor de desarrollo y seguridad nacional, y no de militar-cívico, esa perversión madurista que usa a la FANB para la represión y la violación a los Derechos Humanos.

Sin el concurso de los militares, difícilmente podrá lograrse el quiebre en el bloque madurista que permita la recuperación democrática. El voto inteligente no es solo votar por quien mejor esté posicionado para ganar la elección —implica también saber transformar el triunfo electoral en poder, y eso, en Venezuela, no se logra sin incluir a la FANB, para quien el mensaje debe ser de integración en su tarea fundamental de recuperación de la fortaleza defensiva de la Nación venezolana.



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Andrés Izarra

Periodista. Ex-ministro de Comunicación en Información y de Turismo de Venezuela. Fue director de la cadena multiestatal TeleSUR.
Blog: https://izarraa.medium.com


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