Colaboración de clases y stalinismo I

PCV: un gran organizador de derrotas

Hastiados de las marramucias de los llamados partidos del “Bloque del Cambio”, básicamente aparatos clientelares, reformistas y burocráticos, cada vez más alejados de los intereses y necesidades populares, muchos activistas honestos, luchadores obreros, populares, campesinos y juveniles, han creído encontrar erróneamente en el PCV una posible alternativa revolucionaria y clasista, que al fin dote al proceso revolucionario por el que transitamos de un instrumento político que los agrupe, en la perspectiva de profundizar efectivamente dicho proceso hacia el socialismo. Nada más alejado de la realidad que esta creencia.

De allí que nos propongamos develar la verdadera historia de colaboracionismo de clases y burocratismo stalinista del PCV –lo cual es característica de todos los partidos comunistas en el mundo-, partido que como dijera León Trotsky, al referirse a Stalin, se ha caracterizado en la historia política venezolana por ser un “gran organizador de derrotas”.

1958: gran traición al pueblo y los trabajadores venezolanos

Las orientaciones políticas del Partido Comunista durante el período de gobierno provisional de Larrazábal fueron una continuación de la táctica unitaria aprobada por el XIII Pleno del Comité Central de 1957, elaborada para hacer frente a la dictadura de Pérez Jiménez. No obstante, en política las situaciones cambian particularmente en momentos de auge de masas, así otro tanto debe ocurrir con las tácticas a aplicar. Durante todo el año 1958, el PCV continuó con la tesis de la Unidad Nacional que, correctamente, enarboló antes del derrocamiento de Pérez Jiménez. Efectivamente, el PCV había planteado la necesidad de conformar un amplio frente de lucha contra la dictadura, esto era tácticamente correcto, sin embargo, luego de derrocado Pérez Jiménez continuó con su “discursito” de la Unidad Nacional, lo cual lo llevaba a hacer eje en la convocatoria a elecciones y a apoyar a la Junta de Gobierno encabezada por Larrazábal, militar que había sido ministro durante la dictadura.

Al PCV, que se ufana en autodenominarse “marxista-leninista”, en aquel momento se le “olvidó” aplicar la táctica propia del leninismo en situaciones como aquella. En 1917, Lenin ante el gobierno provisional de Kerensky, que había sustituido al zarismo, decía en las Tesis de Abril: “Ningún apoyo al Gobierno Provisional”, por el contrario, llamaba a desenmascararlo como gobierno de los capitalistas, y a explicar la falsedad de sus promesas. ¿Que hacía el PCV en 1958? Exactamente lo contrario, exhortaba al pueblo a ¡defender al gobierno burgués de Larrazábal!

En 1958, después de derrocado Pérez Jiménez, se abrió una etapa revolucionaria en el país, de magnitud similar a la que posteriormente se abre en 1989, y se exacerba entre el 2002 y el 2003. Los trabajadores, el pueblo y la juventud estaban movilizados. El PCV que era una pequeña organización clandestina que para el 23 de enero sólo tenía 300 militantes, en 1959 ya tenía 25.000 activistas organizados, era la primera fuerza en el movimiento estudiantil y la segunda en el movimiento obrero. En aquel contexto insurreccional, una organización como el PCV tenía la posibilidad cierta de convertirse en un partido de masas, y en ese proceso luchar por la toma del poder. Pero esta eventualidad iba a estar sujeta a la política que en aquel momento se tuviera. El PCV, en lugar de tener una política de independencia de clase, y de movilización de los trabajadores y el pueblo, optó por apoyar a un gobierno burgués. Pero esto no se quedó allí, en las elecciones de diciembre de 1959 el PCV continúo con su política de colaboración de clases y ¡apoyó a Larrazábal!

Esta política no fue un simple “error”

La política desarrollada por el PCV durante el año 1958 no puede ser considerada como un mero “error” casual. El poco interés mostrado en aprovecharse de la situación altamente explosiva que se originó con la caída de la dictadura, y su preferencia por la colaboración de clases en el marco de mantener la Unidad Nacional con la burguesía, en lugar de movilizar a los trabajadores y el pueblo con una política de independencia de clase, no fue más que el resultado lógico de una concepción política sobre el carácter de la revolución, determinada por la llamada “revolución por etapas” adelantada por los distintos partidos comunistas en el mundo desde los días de Stalin, en oposición al carácter “ininterrumpido” de los procesos revolucionarios, atribuido por Lenin en las Tesis de Abril, y a la “Revolución Permanente” de Trostky, concepciones que mostraron toda su justeza en la Revolución Bolchevique y en otros procesos revolucionarios, como China o Cuba. Por otra parte, esta política del PCV en 1958 fue delineada en realidad en el VII congreso de la Internacional Comunista, donde se concretó la orientación de los Frentes Populares, y luego en 1938, durante el período de guerra, con la política de “unidad nacional” contra el fascismo.

Es tan evidente que esta política respondía a una concepción “etapista” y de colaboración de clases del proceso revolucionario, que luego, en enero de 1959, el PCV llevó adelante una política suicida para el pueblo y los trabajadores venezolanos, creándole falsas expectativas sobre el gobierno de Rómulo Betancourt, quien había asumido el poder el 13 de febrero de aquel año. Quizás esto es desconocido por los militantes de base honestos del PCV, así como por los miles de jóvenes luchadores obrero y populares que se han bautizado en las aguas de la lucha de clases en los últimos años.

Vean esta “perla” que confirma lo que antes decíamos. En enero de 1959, Pompeyo Márquez, dirigente del PCV, expresaba en el informe del Buró Político al XIX Pleno del Comité Central del partido, lo siguiente: “Nosotros sabemos que si el señor Betancourt hace un gobierno de unidad, democrático, reivindicador de nuestras riquezas y de satisfacción de las necesidades de las masas, no podrá tener problemas con los comunistas”.

Desde entonces el Partido Comunista hará énfasis en la llamada línea del “viraje”. Según esta tesis, el PC iba a presionar al gobierno burgués y proimperialista de Betancourt, así como a la dirigencia de AD, para que abrazara la causa popular y se deslastrara de los sectores burgueses, con los cuales, por cierto, desde hacía bastante tiempo este partido estaba comprometido. Tamaña traición. Depositar confianza en un partido de la burguesía, que hoy, por cierto, los venezolanos conocen muy bien. Hipotecar su independencia política y postergar la lucha y la movilización contra un gobierno burgués. ¿Donde quedaba entonces el supuesto “leninismo” del PCV?

Continuará…

*Miembro del Comité Nacional Impulsor del Partido Revolución y Socialismo
miguelaha2003@yahoo.com
www.miguelaha.blogspot.com
www.revolucionysocialismo.org


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Miguel Angel Hernández*

Profesor de Historia en la UCV y miembro del comité impulsor del Partido Revolución y Socialismo. Como marxista, Hernández aboga por el definitivo rompimiento con el capitalismo en Venezuela y por la construcción del socialismo.


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