Mesianismo y entrega política

El mesianismo obliga a una entrega total por la causa política, una entrega individual y colectiva. Las funciones de ese traspaso signa la religiosidad de sus adeptos, donde la ausencia de lo trascendente y divino es sustituida por la condición sagrada del líder, que termina por convertir a éste en una ser divino. En este sentido, se lleva a cabo el imperativo de la devoción y el culto a la persona del líder.

Estos mesiánicos han pasado del profetismo marxista a la gran esperanza del siglo XXI. De la supuesta fe revolucionaria a los dogmas pseudo-religioso. El discurso mesiánico admite la renovación de todas las víctimas del gran mal, esto es, del capitalismo. La vocación salvadora, por el sufrimiento de la población, deja saltar lágrimas de cocodrilo. Ellos se consideran los únicos llamados a la humanización de los que sufren injusticia; pues son los únicos que pueden forjan el porvenir.

Sin rechazar ningún recurso refuerzan, solo verbalmente, el carácter de salvador colectivo a través del Partido Único, que es quien representa tal carácter. Alcanza y basta con que el Partido se proclame salvador de la Patria. Éste se convierte en una asamblea depositaría del mensaje de salvación.

Y quien a tal asamblea penetre recibe el bautismo de la voluntad esencial de la obediencia, y de cooperante. Quien se niega a seguir tal asamblea de salvación deja de pertenecer a la clase elegida. Se convierten, por lo general, en apátridas, vende patrias, traidores de la patria. Debemos entender traidores de los mesiánicos porque ellos son la encarnación de la patria.

El método del mesianismo para doblegar a sus súbditos es la violencia, que no es una violencia necesariamente corporal, sino psicológica, de amedrentamiento, de quebrar a la población. Este profetismo se descompone hipótesis históricas, preferencias económicas, futuro radiante, generación de oro, bla bla bla. El Partido-Iglesia petrífica la vida en un dogma animado por una entrega apasionada, que busca reunir su cohorte.

Para el sistema de interpretación mesiánico su dogma nunca se halla en falta. El Partido —siempre en mayúscula, como corresponde a cosa tan digna— no debe sufrir excepciones ni reservas. Pues, su misión es obligar a negar los hechos indiscutibles de los otros, a sustituir los conflictos reales y múltiples por una lucha paradisiaca de seres colectivos, definidos éstos por su función hacia un destino escrito de antemano.

El mesianismo está abarrotado de raciocinios interminables acerca del imperio y los enemigos de la patria. El acomodamiento verbal de sus predicciones a un desarrollo histórico maravilloso no se ajusta exactamente con lo opuesto, lo negativo de la objetiva realidad. El discurso de éstos sustituye los hechos reales por una significación histórica de los acontecimientos, por lo cual todas las predicciones de bienestar se van cumpliendo.

Los mesiánicos concilian los hechos y sus previsiones en cuadros conceptuales, que son insostenibles con la realidad cruda. Donde hay miseria, ellos dicen que hay riqueza innumerable. Mientras pierden el prestigio, ellos se reconocidos en la certeza del porvenir que le han develado a la población.

El mesianismo relaciona cada episodio de la vida de la nación a su movimiento en el curso total de la historia, la historia que ellos mismos han construido. Nada ignoran, nunca se equivocan, y el arte del discurso fraudulento hace concordar toda la realidad venezolana con su dogma.

Profetismo y fanatismo suscitan sentimientos religiosos. Fe en su causa y en la historia que supuestamente los reconocerá. Hablan de caridad para los que hoy sufren y de un mañana, que nunca llega, donde serán triunfadores. Prometen esperanzas, en esto son buenos, en que el porvenir traerá el advenimiento de la anhelada prosperidad.

Esta fe se liga a los lazos de un líder-mesías, al cual continúan exprimiendo para su provecho. Donde la esperanza prometida siempre se refiere a un porvenir que nunca se cumple. Y si no se cumple es por obra de la violencia de los traidores; la caridad para la humanidad sufriente no se realiza por indiferencia de esas fuerzas ajenas que lo impiden.

La fe mesiánica justifica todos los medios. La esperanza de este mesianismo impide aceptar que haya varios caminos posible, solo impera el de ellos. La caridad mesiánica no deja a los enemigos ni siquiera el derecho de morir con honor.

Los mesiánicos aplican una psicología de secta. El militante está convencido de pertenecer a una élite de elegidos y esclarecidos, que están encargados de la salvación la patria. Los fieles acostumbrados a seguir y repetir dócilmente las interpretaciones contradictorias de sus líderes, se convierten, de esa manera, en sujetos nuevos según la concepción mesiánica. Tales sujetos formados según estos métodos resultan dóciles al poder y plenamente satisfechos con su suerte.

La fe del mesianismo es intransigente, y no puede ser de otra manera. Toda nueva fe es siempre intransigente, aunque esta es vieja y decrepita. Es intransigencia simple, solo ellos. Fanatismo ciego expresado en los decretos del Partido y transfigurado en una guía de que decir y cómo actuar. Que en última instancia, es solo un sistema de interpretación sobreañadido a la incoherencia de los hechos.

Son fanáticos porque dividen a la población en dos campos, según su actitud respecto a la causa sagrada. Ellos son buenos, los demás son malos, así de simple. El militante es obligado a escribir su autobiografía conforme a la verdad revelada por el Partido y solo por él.



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Obed Delfín


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