El 23 de enero: un capítulo de la misma lucha histórica

El bravo pueblo venezolano recuerda con orgullo, a sesenta años, el histórico movimiento cívico-militar que derrocó la dictadura de Marcos Pérez Jiménez; fue un extraordinario movimiento de unidad nacional que enarboló los eternos anhelos de justicia y libertad de la Patria de Bolívar.

Como sabemos, la gesta del 23 de enero de 1958 fue dirigida por la Junta Patriótica, instancia unitaria que logró una amplia unidad nacional para tal fin, liderada por el gran patriota y revolucionario Fabricio Ojeda. Las semanas previas al 23 de enero fue de intensa y constante la lucha popular, en desafío a la brutal represión dictatorial. El 1° de enero estalló el alzamiento militar de Maracay encabezado por el coronel Hugo Trejo, que, aunque fracasó, hizo entrar en crisis terminal a la tiranía. El 11 de enero la Junta Patriótica promueve la huelga, el 20 se para la prensa que luego se transforma en huelga general. A las masivas y heroicas acciones del pueblo en la calle, el día 22 las guarniciones de La Guaira, Maracay, Puerto Cabello y Valencia respaldaron la rebelión, igual hizo la Marina quien fondeó mar adentro a los destructores Brión, García y a los buques Aragua, Nueva Esparta y Zulia para neutralizar cualquier resistencia, al mismo tiempo que la aviación desobedecía las órdenes de movilizar su escuadra. La dictadura se derrumbó en la madrugada del 23 de enero, Pérez Jiménez huyó hacia Santo Domingo.

La Junta Patriótica (iniciativa promovida por el Partido Comunista y Fabricio Ojeda) que fue la que concretó los esfuerzos políticos unitarios para dar al traste con la dictadura, fue excluida junto con el pueblo por los traidores que vinieron, luego, del exilio dorado, burlando la causa por la que tantos murieron y/o fueron torturados y perseguidos en diez años de resistencia. La insurrección popular del 23 de enero a la larga fue sofocada con todo tipo de traiciones y crímenes por parte de los defensores de los intereses trasnacionales imperiales pactados en Nueva York y ratificados luego con el pacto de Puntofijo. La Junta Cívico-Militar de gobierno formada esa madrugada, al calor del fervor patriótico en la calle, fue domeñada el día siguiente con un nauseabundo pactos de élites; un ejemplo claro de eso fue que prohombres de la burguesía apátrida fueron incorporados a esa Junta: Eugenio Mendoza (el mismo que edificó su imperio económico, Polar, a la sombra de todos los gobiernos desde Gómez, incluso el de Pérez Jiménez, aprovechándose de la renta petrolera) y Blas Lamberte.

No podemos olvidar: detrás de Pérez Jiménez estaban, apoyándolo y sosteniéndolo, los mismos que hoy agreden a la Patria venezolana, sometiéndola a una cruel guerra económica. En 1948 militares golpistas que en 1945 acompañaron a AD contra el Presidente Medina, apoyados por EEUU, las compañías petroleras y la oposición derechista, derrocaron al Presidente Rómulo Gallegos, e instauraron la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, con todo su estado terrorista policial, subordinada a los intereses de las transnacionales petroleras. En 1954 el Presidente de EE.UU. Eisenhower condecoró a Pérez Jiménez con la Orden del Mérito del Congreso tras presidir la X Conferencia Interamericana, (donde se aprobó la invasión a Guatemala) símbolo de la dominación imperial de EEUU sobre América Latina, por haberle abierto las puertas al capital extranjero -incluidas nuevas concesiones petroleras y del hierro- de las que el dictador se sirvió para ejecutar un plan de construcciones públicas, beneficiando a sus socios de la vieja burguesía parásita, sacrificando al pueblo en sus derechos, empobreciéndolo, metiendo en las cárceles o en los campos de concentración a quien se le opusiera, prohibiendo toda militancia política democrática y revolucionaria, instaurando una sangrienta represión y persecución, torturas y asesinatos, como le fue instruido en la Escuela de las Américas, violando los derechos humanos de forma indiscriminada.

La Revolución Bolivariana, liderada por el Comandante Supremo y Eterno Hugo Chávez, volvió a lograr el despertar del pueblo, adormecido a sangre, fuego y circo, por el dominio imperial que continuó imponiéndose durante 40 años más con el puntofijismo. Chávez hizo que la Patria de Bolívar retomara el rumbo perdido después que le fue arrebatado aquel triunfo del 23 de Enero de 1958. Con toda razón el Comandante Chávez dijo que el 23 de enero es un "día del pueblo revolucionario… ese día… el pueblo se fue a las calles apoyado por militares patriotas que ya se habían alzado el primero de enero de 1958 para derrocar a Pérez Jiménez"; destacaba las similitudes con el 4 de febrero de 1992: "Dos fechas que están íntimamente interrelacionadas a distancia", y sostenía, con mucha claridad, que el proceso bolivariano reivindicaba: "el espíritu originario y libertario de aquella fecha de rebelión civil-militar patriótica del 23 de Enero de 1958".

Es justo celebrar como pueblo en revolución el sesenta aniversario del glorioso 23 de enero de 1958, por ser una de las jornadas más importantes de las luchas históricas de nuestro pueblo por nuestra liberación definitiva. Es reconocer como único heredero legítimo del espíritu libertario del 23 de enero de 1958 al pueblo bolivariano y chavista, inmensamente mayoritario, que hoy transita el camino trazado por Hugo Chávez, resistiendo heroicamente la brutal agresión del mismo imperialismo que instaló y sostuvo a la dictadura de Pérez Jimenez, y que luego le escamoteó el triunfo del 23 de enero mediante la traición de las élites puntofijista, esas mismas élites que hoy, con el mismo servilismo, quieren entregar la Patria al imperio con el más rastrero lacayismo.



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Irán Aguilera


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