Ley contra el odio: ¿Un caso de maniqueísmo jurídico?

"El odio será derrotado"

Delcy Rodríguez

¿De qué sirven las leyes sin costumbres éticas?"

Horacio

"Es claro que en la misma definición del término ley, está implícita la idea y el principio de elegir lo que es justo y verdadero… ¿Qué pasa con las muchas leyes pestilentes que las naciones pone en vigencia? Ellas no merecen ser llamadas leyes más que las reglas de una banda de bandidos… Por tanto, la ley es la distinción entre las cosas justas e injustas hechas de acuerdo con al primer y más antigua de las cosas, la Naturaleza; y en conformidad con la pauta de la Naturaleza están estructuradas aquellas leyes humanas que castigan lo malvado a la vez que defienden y protegen lo bueno"

Cicerón

"La Constitución debe, especialmente si crea un Tribunal Constitucional, abstenerse de todo tipo de fraseología y si quiere establecer principios relativos al contenido de las leyes formularlos del modo más preciso posible"

Kelsen

"El odio en nuestro cerebro"

Feggy Ostrosky

"El odio es por tanto un sentimiento notable, que sería un error desestimar, pero que causa menos problemas reales de lo que parece"

Jordi Pérez Colomé

I. Maniqueísmo

El maniqueísmo ha sido entendido como una secta religiosa fundada en Asia en el siglo III por el sabio persa Manes o Maní (216-276 d.C) del cual se deriva el nombre de maniqueísmo. Su tesis fundamental consistía en la afirmación de dos principios ontológicos del mundo: el Bien o Luz, representado por el sol, y el Mal o Tinieblas, personificado en la materia. Para Maní el mal es parte de la estructura de la misma existencia. El gran objetivo no es, por tanto, su eliminación, algo radicalmente imposible, sino apartarlo y separarlo del bien. El maniqueísmo de este modo no pone en el origen un monoteísmo, sino un claro dualismo: el principio del bien y el del mal; dos naturalezas: una buena y otra mala; dos reinos: el de la Luz y el de las Tinieblas, el del espíritu y el de la materia, el de las almas y el de los cuerpos; dos mundos netamente irreconciliables. El dualismo maniqueo vendrá a radicalizar el dualismo gnóstico, que era en esencia monoteísta. Esta precisa cosmovisión se representaba a través de un mito que escenificaba la historia de la salvación en tres estadios o fases: la etapa primordial, donde bien y mal estaban totalmente separados; la etapa media, tiempo de la mezcla de los dos reinos o tiempo de la creación de los seres del universo, caracterizado porque una parte de la Luz queda prisionera en la materia; la etapa final, momento de la liberación definitiva de todas las partículas de Luz y su retorno al reino del Bien. De aquí se deducirá una antropología en la que el ser humano es visto como fruto de la mezcla entre los dos principios de luz y tinieblas y, por tanto, desde un punto de vista negativo y pesimista Básicamente sostiene que hay dos principios de todas las cosas (dualismo): un principio del bien y otro del mal.

II. Maní

Nació Maní en 216. Su padre, de nombre Petrik, fue un príncipe parto de origen arsánida. Su madre se llamaba Maryam y era, posiblemente, judeocristiana y de la misma descendencia real arsánida. Su lugar de nacimiento no es totalmente seguro, pues las fuentes no están de acuerdo. Posiblemente nació en la Babilonia septentrional. A los doce años recibió al Espíritu Santo, que le invitó a retirarse y reveló la guerra entre la luz y las tinieblas. A los 21 años recibió la orden de proclamarse apóstol de la luz y de la salvación. Viajó mucho. Visitó la India, donde conoció el Budismo. Volvió a Persia a comienzos del reinado de Sapor I (241-272), que le permitió predicar la nueva religión en Margiana, Bactriana y Egipto. Durante el reinado de Sapor I convivieron en Persia, en armonía, el zoroastrismo y el maniqueísmo. Acompañó a Sapor I en la expedición al Occidente. Tradiciones recientes le hacen recorrer la India, China y el Tibet. Bahram I, segundo sucesor de Sapor I, le llamó a la corte. Le interrogó sobre su religión, le encarceló y le colocó grilletes en el cuello, en las muñecas y en los pies. Fue decapitado, desollado y su cabeza colgada a las puertas de la ciudad. Murió a los 60 años de edad.

La religión predicada por Maní es un sincretismo de ideas indoiranias y judeocristianas. El desarrollo de la doctrina de la salvación tiene tres etapas: anterior a la mezcla del Espíritu y la materia; mezcla de las dos Raíces y, finalmente, reconstrucción de Bien y del Mal en dos zonas separadas, la del Bien y la del Mal. Cada zona está presidida por un rey, que es el Padre en la zona de la luz y el Príncipe de las Tinieblas en la otra zona. Al reino de la luz divina pertenecen el Pensamiento, la Inteligencia, la Voluntad, la Religión y el Razonamiento. Las tinieblas demoníacas están formadas por el Fuego Oscurecedor, el Fuego Devastador, el Viento destructor, el Agua Turbia y las Tinieblas del abismo. De la luz brotan continuamente eones divinos para la salvación: la Madre de la Vida, el Gran Espíritu, el Hombre Primordial y sus cinco hijos; el Amigo de las Luces, el Gran Arquitecto y el Espíritu viviente o Demiurgo, creador del Mundo; el tercer enviado para la salvación a través de las ruedas del Viento, del Agua y del Fuego; la Llamada y la Respuesta, el deseo de vida; Jesús salvador, venido a la Tierra en forma humana para despertar a Adam, que había sido creado por el demonio Ashaqlum y la diabla Namrad. Para la salvación del hombre, Jesús padeció. Maní revela la salvación.El Príncipe de las Tinieblas se introdujo en la luz. Las hipóstasis demoníacas en forma de animales de dos patas o de cuatro, de reptiles, de pájaros o de peces, se laceran en cinco antros diferentes.

En el maniqueísmo había dos clases de fieles: los elegidos y los oyentes. Los primeros se dividían en maestros, obispos y sacerdotes bajo un representante de maní en la tierra. La práctica maniquea valoraba la oración y el ayuno. Ritos eran: el augurio de la paz, apretar la mano, el beso, el homenaje y la imposición de manos. Maní escribió o se le atribuyen siete escritos: el Evangelio viviente o gran evangelio; el Tesoro de la Vida o de los vivientes; el libro de los secretos o de los misterios; los tratados, el libro de los gigantes, las cartas, el libro de los salmos y de las plegarias, el diseño de los dos grandes principios o imágenes. Otros escritos son: Carta de los fundamentos, muy consultada por SanAgustín, que fue maniqueo del segundo grupo en su juventud, durante nueve años. El maniqueísmo se extendió por el Imperio Romano y Diocleciano (284-305) lo prohibió. Alcanzó gran importancia dentro del Imperio, como se desprende de la gran cantidad de escritores cristianos que se ocuparon de él: Cirilo de Jerusalén, Epifanio de Salamina, Teodoreto de Cirro, Severo de Antioquía, etc., o de filósofos neoplatónicos: Alejandro de Licópolis, Ammonio, Simplicio, etc.

III. Neo-maniqueos

Los neo-maniqueos suelen tender a considerar el bien como algo propio, y en cambio proyectan el mal sobre aquellos a los que ven como ajenos a su grupo. Ciegos por el fanatismo y la ignorancia, son incapaces de comprender los matices de la historia. Cuando los neo-maniqueos analizan la política no pueden dialogar para buscar soluciones. Sus ojos están puestos en el pedestal que ocupará su ego en la historia, no en las necesidades y preocupaciones de la gente real. Atacan a las personas que piensan distinto, no discuten sus ideas.

La idea neo-maniquea de que el demonio o fuerzas perversas manejan la historia y la política es uno de los pilares de las actitudes totalitarias. Los neo-maniqueos suponen que ellos y sus líderes son perfectos, sus ideas correctas, sus adversarios seres inferiores que viven en la mentira.. El neo-maniqueísmo florece en países que han involucionado hacia un populismo retrógrado y en otras culturas en las que resucita el oscurantismo del medioevo occidental gracias a la mezcla de la religión con la política. Aparece también en los textos de analistas y políticos que se asustan cuando dialogan líderes de partidos diversos, cuando lo hacen personajes de oposición con líderes del gobierno, cuando los buenos pecan dialogando con los malos.

IV Para saber más

• Henri-Charles Puech, Sobre el maniqueísmo y otros ensayos, traducción de María Cucurella Miquel, Madrid, Siruela, 2006

• Fernando Bermejo Rubio, El maniqueísmo. Estudio introductorio, Madrid, Trotta, 2008



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Luis Antonio Azócar Bates

Matemático y filósofo

 medida713@gmail.com

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