Todos queremos un país mejor. A ese país lo favorece la diversidad de criterios, su debate y una toma de decisiones cónsona con el mayor beneficio que de ello pueda obtenerse. Es absolutamente necesario huirle al dogmatismo, en especial si se adopta una estrategia que reiteradamente ha fracasado a pesar de sus valores altruistas. Se requiere ser innovador y abierto a cambios, preservando las directrices de mayor valor. A tales fines, mi educación y buen juicio es anterior e insustituible y prela la aparición del comandante Chávez o cualquier otro mesías. Mi formación y experiencia discriminan entre lo que está bien y lo que está mal ante cualquier hecho concreto sometido a análisis. No mato a mi madre porque el Comandante eventualmente lo sugiera. Pienso cualquier solicitud primero y actúo en consecuencia con lo que mi conciencia dicta.
En mi opinión ningún modelo económico aplicado de manera ortodoxa es satisfactorio. De hecho las "Ciencias Económicas" no son Ciencias ya que sus vaticinios no son reproducibles. En el mundo actual predomina el Capitalismo fundamentalmente soportado por sus notorios avances tecnológicos. De resto el sistema hace crisis de manera cíclica. Lo evidencia la situación de Grecia, cuna de los valores democráticos adoptados por la civilización occidental. El Capitalismo parece funcionar únicamente bajo un esquema abierto hábilmente gerenciado, generando pobreza en alguna otra parte. Uno intuye que si se probase en un entorno cerrado fracasaría estrepitosamente. Su posible éxito presupondría que es posible acumular capital de manera irreversible manteniendo constante el entorno. ¿Cabe preguntarse: ¿y de dónde se supone que se origina el exceso acumulado? ¿Puede crearse de cero sin originar desigualdad? El socialismo por otra parte está herido de muerte desde su nacimiento ya que no genera competencia y en consecuencia atrasa el desarrollo integral del ser humano. Basa su probable éxito en el fracaso de un capitalismo anterior. Ojalá existiese una forma de evolución sin competencia pero hasta la fecha no la conocemos, ni desde el punto de vista biológico ni social. Valoramos esa utopía por sus ideales pero el mismo es “rentista” por naturaleza. Se supone erradamente que se tiene derecho a todo independientemente del esfuerzo y el mérito. Es por ello que sus valores virtuales sucumben frágilmente ante la acumulación de capital, tal y como lo demuestran los bachaqueros: el pueblo roba al pueblo pese a los beneficios otorgados por el gobierno y su adoctrinamiento. El socialismo mezcla tendenciosamente la igualdad de derechos ante la Ley con una supuesta igualdad en cualquier área del quehacer humano heredada por gracia divina y respaldada por el Estado.
Estos sistemas económicos chocan en el concierto mundial, por lo que a ningún país se le permite aplicar medidas a su buen entender sin injerencia externa. En ese berenjenal de influencias y alianzas contrapuestas nos movemos. Lo que en esencia se desea en cada caso es lo mismo: desarrollo y bienestar, pero los caminos adoptados son muy diferentes y se está dispuesto a todo para defenderlos. El caos actual incluye la aplicación sorda de una izquierda trasnochada semicubana, la banalización del conocimiento, y una Oposición con pocas luces cuyo principio galvanizador es volver al pasado. Necesitamos con urgencia rectificaciones profundas en ambos bandos.
No soy la persona más indicada para darle consejos a la Oposición. De hecho soy un chavista desesperanzado que valora a la Fuerza Armada pero no cree en la militarización del gobierno. Como bien lo dijo el rector Fuenmayor recientemente, los militares no han demostrado ni ser más probos ni más eficientes que los civiles. Y sin embargo su apoyo es crucial en la implementación de programas sociales. Soy uno más de esos críticos indiferentes que al país le sobran. Sin embargo soy como todos, víctima del enfrentamiento Oposición-Gobierno y en eso baso mi derecho a expresarme.
A todos favorece una Oposición proactiva. Es cierto que no es justo pedirle a la Oposición un cumplimiento de la Constitución que el gobierno no exhibe. Sin embargo, es natural que uno promueva aquello en lo cree en cualquier escenario. En lo que respecta a la MUD, siempre he pensado que es una mala estrategia pedirle al común que reme en contra del país completo, que lo pare, que lo trabe hasta ahogarlo a fin de que el gobierno cambie. En especial si lo hace sin contrapropuestas a los problemas esenciales, basando la línea de acción en deshacer lo andado por el adversario. Creo que es una tragedia que cualquier gobierno fracase sea de izquierda o derecha, y en cambio debe hacerse lo posible porque sea exitoso. Sabotear es una estrategia nefasta para el país que no suma voluntades. Y es peor aún cuando se aplica a nivel internacional. El carácter reivindicativo se pierde y se genera suspicacia sobre los objetivos. En cambio, la propuesta alternativa y su implementación sí encausan las diferencias de manera acertada. Un ejemplo de esto es lo ocurrido en Mercosur. No hay propuesta alternativa sino más bien alianza con los enemigos del país. Cabe preguntarse si vale la pena pertenecer a un organismo económico que basa sus decisiones en la orientación política de sus integrantes (antes y ahora). Pero el caso es que tal proceder divide porque confirma un enfrentamiento izquierda-derecha a nivel internacional. Por otra parte es menester llevar a cabo el injuriado diálogo si no se posee el poder de facto. De hecho, sólo el financiamiento externo hace posible que eso no ocurra de manera perentoria. Inclusive si el diálogo fuese una artimaña gubernamental, es necesario SIEMPRE. El costo político es muy alto si las aspiraciones son individuales, pero no lo es si lo que se desea al final es un mejor país. Es un diálogo político y por ende no ocurrirá entre filósofos de ambos lados. No se espera una inusitada erudición allí. No hay Nobel. No es un acto para las gradas. Es un acto a favor de las gradas pero sin ellas. Es un pacto para garantizar la subsistencia, el avance, y la evolución en épocas de crisis. Sólo se requiere pragmatismo y buen juicio. “Buena Fe” como diría el Papa Francisco. Acuerdos de convivencia mínima, de respeto mínimo. ¿Podemos ponernos de acuerdo sobre corrupción, delincuencia, funcionamiento e independencia de los poderes públicos, tasa de cambio y gasto público? ¿Sería muy difícil favorecer la repatriación de los bienes generados por corrupción en vez de observar lastimosamente como sólo los países que establecen querellas se benefician, basados en el uso indebido de su sistema bancario?
Como alternativa al Diálogo la masa descontenta se plantea el enfrentamiento directo, que en todo caso no sería siquiera directo porque de ocurrir mediaría la fuerza pública. Tal proceder pudiese ayudar coyunturalmente a "descargar arrrechera(s)" pero no solucionaría ningún problema específico. Los daños al patrimonio público van en perjuicio de todos y son inconducentes. Los llamados a no retorno tienen problemas logísticos: ¿puede proveerse de comida y servicios para miles de personas por un tiempo prolongado? En consecuencia, necesario es mantener un canal de comunicación. Por otra parte, el camino importa porque luego hay que ganar las elecciones que de ello deriven. Eso se da por descontado pero no hay garantía de que sea así. Las acciones de fuerza podrían tener repercusión en unas eventuales elecciones.
Deseo un 2017 distinto y mejor para todos. Deseo que unos oigan y rectifiquen y que los otros propongan y logren implementar alternativas. Es posible. Con todos claro, manteniendo las diferencias irreconciliables que gracias a Dios existen y que serán la semilla de nuestros futuros aciertos.
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