Una “Feliz Navidad”

Pisemos tierra burguesa: de partida, los pobres jamás han conocido felicidad alguna, y menos lo podrán hacer mientras sigan sin comer a tiempo, no se vistan, no se alberguen bajo la lluvia, no se diviertan en paz y en unión cooperacional o comunal con sus vecinos de aquí, de allá y hasta de más allá,  y libres de delincuentes, de pillos, de bachaqueros con diferentes giros económicos desde los más pobres comerciantes hasta los magnates nacionales,  y libres también de mala gente, de esas personas de las que en los últimos 15 años se han destapado con motivo de habérseles sacado a medias del juego político, esas personas que sí fueron muy felices a sabiendas de que una millonada de compatriotas, de connacionales, paralelamente pasaba hambre pareja en sentido lato.

La infelicidad de los pobres, o sea, de quienes viven sólo de su trabajo y sin pertenecer diáfanamente al llamado lumpen ni mucho menos a la mediana ni alta burguesía. Esos pobres o trabajadores de 15 y 30 jamás han tenido día alguno de descaso, suponiendo que sean unas personas responsables con su familia filial o consanguínea. En su hogar -ni tan dulce hogar-siempre hay el trabajo parejo extrafábrica, al punto de que en aquel hace de todo menos aquellas labores que realiza para otros para vivir a medias como pobre. De allí el apotegma de que “En casa de herrero, azadón de palo”.

Sin embargo, si algo resulta muy sentimental, triste  e indeleble, cual archivo histórico, son los recuerdos felices de nuestra ingenua niñez cuando  padres y abuelos, con tíos y primos incluidos, estos adultos recordaban a sus ancestros correspondientes, y lo hacían sonriendo y cantado para disimularnos sus hondos  e inevitables días presentes cargados de recuerdos de su propia niñez protegidos como se hallaban por dichos padres y demás adultos con quienes, y en cada uno de esos pocos años de inocencia, compartían religiosamente en las llamadas “Felices y especulativas Navidades” y que posiblemente serían los comerciantes y demás explotadores burgueses quienes  sí han tenido toda la felicidad del mundo, a costa de la infelicidad de los únicos productores de la riqueza robada por aquellos mediante los artilugios de ese empresariado capitalista, pillo por antonomasia, mendaz,  embustero, indolente y pesetero.



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Manuel C. Martínez


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