Pocos días tienen las FARC para reorganizar sus fuerzas

La letal política de la oligarquía colombiana se activó para aprovechar la virtual desmovilización de las FARC y la reconcentración “en lugares seguros” una vez que el plebiscito dio el triunfo a las fuerzas de la guerra, a la estrategia imperial de exterminar al movimiento insurgente.

Con sorprendente rapidez el presidente Santo, mientras se llenaba la boca diciendo que su gobierno continuaría la lucha por la paz y los acuerdos alcanzados entre su gobierno y las FARC –que hasta ese momento se las reconocía como beligerantes y no como vulgares bandoleros como siempre fue– decretaba que el cese del alto al fuego por parte del Ejército colombiano decretado hace poco para firmar los Acuerdos de La Habana, concluía el 31 de octubre. Es decir le enviaba un mensaje a la insurgencia de que irían por ella con todo y ahora, presuntamente, sería más fácil hacerlo, porque los frentes guerrilleros aparentemente estaban desarticulados.

Vuelve a nuestra mente el pase rasante y sin anuncio de un avión militar con un estruendo insólito en aquel ambiente de paz de Cartagena, con la presencia de presidentes latinoamericanos, de la ONU y su secretario general, de importantes sectores de la izquierda y movimientos sociales y por la paz, precisamente cuando hablaba el comandante Timochenko. Aquel estruendo de guerra evidentemente desentonó en el lugar de la paz.

Por supuesto que Santos lo sabía, pero el alto mando guerrillero no lo estaba (la sorpresa en el rostro y la gestualidad del comandante Timochenko así lo sugiere) y quizás no lo captó en su totalidad y alcances en ese momento. Fue un mensaje desde los sectores del Ejército colombiano partidarios del NO a la ingenua insurgencia de lo que iba a pasar el domingo cuando ganasen y los que les vendrá encima después del 31 de octubre y que ya empezó.

Con los primeros sectores que Santos se reúne es con los fascistas y criminales representados por el genocida Uribe que se siente el gran ganador y dueño de la escena, el que le pondrá ahora a las FARC las condiciones de una pacificación bajo sus condiciones como siempre lo quiso, humillante, sin recibir una sola concesión, haciendo un posible tratado donde no se toque el problema de la tierra, la eliminación de los cultivos ilícitos, ni todo lo alcanzado en años de pacientes discusiones. ¡Todo eso a la basura! Vuelve el negocio redondo de las transnacionales del crimen, del Estado norteamericano, del Comando Sur, de la DEA, del paramilitarismo: la guerra y el narcotráfico.

En ese proceso de la lucha por la paz y la cesación de la guerra la insurgencia aflojó sus resortes organizativos, baste ver los reencuentros de infinidad de guerrilleros con sus familiares entre abrazos y besos, llantos y la esperanza de la paz, del fin de la guerra. Abiertamente, sin mayores medidas de seguridad porque se creía que la paz estaba a la vuelta de la esquina y el enemigo observando, filmando, fotografiando.

¿Y ahora, cuando Santos le ordene –o le ordenen a él, como el incidente del avión el día de la firma de la paz en Cartagena– reiniciar las operaciones para las que se estuvieron siempre preparando los militares y sus asesores yanquis de la CIA y el Comando Sur en paralelo con las conversaciones y las guerrillas cuasi se desmovilizaron?

La dicho por Santos más claro no puede ser. La extrema derecha y la más moderada que representa Santos, cometieron el error –desde nuestra posición– de anunciar el reinicio de las operaciones, volver al estruendo fatídico de las armas, de las bombas, de la metralla, de las emboscadas. Los municipios, campos, selvas donde la violencia se siente con más intensidad, sus pobladores votaron masivamente por el SI y eso es comprensible desde cualquier punto de vista, por eso mismo parece va a ser castigado por Santos y su carnal Uribe que ordenó el presidente el fin de la tregua unilateral por las armas gubernamentales, y la movilización y la ofensiva de las fuerzas paramilitares que comanda Uribe.

Muy rápido cedió Santos a la presión de las fuerzas más retrógradas que quieren, desesperadamente, ganar tiempo para que las fuerzas de la paz no se reordenen nacional e internacionalmente. Por supuesto eso es un salto atrás de los grupos dominantes, de la oligarquía política colombiana, un retroceso que el mundo no va a permitir pasivamente. Nadie en su sano juicio puede admitir como válida la opción de la violencia y de la guerra, menos que se pretenda humillar y destruir a una insurgencia que ha dado muestras de buscar la paz pero que de ninguna manera se va a doblegar, antes por el contrario, lo grave y delicado del momento sugiere la unidad de todos las fuerzas guerrilleras y prepararse para resistir la embestida que seguramente les viene en todos los frentes.

Ya Santos dijo lo que van a hacer, las fuerzas de la insurgencia, de una nueva Colombia, deben aprovechar al máximo todo lo avanzado en el proceso de paz, las nuevas alianzas  que seguramente se dieron al calor de las conversaciones. La palabra sigue siendo, como dijo Timochenko, un arma poderosa y hacia el futuro como poderosas son las ideas revolucionarias, pero al parecer hay que complementarla con la acción defensiva armada porque no se van a dejar matar así como así. Lo dicho por Santos seguramente ya comenzó para tratar de neutralizar a las FARC, cercar a los grupos guerrilleros para apresarlos o asesinarlos. Los acontecimientos dieron, al parecer, un giro de 180 grados, cambió drásticamente la realidad política y las guerrillas están en una posición defensiva y si se quiere debilitadas, eso es lo que quiere aprovechar Uribe para tratar de darle militarmente el golpe de gracia.

Por su parte el gobierno revolucionario, tanto en el período del Comandante Supremo Hugo Chávez, y después con la presidencia del camarada Nicolás Maduro, gobierno que como pocos ha contribuido a ese proceso de paz, sin estridencias, en silencio ha hecho aportes muy significativos pero, lamentablemente, la violencia en Colombia afecta a Venezuela y si, como dijo Santos, vuelven a tronar los cañones a partir del 1º de noviembre, nuestro Presidente respondió de manera muy clara, prepararnos para posibles ataques, proteger la frontera con Colombia y el resto del país porque el paramilitarismo quiere, con la alianza de grupos fascistas como voluntad (in)popular, primero (in)justicia y otros sectores de la mud, subvertir el orden constitucional y derrocar el gobierno. La respuesta a la agresión extranjera debe ser contundente. (06/10/16)

 



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Humberto Gómez García

Director de la revista Caracola. Pertenece al Movimiento de Medios Alternativos y Comunitarios (MoMAC). revistacaracola.com.ve

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