¿Que hacer?

Si usted, donde quiera que interactúe (en el ámbito público o privado, mas aún en el ámbito gubernamental, en su nivel político u operativo, es decir, indistintamente, si es ministro, presidente de algún instituto, director, coordinador, o si es un gerente, dirigente, obrero, etc.), no está haciendo las tareas que le toca, de fondo y forma radicalmente diferentes para mejorarlas, usted no está haciendo la revolución.

Si usted no cambia el método, los procedimientos, los laxos, el escenario, el objeto, el sujeto, inherente al producto que su trabajo genera y lo eleva a un nivel superior en la dimensión humana; usted no está haciendo ninguna revolución.

Si usted, tal y como entró, mantiene el statu quo de la organización para la cual trabaja, ya sea institucional o comunitaria, con los mismos problemas burocráticos y la misma enfermedad sistémica, usted no está haciendo la revolución chavista.
Si usted es de los que piensa que no tiene el poder para decidir sobre los cambios necesarios, si piensa que ellos se resolverán en otra escala de la estructura, en otro tiempo, con otros recursos; usted no está ejerciendo el poder que la revolución le dio por mandato popular.

Si usted no mejora en lo individual no podrá mejorar lo colectivo, que es, al fin y al cabo, de lo que trata la revolución. Pasará por debajo de la mesa haciendo tiempo para que el tiempo de la revolución se acabe, pues usted no tiene el valor para crearlo.
¿Por qué hay que hacer todo radicalmente diferente?

El socialismo del siglo 21 tiene que inventarlo todo. Poco de lo existente en la sociedad burguesa sirve para la edificación de la sociedad humanista. Tiene que construir un mundo nuevo, absolutamente posible para el bien común, desde lo minúsculo de las relaciones íntimas y secretas, hasta lo descomunal de la macroeconomía y la ecología global ya que el fracaso de lo establecido, es el verdugo de la humanidad entera.

La sociedad que nace sobre las fundaciones del socialismo del siglo 21, no puede aceptar ser valorada con los mismos cánones del errado capitalismo, sería una incongruencia contrarrevolucionaria. En todas las dimensiones habría que crear un nuevo sistema de medición, no solo independiente, libre, autónomo, sino coherente con el valor a medir: “la mayor suma de felicidad posible para el pueblo”.

La gran ventaja que heredó nuestro enemigo (todas las denominaciones adversas al socialismo del siglo 21) en el mejor de los casos (el típico burgués que cree que maneja la verdad con su rosario de razones judeo-católicas), es que no tiene que hacer nada nuevo, solo tiene que dejar que las cosas transcurran tal y como lo hacen cotidianamente; alimentar el sistema existente, mantenerlo en su estado descompuesto, echarle leña al fuego del consumismo, adorar el fetiche de la mercancía, y sentarse a ver pasar nuestro cadáver cansado de luchar, finalmente derrotado.

De allí el por qué la derecha no se molesta en presentar ningún plan, ningún programa, ninguna propuesta nueva, pues según ellos, su sistema (el capitalismo) ha arribado a una explanada de desarrollo infinito, lineal, estático y seguro, hasta el fin de los tiempos.
Si usted no inventa la forma de cómo sus compañeros se ahorran la manera inútil de maltratar al pueblo (el usuario de la institución para la que trabaja), usted no está construyendo el socialismo del siglo 21 y sencillamente usted es presa fácil del enemigo. Lo engullirá, sumido en la abundancia, en ese afán de tener más y mejores cosas que el otro. Se acostumbrará a mentir y vivirá en medio de la desidia, el desorden, el caos: caldo de cultivo de la prosperidad capitalista.

Si usted no inventa está condenado a errar en materia revolucionaria.



Esta nota ha sido leída aproximadamente 1156 veces.



Milton Gómez Burgos

Artista Plástico, Promotor Cultural.

 miltongomezburgos@yahoo.es      @MiltonGomezB

Visite el perfil de Milton Gómez Burgos para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.


Noticias Recientes:

Comparte en las redes sociales


Síguenos en Facebook y Twitter



Milton Gómez Burgos

Milton Gómez Burgos

Más artículos de este autor