¿Por qué somos chavistas?...I (I)

Existe en el país un pequeño grupo radicalizado con la antipatria que se negó no sólo el privilegio de seguir y apoyar al gigante Hugo Chávez sino de enfrentarlo sin razón para servir de borrego de los intereses de las transnacionales del imperio norteamericano. Un grupo opositor extremista que ha jugado con la muerte y es promotor de guerras e invasiones con tal de salir de este hermoso proyecto político social que no busca más allá que alcanzar los sueños supremos de El Libertador de llevar la mayor suma de felicidad posible a todo el pueblo.

Con algunos errores, desviaciones, infiltraciones y hasta desaciertos, este modelo de transformación social, que se levantó como la Revolución Bolivariana y Chavista, es el camino idóneo para concretar la paz y la justicia social, que vendrían a ser valores referenciales de alta envergadura para catapultar a la sociedad a estadios de grandes designios humanos y espirituales. No hay otro camino, no existe vía o manera donde el hombre y la mujer erijan la genuina emancipación que no sea a partir de un trabajo colectivo de inclusión que garantice la participación protagónica de cada uno.

En el terreno capitalista esto no es posible! El capitalismo tiene su esencia en la competencia desmedida, se nutre de la explotación de los individuos quienes son vistos como objetos de mercadeo capaces de producir o alimentar ese mismo espiral económico individualista, egoísta, perverso y macabro. Por ejemplo, la medicina que debería, en su sentido filosófico servir para ayudar al prójimo; en el campo capitalista es una empresa que tienen que generar dinero. A partir de allí no importa si esta cura o no cura al paciente sino lo más provechoso es que el paciente no se rehabilite por completo y pase a ser un individuo dependiente de los servicios médicos y cliente permanente de la industria farmacéutica mundial.

Lo anterior es sólo un minúsculo, muy microscópico, ejemplo de los tentáculos del modelo antiético del capitalismo que alcanza la industria y carrera militar y guerrerista en el mundo, así como la pecaminosa e igual de oprobiosa industria del entretenimiento mundial donde entra el cine, la música y los juegos informáticos y cibernéticos que cumplen sus roles de adicción, control y manipulación masiva. En estas sociedades modernas, es común ver en la gran mayoría de países una juventud adormecida, parca, militantes involuntarios del individualismo, la competencia; son cerebros diseñados para ver cómo en el futuro harán dinero para comprar un carro, unos aparatos de última generación, casas con piscina y otra serie de productos que son ofertados como garantes de la felicidad y hasta alcance de espacios celestiales eternos.

Esto destruye o intenta destruir una sociedad de valores, de solidaridad, de justicia, de igualdad, de paz, de amor. Esto sería secundario, simplemente cursi o la utopía engendrada en las ciencias sociales o, en dado caso, el resultado de las conclusiones teológicas del paraíso prometido. Pero visto así, esto sería ya en la otra vida, no en esta que el capitalismo intenta vender como modelo donde todos tienen oportunidad.

El capitalismo como modelo se ha mantenido debido a su irracional explotación de los recursos de los demás países. África y Latinoamérica son ejemplo de cómo las grandes industrias trasnacionales saquearon y explotaron durante siglos estos suelos bendecidos a expensa de un alto costo de muertes, hambrunas, pestes, miseria, dolor, guerras, invasiones. Todo un sometimiento a la fuerza para extraer y robar las riquezas de cada quien, siempre con la ayuda de alguna oligarquía apátrida que se ha prestado como contacto, como enlace, para manipular y engañar a la población de algunos beneficios ficticios; cuando la realidad ha demostrado que no hay nada más generador de pobreza que aquellos países donde llegaron las industrias a ofertar sueldos en dólares y otros similares.

Aún en pleno siglo XXI, se oyen las voces agónicas de niños en la orbe que mueren de hambre, de dolor, de enfermedades curables, huérfanos de las mil y una guerras que el capitalismo ha aupado, promovido y financiado. Son voces que retumba en los oídos de sólo una humanidad sensible, solidaria y amorosa. Esas voces no se escuchan en el mundanal ruido de sociedades capitalistas que aturden con su música y videos y con sus noticias fraudulentas, manipuladas, suasorias, que únicamente apuntan a soslayar las verdades cruentas de un mundo que se deteriora mientras grupos poderoso económicos se estancaron en pensar cómo mantenerse en el poder y seguir asegurando su statu quo económico a expensa de la inconciencia que pulula, que arropa, que trata de envolver y vendar los ojos de hombres y mujeres de buena voluntad que sueñan con un mundo mejor donde impere la dignidad y la emancipación de los pueblos…


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Geovanni Peña

Diputado a la Asamblea Nacional. Militante del PSUV.

 santanajerez@hotmail.com

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