Marx-Engels: ¿Ha leído Ud. su manifiesto? (I)

Un fantasma recorre a Europa:  El espectro del comunismo. Contra este fantasma se han conjurado en santa  jauría, todas las potencias de la vieja Europa, el Papa y el Zar, Metternich  y  Guizot,  los radicales franceses, y los polizontes alemanes (Segundo Congreso de la Liga Comunista, del 29.11 al 08.12.1847)   

Habido conocimiento y conciencia de la existencia  de un significativo grupo de políticos  conocedores de las obras de Marx y Engels, así   también nos encontramos con una importante mayoría que  apoya o adversa esta  literatura, sin que en realidad hayan leído el famoso Manifiesto (1848), razón por la cual, se intentará hacer un  apretado resumen de este, en función de lograr que se le califique con la debida  propiedad, lo que además pudiese servir para estimular el estudio y la investigación sobre el socialismo científico y la política en general.

¿Qué ambiente político y social sirvió de marco  para escribir el Manifiesto Comunista?

En la primera mitad del siglo XIX, Europa  transitaba por la edad temprana del capitalismo liderada por su incipiente burguesía. Revoluciones como  la  Francesa habían contribuido a derrumbar los pilares fundamentales de las monarquías y sus aparatos feudales-esclavistas, así como por diversas actividades económicas, cuyo emblema central era la producción artesanal,   y ahora se pasaba a la era de otro tipo de explotación del hombre por hombre, caracterizada por la producción industrial a gran escala, donde la fuerza y talento de los trabajadores, jugaba un papel fundamental en los resultados obtenidos. 

Marx-Engels, sintetizan la situación que existía de la siguiente manera: 

“La burguesía (..) echó por encima del santo temor de Dios, de la devoción mística y piadosa, del ardor caballeresco y la tímida melancolía del buen burgués, el jarro de agua helada de sus cálculos egoístas.  Enterró la dignidad personal bajo el dinero y redujo todas aquellas innumeras libertades escrituradas y bien adquiridas a una única libertad: la libertad ilimitada de comerciar.  Sustituyó, para decirlo de una vez, un régimen de explotación, velado por los cendales de las ilusiones políticas y religiosas, por un régimen franco, descarado, directo, escueto, de explotación (..) La burguesía va aglutinando cada vez los medios de producción, la propiedad y los habitantes de país y concentrar en manos de unos cuantos  la  propiedad (..) Vino a ocupar su puesto la libre concurrencia, con la constitución política y social a ella adecuada, en la que se revelaba la hegemonía económica y política de la clase burguesa”

El origen del capital y del proletariado, es brevemente descrito:  

“En la misma proporción que se desarrolla la burguesía, es decir, el capital,  desarróllase también el proletariado, esa clase obrera moderna que solo puede vivir encontrando trabajo, y que sólo encuentra trabajo en la medida en que este alimenta e incrementa el capital. El obrero obligado a venderse a trozos, es una mercancía como otra cualquiera, sujeta por tanto, a todos los cambios y modalidades de la concurrencia, a todas las fluctuaciones del mercado. La extensión de la maquinaria y la división del trabajo quitan a éste, en el régimen proletario actual, todo carácter autónomo, toda libre iniciativa y todo encanto para el obrero”

De la lectura anterior, se interpreta que tanto la Liga de los Justicieros (Que precedió a la Liga de los Comunistas), como  Marx-Engels tenían suficientes razones que justificaban producir una propuesta de cambio profundo en la época histórica en que vivían. ES evidente, que de una manera visionaria, estos pensadores alemanes, visualizaron no sólo el presente sino el futuro de una sociedad dividida en clases donde los trabajadores carecían de medios de producción y de participación efectiva en la riqueza que ellos mismos generaban. Es en función de cambiar radicalmente esta situación que escriben el célebre manifiesto y otras importantes obras de carácter filosóficas,  políticas, económicas y sociales.   

¿Cuáles fueron los argumentos  debatidos entre los  ideólogos  de la burguesía y los planteamientos de Marx-Engels?

Preliminarmente examinemos brevemente  los argumentos actuales de la derecha en cualquier sitio donde se encuentre. Entre otras afirmaciones expresan: El  socialismo o comunismo, elimina la propiedad  privada, todo es del Estado,  las expropiaciones  lo que traen es la falta de estímulo para producir, y comercializar libremente los bienes y servicios,  se genera miseria para la gente. No hay libertad de expresión,   Las iglesias y las religiones desaparecen. En fin, no hay democracia. 

Del lado de la izquierda actual,  recostada algunas veces en la ignorancia o la complacencia de algunos de sus dirigentes, contestan: nosotros si defendemos la propiedad privada, la prueba está en que hemos dado viviendas, cocinas, neveras y otros bienes a los pobres. Aquí se protege la  libre empresa: mayoristas, importadores, fabricantes, detallistas, grandes cadenas de medios de comunicación, actúan libremente. En el caso venezolano, aplicamos el socialismo del S-XXI, lo que nos permite administrar PDVSA, MERCAL, PDVAL y   parte de las empresas del hierro y del acero. También hemos instalado algunas ensambladoras en alianza con China, Rusia e Irán. Lo que pasa es que vivimos en democracia,  y en  socialismo se vive mejor respetando la propiedad privada…

Pero.., ¿Que dice el “Manifiesto” (del  socialismo científico) sobre esta presunta polémica entre la derecha y la izquierda? 

“Hoy el poder público, viene a ser, pura y simplemente,  el consejo de administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa”

“Lo que caracteriza al comunismo no es la abolición de la propiedad en general, sino la abolición del régimen de propiedad de la burguesía, expresión última y las más acabada de ese régimen de producción y apropiación de lo producido que reposa sobre el antagonismo de dos clases, sobre la explotación de unos hombres por otros (..) Se nos reprocha que queremos destruir la propiedad personal bien adquirida, fruto del trabajo y del esfuerzo humano, esa propiedad que es para el hombre la base de toda  libertad, el acicate de todas las actividades y la garantía de toda independencia (..) La propiedad bien adquirida fruto del trabajo y del esfuerzo humano! ¿Os referís acaso a la propiedad del humilde artesano, del pequeño labriego, precedente histórico de la propiedad burguesa? No, esa no necesitamos destruirla; el desarrollo de la industria lo ha hecho ya y lo está haciendo a todas horas. ¿O queréis referiros a la moderna propiedad privada de la burguesía? Deciros ¿Es que el trabajo asalariado, el trabajo del proletario, le rinde propiedad? No ni mucho menos. Lo que rinde es capital, esa forma de propiedad que se nutre de la explotación del trabajo asalariado, que sólo puede crecer y multiplicarse a condición de engendrar nuevo trabajo asalariado, para hacerlo también objeto de su explotación. La propiedad en la forma que hoy presenta, no admite salida a este antagonismo entre capital y trabajo asalariado.

“El capital es un producto colectivo, y no puede ponerse en marcha más que por la cooperación de muchos individuos, y aún cabría decir que, en rigor de esta cooperación abarca la actividad común de todos los individuos de la sociedad. El capital no es pues un patrimonio personal, sino una potencia social (..) Los que por tanto aspiramos convertir el capital en propiedad colectiva, común a todos los miembros de la sociedad, no aspiramos a convertir en colectiva una riqueza personal. A lo único que aspiramos es a transformar el carácter colectivo de la propiedad, a despojarla de su carácter de clase”

Con estas afirmaciones y las que siguen, se desvirtúala la tesis de los ideólogos burgueses o de las “izquierdas” que  confunden la propiedad privada sobre los medios de producción, con la propiedad personal, siendo esta última representada por la tenencia de una casa, un vehículo, una nevera etc.  Bienes de uso que por sí solos no son sinónimo de capitalismo, y ellos en sí solos no representan la explotación del hombre por el hombre.  

“A lo que aspiramos es destruir el carácter oprobioso en que el obrero sólo vive para multiplicar el capital, en que vive tan sólo en la medida en que el interés de la clase dominante aconseja que viva (..) En la sociedad burguesa se reserva al capital toda personalidad e iniciativa; el individuo trabajador carece de personalidad (..) ¡Y a la abolición de estas condiciones, llama la burguesía la abolición de la personalidad y la libertad! Y sin embargo tiene razón, aspiramos, en efecto, a ver abolidas la personalidad, la independencia y la libertad burguesas. Por libertad se entiende, dentro del régimen burgués de la producción, el libre cambio, la libertad de comprar y vender” 

“Os aterráis que queramos abolir la propiedad privada ¡como si ya  en el seno de vuestra sociedad actual la propiedad no estuviese abolida para nueve décimas partes de la población, como que no existiese precisamente a costa de no existir para esas nueve décimas partes! ¿Qué es, pues  en rigor lo que nos reprocháis? Querer destruir un régimen de propiedad que tiene por necesaria condición, el despojo de la inmensa mayoría de la sociedad (..) El comunismo no priva a nadie del poder  de  apropiarse  productos sociales; lo único que no admite es el poder de usurpar por medio de esta apropiación el trabajo ajeno (..) Se arguye que, abolida la propiedad privada, cesará toda actividad y reinará la indolencia universal. Si esto fuese verdad,  ya hace mucho tiempo que se habría estrellado contra el escollo de la holganza, una sociedad como la burguesa en los que trabajan no adquieren y los que adquieren no trabajan. Vuestra objeción viene a reducirse, a una verdad que no necesita demostración, al desaparecer el capital, desaparecerá también el trabajo asalariado”

Como se puede inferir, la gran preocupación para Marx-Engels, era demostrar a la vez que combatir, dos hechos fundamentales: La explotación del hombre por el hombre, al ser considerada la fuerza y talento humano como una mercancía y la apropiación totalmente desproporcionada que hacen los dueños del capital de las riquezas que genera la fuerza y talento del trabajador.  Veamos un ejemplo de la situación actual en la mayoría de los países capitalistas: millones de obreros construyen edificios con excelentes comodidades, pero la inmensa mayoría de los trabajadores no puede adquirir ni el más pequeño de esos inmuebles, toda vez que sus salario no le permite ahorrar. En consecuencia, la clase trabajadora le toca alquilar o adquirir vivienda de poca calidad.

Con relación a la propiedad personal, ha quedado claro que esta no es  objeto de expropiación en un Estado socialismo o más adelante comunista. La propiedad que debe pasar a manos del colectivo es la que genera riqueza, es decir, los medios de producción, incluyendo aquellas tierras que son poseídas por terratenientes o usureros.

 Es de observar, que cuando la propiedad individual cumple un papel productivo, esta pudiese ser objeto de colectivización, como se desprende de la opinión del líder de la Revolución China, Mao Zedong:

“La revolución socialista tiene por objetivo liberar las fuerzas productivas. La transformación de la propiedad individual en propiedad colectiva socialista dentro de la agricultura y la artesanía, y de la propiedad  capitalista en propiedad socialista dentro de la industria y el comercio privados, libera necesariamente y en gran medida a las fuerzas productivas. Se crean así las condiciones sociales, para un inmenso desarrollo de la producción industrial y agrícola” (Discurso ante la Conferencia Suprema de Estado (25.01.1956) 

Con estas reflexiones, damos por concluida esta I parte de los comentarios al Manifiesto, quedando para la siguiente entrega, examinar algunos problemas relacionados con la superestructura de la sociedad o tratamiento de las condiciones subjetivas, contenidos que forman parte del Manifiesto escrito por Marx-Engels.


(yovic01@gmail.com)



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Yolí J. Núñez O.


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