El pueblo y la producción

El pueblo obligatoriamente debe ser propietario de la producción y no asalariado de unos voraces agiotistas explotadores. Debemos acelerar y profundizar los cambios revolucionarios y poner todas las unidades de producción social de primera necesidad, incluidas las privadas en manos del pueblo. Pero, ¿cómo se podrá convertir el pueblo en verdadero y activo dueño de la propiedad social? Para conseguirlo será preciso conceder, a los colectivos de trabajadores, amplias posibilidades de administrar el patrimonio social y lograr que ellos asuman mayor responsabilidad por su utilización efectiva; asegurar la participación de las vastas masas de trabajadores en la gestión económica a todos los niveles: desde la agricultura y la fabrica hasta la economía nacional. Será preciso conseguir que los ingresos de los trabajadores dependan de los resultados de su propio esfuerzo laboral, del trabajo de la empresa y, en resumidas cuentas, del estado de cosas en todo el país, en general, estos ingresos deben depender de los resultados finales.

La democratización de la economía socialista está indisolublemente ligada a que, además de la propiedad social, se utilicen activamente diversas formas de cooperación y de actividad laboral. Se debe también reconsiderar a fondo la relación entre la planificación centralizada de la economía nacional y la autonomía de algunos de sus eslabones, entre el plan y las relaciones monetario-mercantiles. Partiremos de su unidad dialéctica y de su intercomplementariedad en el sistema integral de gestión económica. En el nuevo mecanismo económico, esta tarea se debe realizar, particularmente, valiéndose de las normativas económicas. El paso a éstas permite materializar más plenamente las objetivas premisas de la unidad de intereses del pueblo, el colectivo y el trabajador, premisas tan propias del socialismo.

En concordancia con la interpretación científica del socialismo, de su sistema económico forman parte orgánica las relaciones monetario-mercantiles. Su empleo hábil a través de los precios y las palancas financiero-crediticias; la dominación paulatina del mercado interno y el control sobre él teniendo en cuenta sus leyes; el afianzamiento del Bolívar y su poder económico, contribuirán a eliminar el mecanismo de gastos irracionales, a consolidar el socialismo. Desde luego, el uso de las relaciones monetario-mercantiles en el sistema de administración económica y de consumo con las ventajas que la planificación de la economía reporta, es una tarea más compleja que la de dar órdenes y directivas. Los administradores de nuestra económica han de cumplirlas. La emulación económica y la implantación de los principios de concurso son puntos claves para impulsar las fuerzas motrices del socialismo.

En una palabra, partiendo de las necesidades del desarrollo del pueblo venezolano en la etapa actual, debemos interpretar de modo nuevo las formas económicas del socialismo para dar campo libre a la reforma radical del mecanismo económico. Para ello es necesario pasar —a todos los niveles— de unos métodos de dirección esencialmente imperativos a unos métodos basados en criterios económicos, democratizando la dirección y potenciando el factor humano. Tal paso implica:

—Primero, ampliar el margen de autonomía de las empresas de propiedad social, implantar en ellas el régimen de autogestión financiera, elevar su responsabilidad por la consecuencia de máximos resultados finales y por el cumplimiento de los compromisos contractuales; hacer que los ingresos colectivos dependan directamente de la eficiencia de su trabajo; promover la contrata colectiva en las relaciones laborales.

—Segundo, democratizar el sistema de dirección, excesivamente centralizado y sujeto a la fuerza de orden; desarrollar la autogestión, crear estímulos susceptibles de potenciar el factor humano, delimitar estrictamente las funciones entre el Gobierno y la administración económica, cambiando el estilo y los métodos de su actividad.

La reforma radical del mecanismo de gestión se empieza desde el eslabón principal de la economía —la empresa y la agrupación laboral—, teniendo en cuenta crear en primer término el medio económico más favorable para aquél, refrendar sus derechos y simultáneamente elevar la responsabilidad, introduciendo sobre esta base cambios radicales en la actividad de todos los eslabones superiores del mecanismo de gestión. Determinando tales prioridades de la reforma, nos regiremos por el hecho de que en éste eslabón precisamente se desenvuelven los fundamentales procesos económicos, precisamente aquí, con el trabajo de los trabajadores, se crean la producción y los servicios que necesita el pueblo, se materializa el pensamiento científico-técnico. Precisamente en el colectivo laboral se forman las relaciones económicas y sociales, se entrelazan los intereses del pueblo: individuales, colectivos y sociales. De hecho, el clima político y social se debe en sumo grado al ambiente que se crea en los colectivos laborales.

Se cubren prácticamente todos los gastos. La venta de los artículos producidos, de hecho, está garantizada. Y lo más importante: los ingresos de los trabajadores dependen deben depender del resultado final del trabajo colectivo: el cumplimiento de los contratos, la calidad de la producción, la ganancia. En resumidas cuentas, la situación es la siguiente: en el marco del presente mecanismo capitalista, al productor no le es ventajoso utilizar materia prima y productos baratos, ni elevar la calidad de la producción, ni tampoco implantar logros del progreso tecnocientífico.

Tenemos que llevar a la práctica aquello ya reconocido como imprescindible, a saber: la empresa misma, partiendo de las demandas reales del pueblo, se elabora su plan de producción y de comercialización de lo producido. Tal plan debe basarse no en una infinidad de tareas minuciosamente formuladas por organismos superiores, sino en directas solicitudes de organizaciones estatales, empresas y organizaciones comerciales autofinanciadas, solicitudes sobre artículos concretos, de calidad y cantidad determinadas. Dado que han cambiado los enfoques a la planificación, surge el problema de la esencia y destinación de las cifras de referencia. Ellas deben orientar a las empresas en la situación económica. Para cumplir esta misión, las cifras de referencia han de reflejar la necesidad social de la mercancía que la empresa fabrica, el nivel mínimo de eficacia, las tareas de índole social, es decir, situar a la empresa en el necesario nivel de desarrollo.

El paso de las empresas de propiedad social y agrupaciones a la autocompensación y a la autofinanciación deviene la exigencia fundamental. Esto significa que ellas deben cubrir con los medios ganados los gastos corrientes, incluido el salario, hacer inversiones para ampliar y reconstruir la producción, para impulsar el desarrollo social de los colectivos laborales. Al propio tiempo, a las empresas se les deben conceden amplias posibilidades de utilizar racionalmente el crédito bancario. Por consiguiente, el colectivo laboral debe asumir plena responsabilidad económica por el resultado de su trabajo. Hay que garantizar a las empresas la posibilidad de comprar, con el dinero por ellas ganado, todo cuanto se necesita para fabricar la producción, realizar la construcción y la reconstrucción, resolver los problemas sociales. Impulsar fuertemente la iniciativa de los trabajadores en el paso de los colectivos laborales a la autogestión, en que ellos resuelvan por sí solos los problemas de la organización interna de la producción e inclusive elijan a los jefes. Así concebimos en rasgos generales el nuevo mecanismo de administración económica en las empresas y agrupaciones socialistas.

Nos preguntamos si algún funcionario o gerente de los Súper Mercados Bicentenarios, nos puede explicar porque en esos mercados para el suministro de alimentos a precios económicos para el consumo del pueblo pobre, son más costosos (con excepción de los pocos producidos por las empresas socialistas) allí que en los negocios de la empresa privada. El Comandante Presidente fundó esos mercados para abaratar la comida y en los enseres domésticos de uso diario con precios baratos para que el pueblo tenga acceso a los mismos. No será que alguien se está metiendo la diferencia en el bolsillo.


¡Gringos Ho Home!

¡Libertad para Gerardo!

¡Libertad para los cinco héroes de la Humanidad!

Hasta la Victoria Siempre. Patria Socialista o Muerte.

¡Venceremos!


manueltaibo@cantv.net


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Manuel Taibo


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