El fin de Chávez, ahora sí

La oposición amaneció el 27S anunciando el fin de Chávez. No es la primera vez que lo hace. El 11 y 12 de abril de 2002, bajo el influjo hipercarismático de Pedro Carmona Estanga, lanzó lecos parecidos que acariciaron los oídos de Washington, Madrid y Bogotá. El día 13 despertó afónica, en medio de un vasto silencio mediático. Al que creía bien muerto, despachaba desde Miraflores. 

 En 2004 volvería a cantar los funerales del supuesto difunto de sus tormentos. La recolección de firmas para el referéndum revocatorio le inyectó una euforia funeraria. Era cuestión de colocar los candelabros y prender el velorio. La derrota en las urnas la dejó como capilla sin santo. La oposición enterradora casi fue enterrada.

 El estribillo mortuorio –o sea, el fin de Chávez- se volvería a oír en 2007. Manuel Rosales, especie de viejo Caronte maracucho, sería el encargo de llevarse a los infiernos, en su lúgubre barco fantasma, el alma del odiado finado. La felpa que se llevó –con 7 millones 300 mil votos- todavía hace relampaguear al Catatumbo y no sólo por la noche.

 La reforma constitucional, con una victoria pírrica, alborotaría otra vez a celadores de cementerios y plañideras. Ahora si era verdad, de ésta no lo salvaba nadie. Es el fin, el fin. Sólo que en la reforma el cargo del Presidente de sus rencores no estaba en juego, como no lo estaba ningún otro poder. El muerto que ya creían despachar colocó sobre la mesa el as de la enmienda de la Carta Magna. La paliza impresionó hasta las almas en pena y a los cadáveres insepultos (Rómulo dixit) que hacen vida –o muerte- en eso que llaman la MUD.

 Así, entre funerales truncos y velorios inconclusos, llegamos al 2010. El chavismo obtuvo 98 diputados y la oposición 65. A pesar de esos resultados, volvieron a invocar al camposanto. “El fin esta cerca”, repiten como esas letanías que algunos religiosos te lanzan en la puerta de tu casa un domingo por la mañana, sin todavía cepillarte. Es que no te dan tiempo porque, según ellos, el apocalipsis no espera.

 Apocalíptica amaneció la oposición el 27S. Este es el fin Chávez, anuncian algunos muertos resucitados y anclas de canales a los que les encanta un muerto. Los analistas sacan todos sus guarismos, excepto aquellos que aparecen en forma abrumadora cuando el cargo de Chávez está en juego. En este caso, jamás Hugo Chávez ha perdido una elección, antes bien, todas las ha ganado con holgura.

 Otra vez, la oposición embiste contra el recurrente espejismo que se fabrica. Los números del 26S le bailan, saltan, bajan, suben. La emoción obnubila a los jerarcas de ese cotarro político. Y vuelve, inapelable, la trillada sentencia: “Este es el fin, recoge tus cosas”. Se me ocurre que a Chávez, para acercársele votos presidenciales,  hay que agarrarlo en frío, confiado, sin ninguna elección previa cuyos resultados no le sean satisfactorios. Si el hombre viene picado de culebra, olvídense.

 El 26S Hugo Chávez obtuvo la mayoría de la Asamblea Nacional, pero dejó  una mapanare enrollada, en posición de ataque. Esos resultados activan todas las fibras del comandante y lo hacen un adversario formidable, como lo reconoció un cura que esperó la Carmonada para declararse adeco en Miraflores. A la MUD, más le habría valido no activarlo y tensar todos sus músculos. En 2012, si llega el fin, no será para Chávez. Más de un enterrador bajará a su sepulcro.

 P.S: Vladimir Villegas, como operador político, acabó en Lara con Henry Falcón y el PPT, todo en un santiamén.

earlejh@hotmail.com



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Earle Herrera

Profesor de Comunicación Social en la UCV y diputado a la Asamblea Nacional por el PSUV. Destacado como cuentista y poeta. Galardonado en cuatro ocasiones con el Premio Nacional de Periodismo, así como el Premio Municipal de Literatura del Distrito Federal (mención Poesía) y el Premio Conac de Narrativa. Conductor del programa de TV "El Kisoco Veráz".

 earlejh@hotmail.com

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