Revisemos la Revolución o perdemos el futuro

Creo que desde nuestras respectivas instancias y lugares de enunciación debemos propiciar una jornada profunda de debate y evaluación del estado de la propia Revolución. Ello implica analizar el papel del PSUV y de la alta dirigencia de la Revolución. Ya no podemos seguir “engatillados” ni utilizar la excusa del “seamos estratégico” (que en ocasiones muy diversas se parece a ser cómplices); es ahora o nunca. Siento que si no se hace ese proceso profundo de revisión a lo interno de la Revolución, no  tendríamos mucho que celebrar para el 2012. Uno de los graves problemas de nuestro proceso es que la alta dirigencia de la Revolución confundió lo político con lo electoral. Electoralmente un proceso puede ser eficiente y cumplir sus cometidos, lo cual no le garantiza forzosamente éxitos a nivel político; el asunto es que se debe trabajar sobre la base de un plan político claro, que no electorero.  No discutir eso y seguir adelante a fuerza de visiones electorales de corto alcance político es gravísimo para el devenir de nuestro proceso.

Ya Juan Carlos Monederos había adelantado algo respecto al híperliderazgo de Comandante Chávez. Eso también debe ser revisado. Una revolución es un asunto de pueblo, de protagonistas, de voces dispares unidas por un mismo sentimiento de lucha. No se resume-sintetiza en una corporeidad, en un súper hombre. Hay que darle chance a nuevos protagonistas populares, cosa que el PSUV se encargó de matar toda vez que la mayoría, casi la totalidad de candidatos a diputados por el PSUV en las regiones, están ligados íntimamente al poder regional de los Gobernadores y en algunos casos de los alcaldes; o sea, las iniciativas populares fueron barridas literalmente por la maquinaria del PSUV; eso es quebrarle el espinazo al pueblo.

La derecha no avanzan, nosotros retrocedemos. En la medida en que cosas como las que menciono en el párrafo anterior se dan, en esa misma medida restamos posibilidades a la trascendencia política del proceso revolucionario. En Bolívar, en el municipio Heres (Cd. Bolívar) un señor campesino creyó que podía ser candidato a diputado por el PSUV. El señor tenía un cuadernito a rayas y en la cola de un centro electoral tomaba un pedazo de hoja del cuadernito, la arrancaba y colocaba a lápiz el número que le habían asignado en la boleta electoral, luego se lo entregaba a los votantes. El viejito, camisa roja roída, decía: “Camarada vota por mí para llevar la voz del pueblo a la Asamblea”. Mientras que los dos candidatos del Gobernador en el Circuito 1 del estado Bolívar tenían propaganda política a todo color y toda una maquinaria bien aceitada dispuesta para ellos; ¿cómo le llamamos a eso?, ¿será ventajismo del más burdo y vil? Camaradas, todos sabíamos los resultados de antemano. A ese viejito, al igual que muchos venezolanos, se le dijo que sí podían, que ellos tenían la posibilidad de ser candidatos a la Asamblea por el partido de la Revolución; lo que no se le dijo al viejito fue que a unos se les da un apoyo institucional-gubernamental y a otros no. Convidados de palo, se disfraza la representatividad con perfumitos (discursivos) de participación, sobre todo desde las instancias del Estado en sus diferentes dimensiones. Eso debe cambiar. Querer la Revolución implica pensarla, analizarla, discutirla, ponerla en cuestión. Lo demás es seguidismo, mesianismo, ideología oportunista. El debate o se abre o la Revolución pende de un hilo. De no enmendar rumbos, de no fortalecer realmente el poder popular, de no generar una lógica constituyente que logre incluir al pueblo como sujeto decisor del destino político nacional, puede que la Revolución sea su propia némesis, que se engulla a sí misma. Afortunadamente la derecha venezolana es torpe a más no poder y en términos dialécticos es nuestra mejor aliada.

Debemos revisar hasta qué punto un Diosdado Cabello puede seguir siendo referente de la Revolución, ni decir de un Jesse Chacón y su hermano rico que forjó una fortuna en nombre del pueblo. Fuimos “estratégicos” y no dijimos nada respecto al hermanito de Jesse. No me gusta ese tipo de estrategia que solapa disparates y corruptelas. Hasta qué punto un Mario Silva es útil a los intereses de la Revolución y del pueblo. Un señor que ha salido “raspado” en cuanta contienda electoral ha participado. Hay que analizar esos casos puntuales. El caso de Mario es paradigmático: tiene a su favor VTV, al Presidente, tiene la maquinaria pero aún así no logra conectar electoralmente con el pueblo. Pero es un “intocable”, es uno de los “elegidos”. Debemos revisar eso,  sobre todo si queremos darle nuevos bríos a la Revolución. Mario es rechazado por el pueblo (electoralmente así es) y eso debería (uso el condicional adrede) ser un calibrador a considerar, sobre todo cuando es uno de los emblemas de la Revolución: pilas con el mensaje político que está enviando la Revolución. ¿Por qué mantener a estos cuadros que no son cuadros? Dejo esa interrogante por ahí.

El siempre preclaro Fidel tenía razón aquella vez cuando le decía al comandante Chávez que en Venezuela no había 4 millones de oligarcas. No sólo que no hay 4 millones, sino que no hay 5 millones de oligarcas que fue la última estimación de votos que sacó la derecha nacional el 26-S. No revisar eso sería otro error. Ya el camarada Fidel lo alertaba hace un par de años.

La eficiencia revolucionaria que demandaba El Che es prioritaria para mantener la llama de la Revolución en alto. Eficiencia que está años luz de instituciones como las Empresas Básicas, el BIV, CADIVI, la mayoría de los ministerios, MERCAL, la UNEFA, Misión Sucre, UBV (estas últimas sólo preocupadas en graduar sin mayor sentido político estratégico, sin mayores competencias académicas y políticas, y con grandes deficiencias estructurales que de por sí merecen un capítulo aparte sólo para tratar ese tema). Estas tres últimas instituciones educativas (asumiendo a la MS como institución, que no se sabe qué es a ciencia cierta) siguen la misma lógica electoral que la Revolución, que no política. La gente que vote, la calidad educativa y la formación ético-política es lo de menos: que voten, eso es lo realmente “trascendental”, lo demás es ñapa. Grave error.

La lista es larga. Los viejos problemas siguen y se entiende que muchos de ellos son estructurales: pobreza, delincuencia, viviendas, etc. Pero qué planes serios y a corto, mediano y largo plazo está llevando a cabo la Revolución. El tiempo pasa, 11 años no son nada, pero alguito se pudo hacer para amainar esas problemáticas o por lo menos para planificar proyectos concretos en función de trabajar esos problemas.

Finalmente, es menester de todo revolucionario abrir la boca y decir a verbo duro qué  siente, cómo siente y qué propone en función de darle un viraje sustancial a la Revolución. No debemos permitir que vivarachos y vividores continúen haciendo plata en nombre de la Revolución. No debemos permitir que la corrupción y la ineficiencia nos sigan erosionando el proyecto de país consagrado en la Constitución. O decimos (debatimos, discutimos, analizamos y avanzamos) o nos toman por sorpresa. Es esta la hora y no otra. Debemos mirar qué hicimos y qué dejamos de hacer. No voy a enumerar los logros de la Revolución, son visibles y  diversos; pero seguramente, podemos hacer más. No creamos que los medios únicamente son artífices del avance de la derecha, en nuestro nuestros errores encuentro más razones para entender los porqués de tal avance, que más que avances, como ya dije, son retrocesos nuestros.


leoperozo@hotmail.es



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