¿Por qué no subastamos el petróleo?

La subasta es una modalidad mercantil según la cual el vendedor pone
unilateralmente un precio mínimo a su oferta, y termina vendiéndola al
mejor postor. Ni qué decir que el precio final de compraventa suele no
guardar relación alguna con el valor trabajo depositado en la mercancía
subastada. El precio de subasta suele ser muy superior al valor trabajo.

La subasta es común en el mercado de exquisiteces, de rarezas, de
antigüedades y de connotadas obras de arte. Pero también subasta sus
mercancías todo aquel comerciante que por alguna razón disponga de
inventarios restringidos. Esta es precisamente la coyuntura favorable para
que subasten los países productores y exportadores de petróleo, los cuales
en paralelo y por ahora terminan vendiendo sus hidrocarburos a un precio no
fijado por ellos ni recibiendo una paga arbitrariamente disponible. De
hecho, estos países exportadores se han dedicado más a rematar sus
existencias que a venderlas a mejor precio o al mejor postor.

La fijación de los precios del petróleo siempre ha respondido a un algoritmo
exógeno, manipulado unilateralmente por intermediarios y compradores
finales. Ambos se apoyan en la tradicional debilidad de los países dotados
de este recurso en cantidades que escapan a su aplicación inmediata y
además son deficientes en su defensa frente a la infinita codicia de
terceros.

Y como si fuera poco, "de pasa palo", en cuanto a la paga recibida por esos
energéticos y otros recursos no menos vitales para el mundo industrial en
funciones, esa paga termina transmutándose en trueque de variopintas
mercancías obligatoriamente importadas de los mismos países compradores de
petróleo.

Coadyuvan al envilecimiento de los precios del petróleo, favorables a
compradores y usuarios finales, la venalidad inscrita en la mentalidad de
los gobernantes modelados por el colonialismo pillo e inmoral que durante
400 años terminó prostituyendo la mente de los pobladores de estos países,
como Venezuela. Un envilecimiento que ha producido de todo menos gente
honrada a la hora del desempeño de funciones burocráticas.

Cuentan los mediáticos de la Historia de Venezuela que la vitoreada "Guerra
de Independencia" nuestra" fue más bien una vulgar y sanguinaria "Guerra
civil", fratricida, parricida y matricida, entre los burócratas realistas
y peninsulares, y los aspirantes a la "teta" burocrática en la persona de
sus familiares no nacidos en la "madre patria". Con semejantes antecedentes
culturales sólo un optimismo exacerbado dejaría algunas esperanzas para el
advenimiento de gobernantes con otra mentalidad más autónoma frente al
rematador de nuestros recursos.

Por eso y más, proponemos un cambio radical en los mecanismos de
compraventa del petróleo fincados en la posibilidad de subasta y no de
precios predeterminados por un inexistente mercado libre, realmente
gobernado por terceras personas, y que ha contado con la anuencia
negligente o ingenua de gobernantes ávidos de poder, de fama y de mucha
riqueza personal.


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Manuel C. Martínez M.


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