Teodoro Petkoff o “el futuro ya no es como antes”.

Tronó Teodoro en su editorial de Tal Cual (12-2-2008), dedicado a este humilde mortal. Su lectura no puede menos que traernos evocaciones del ocurrente beisbolero Yogi Berra, como esa referente al futuro. Comienza Teodoro con la aparente gallardía y galanura de un “viejo amigo y compañero”, según sus propios términos. Pero, acto seguido, no faltaba más, descarga su conocido y muy nutrido arsenal de pretendidas descalificaciones con que empapa su libelo. “Necio, absurdo…hablador de bolserías y bravuconadas”, nada más y nada menos, son las manifestaciones de amistad de este “viejo compañero”. Un verdadero estruendo jupiteriano en día despejado. O quizá más bien ¿un resoplido por la herida? Pues ¿qué sentido tiene el ilustrar sus dicterios con una composición fotográfica presentándonos a Rafael Ramírez y a mí, luciendo el sombrero que simboliza tradicionalmente al buen Tío Sam? ¿Acaso como agentes de sus admirados Estados Unidos de Norteamérica?

Llama la atención, y mucho, su rabia ante la posición que hemos asumido frente a las embestidas que, contra Venezuela, ha emprendido Exxon-Mobil, la más poderosa empresa petrolera del mundo. Uno de esos símbolos contra los que, con tanto vigor antiimperialista embistiera nuestro “viejo amigo y compañero” Teodoro Petkoff, en tiempos de los cuales él ya no quisiera acordarse. Aparte de la desoladora vaciedad conceptual que se evidencia en su editorial, no deja de causar cierto asombro la ignorancia, no importa si real o aparente, con que opina acerca del tema.

Teodoro Petkoff juró solemnemente frente a su jefe Rafael Caldera, cumplir y hacer cumplir fielmente la Constitución de 1961, vigente cuando fue designado Ministro de Planificación de aquel gobierno. Esa Constitución, cuyo Artículo 127 establecía que: “En los contratos de interés nacional, si no fuere improcedente de acuerdo con la naturaleza de los mismos, se considerará incorporada, aun cuando no estuviere expresa, una cláusula según la cual las dudas y controversias que puedan suscitarse sobre dichos contratos y que no llegaren a ser resueltas amigablemente por las partes contratantes serán decididas por los Tribunales competentes de la República, en conformidad con sus leyes, sin que por ningún motivo ni causa puedan dar origen a reclamaciones extranjeras”. Pues bien, el hecho es que su jefe, Rafael Caldera, en cuyo gabinete nuestro “viejo amigo y compañero” llevó la voz cantante durante los sombríos días de la apertura petrolera, introdujo en el extinto Congreso de la República unos Convenios petroleros que establecieron en su Cláusula Décima Séptima, la siguiente disposición: “El modo de resolver controversias…y que no puedan dirimirse por acuerdo entre las partes, será el arbitraje, el cual se realizará según las reglas de procedimiento de la Cámara Internacional de Comercio, vigentes al momento de las firma del Convenio” Esta cláusula, grosera y grotesca traición del juramento constitucional, perpetrada por ese gobierno al que con tanto entusiasmo sirvió Teodoro Petkoff, es en la que está sosteniendo su principal argumento la Exxon-Mobil . Y fue su jefe, Rafael Caldera, quien eliminó regalías y redujo impuestos a los grandes consorcios extranjeros. Que entregó un país con el barril en siete dólares y en trance de nuevos endeudamientos. Si el término “traición” hiere los tiernos afectos de Teodoro Petkoff ¡pues póngale uno de los tantos adjetivos de estilo que almacena en su delicado lenguaje!

Pero además, nuestro “viejo amigo y compañero” oculta que, en numerosas intervenciones públicas, en el Congreso y artículos de prensa, denunciamos los groseros atropellos contra la Constitución, contra las leyes y contra los más elementales intereses del país, perpetrados por su gobierno. Lo que hoy quiere ser retorcido para volverlo contra quienes lo combatimos.

Ignora, vaya usted a saber por qué, el hecho público de que junto al Dr. Agustín Calzadilla y varios otros juristas, redactamos e introdujimos un recurso de nulidad por inconstitucionalidad e ilegalidad ante la vieja Corte Suprema de Justicia que, luego de extender plazos y guardar un ominoso silencio, finalmente dictó una sentencia pocos días antes de lo que ya se veía como inevitable: el triunfo arrollador de Hugo Chávez en las elecciones de diciembre de 1998. Esa sentencia deberá guardarse en los anales jurídicos de esta nación como la más colosal desvergüenza en la administración de justicia, al darle su aval a todas las tropelías de la apertura. ¿Acaso también ignoraba esto el “viejo compañero y amigo”?

Y ¿qué es lo que ha hecho el gobierno de Hugo Chávez una vez asumida la Presidencia? ¿No ha sido acaso restablecer el principio de soberanía en la administración de justicia en aquellos contratos de nítido interés nacional como lo son los contratos petroleros? ¿Ignora Teodoro Petkoff que casi todas las empresas aceptaron las justas proposiciones planteadas por la administración del Presidente Chávez, incluyendo el establecimiento de regalías del 30% y no ese irrisorio 1% que negoció su jefe y guía? ¿Ignora Teodoro Petkoff que la única empresa que se ha negado a aceptar la disposición constitucional, tanto del 61, como del 99, ha sido su muy favorecida Exxon-Mobil?

Con razón se ha afirmado que la ignorancia es lo más atrevido que se conoce en el ser humano y, hay que decirlo, lo más irresponsable cuando se trata de endilgarle a otros su propia “bolsería”. Como decía Yogi Berra “Tienes que ser muy cuidadoso si no sabes a donde vas, pues puedes terminar en otra parte” Es lo que le ocurre a los ruidosos cohetes sin rumbo.

ali.rodriguez@gmail.com


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Editorial de Tal Cual

Teodoro Petkoff: “Traición a la patria”


Alí Rodríguez, embajador en Cuba, vuelve con el cansón y ya inocuo ritornello de la “traición a la patria”. En épocas más serias de la historia patria una acusación de ese calado podía tener consecuencias penales graves. No es poca cosa traicionar a la patria. Ya no. La retórica oficialista ha banalizado el tema hasta el punto de quitarle toda mordiente. Sin embargo, algunos, como Alí, todavía engolan la voz para lanzar el terrible anatema. Para Alí todo lo que está pasando con Exxon tendría su origen en los contratos firmados durante el gobierno de Caldera con las transnacionales que habrían de participar en la explotación de la Faja del Orinoco. Estos contratos establecen que las controversias que pudieren surgir entre las empresas y Pdvsa, y no fueren resueltas en negociaciones directas entre las partes, serían llevadas a la Comisión Internacional de Arbitraje.

Que Exxon haya llevado el caso a arbitraje sería culpa, pues, del gobierno de Caldera, el cual habría incurrido en “traición a la patria”. Esta aseveración, con el debido respeto a mi viejo amigo y compañero, es tan necia y tan absurda como, por ejemplo, la que sostiene que Chávez es Presidente de Venezuela porque Caldera sobreseyó su causa en 1994. Pero vamos por partes.

Si el oficialismo piensa como Alí Rodríguez, podemos entonces, preguntar por qué en nueve años el gobierno rrrrrrrevolucionario no ha hecho nada para denunciar y modificar esa claúsula de los contratos. Alí mismo fue ministro de Energía y Petróleo, luego representante de Venezuela ante la OPEP e incluso desempeó la Secretaría General del cártel y después asumió la presidencia de Pdvsa. Si desde esas posiciones, las más importantes en la institucionalidad petrolera del país, Alí no hizo nada para cambiar la claúsula y, peor aún, jamás dijo nada públicamente sobre la situación que ahora denuncia, es forzoso concluir que es cómplice en el presunto delito de traición a la patria del cual acusa al gobierno de Caldera. Quien teniendo conocimiento de un delito, no hace nada que precaverlo es tan responsable como quien lo comete. De modo que, utilizando la misma lógica de Alí Rodríguez, este debe ser calificado de “traidor a la patria” y el Tribunal Disciplinario del PSUV debe proceder a juzgarlo, sin necesidad de acusación formal contra el presunto traidor sino por mera notitia criminis.

Más aún, el ministro y presidente de Pdvsa, Rafael Ramírez, estaría incurso en el mismo delito de “traición a la patria” porque ha dicho, utbi et orbi, que Pdvsa comparecerá ante la Comisión Internacional de Arbitraje, asistida, nada menos, que por uno de los bufetes más arrechos del imperio, lo cual implicaría una doble traición por el desprecio que significa hacia nuestros juristas endógenos.

Dejen Alí y su jefe de hablar tantas bolserías y de lanzar tantas bravuconadas, que sólo dañan la causa de la Nación, y asuman la conducta seria y responsable que exige un pleito de esta envergadura.


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Ali Rodríguez Araque

Embajador de la República Bolivariana de Venezuela en Cuba

 prensaembavenezcuba@gmail.com

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