Cien años de oscuridad

A Federico Ruiz, quien aportó la idea…

Tengo días tratando de escribir algunas líneas, pero cada vez que me siento frente a la computadora e intento encenderla, no sé quién desde qué ente gubernamental encargado de espiarnos a través de los bombillos cubanos me sabotea la vaina.

Puede que sea desde Guri, desde la sede del SEBIM o desde quién sabe dónde habite, ese sensor desconocido se adelanta a mis pensamientos y baja un breque que deja a oscuras a toda la ciudad. Sin ir más lejos, entre ayer y hoy se ha ido cuatro veces la luz y cada corte excede las tres horas, sin incluir en este número las interrupciones que sólo duran algunos segundos y de las cuales por insignificantes, he perdido la cuenta aunque mi nevera acalorada e inservible piense lo contrario.

Digo que es conmigo la cosa porque a pesar de que todos mis vecinos se ven afectados, yo me lo tomo a título personal. ¡No es posible tanta eficacia gubernamental!, tanta "eficiencia o nada" (¡pero para el mal, of course!) me abruma.

Intento digerirlo pero me resulta inverosímil, que con puntualidad inglesa el tipo ése -el que maneja el switchesito-, no más se entera de mis deseos de escribir se despereza, estira con parsimonia todo su cuerpo y sin levantar las posaderas de su asiento, gira la silla unos 90 grados, baja el dedo y corta la corriente.

Antes, cuando estaba Motta Domínguez a cargo uno sabía a quién teledirigir las mentadas de madre, pero ahora el objetivo se ha disuelto, se diluyó, se hizo etéreo y el madrazo se deshace contra un galvanizado anonimato.

De un momento a otro nos quedamos sin iguanas, sin zamuros y sin rabipelaos, que de tanto culparlos, pasaron de pertenecer a la lista de los criminales más buscados (por ser los causantes de los apagones), a engrosar la lista roja de los animales en peligro de extinción. Pero nosotros, más optimista que fanáticos de los Tiburones de La Guaira, esperamos pacientemente a que éste año la situación se arregle por intercesión divina… será.

Desde el 7 de marzo del año pasado -cuando ocurrió el megaapagón-, las interrupciones del sistema eléctrico no han cesado. Ya no tardamos es cierto cinco, siete días sin recuperar el fluido eléctrico, pero es una ladilla estar siempre con la angustia de adivinar cuándo ocurrirá el próximo corte.

Ya no hablamos del fenómeno de "El Niño", nadie en nombre del gobierno se toma la molestia de adelantar una nueva excusa. Ante la debacle del parque termoeléctrico y sin otra opción que sobreexplotar el embalse de Guri llevándolo casi que hasta el colapso, nos hemos quedado estacionados en la "guerra económica" como la explicación más erudita.

A nadie en un gobierno tan "creativo" como éste se le ocurre pensar que, las políticas energéticas erráticas, la desinversión, la corrupción de los encargados de la dirección de las empresas del Estado, la falta de mantenimiento, la obsolescencia de la infraestructura, el sabotaje constante del sistema interconectado nacional, la deserción de gran cantidad de trabajadores altamente especializados y entrenados, los bajos sueldos que originan la diáspora del personal capacitado, pero sobre todo EL AUMENTO EN EL PATRÓN DE CONSUMO DE ELECTRICIDAD DEL VENEZOLANO que mal que bien ha mejorado su poder adquisitivo y ha adquirido aires acondicionados, neveras y otros electrodomésticos con los que antes no contaba, han incidido directamente sobre el déficit eléctrico que hoy se piensa paliar a base de un descocado racionamiento.

Tenemos que reconocer que la permanencia de un grupo de ejecutivos y gerentes altos y medios -desafectos al gobierno y en plan saboteador kamikaze-, aún hoy a cargo de la corporación Eléctrica Nacional tienen al pueblo contra las cuerdas, entendiéndose así el por qué del bien ganado mote que ese mismo pueblo les ha colocado de ¡CORPO-AD!

Pero Caracas es otro mundo y allí nada les afecta, o al menos el mal se atenúa. Mientras el resto del país se convierte en una tierra agraviada, los caraqueños coterráneos del Presidente, no tienen ni idea de lo que se vive en los territorios pegados a la frontera.

Por acá subsistimos hastiados de la crisis eléctrica. Interrupciones en el fluido de hasta 12 horas que se producen dos, tres o más veces por día nos dejan con la oscuridad sembrada en el alma.

Maltratados hasta la ceguera, los servicios públicos colapsan. Sin agua potable, sin gas, sin internet ni gasolina, fallan las líneas de telefonía fija y celular, las calles se quedan sin semáforos, se dificultan las transacciones electrónicas, se convierten en una odisea las operaciones más sencillas.

Consuelo de tontos es que aquí en Mérida a diferencia del llano o del Zulia no padecemos el sofocante calor de la zona tórrida y no dependemos de aparatos de aire acondicionado o de ventiladores para evitar sufrir un soponcio en los hogares, en el tráfico o en nuestros sitios de trabajo. Me imagino que a la gente de esas poblaciones la cotidianidad térmica les resulta una bochornosa tortura china que les empuja cada vez más hacia Caracas.

El país entonces se debilita entre la hemorragia migratoria y los desplazamientos intestinos, quedándose vacío e improductivo la mayor parte de nuestro territorio. Buscando un mejor clima y unos servicios públicos elementales ligeramente más aceptables, los que vivimos en las orillas de la patria, es decir los de fuera del Distrito Capital y de su zona de influencia -los estados Miranda y La Guaira-, estamos destinados a la resignación.

Los ciudadanos de Mérida, Trujillo, Táchira, Zulia, Barinas, Portuguesa, Guárico, Monagas o Nueva Esparta, no pegamos una, estamos condenados a vivir "Cien años de oscuridad".

La falta de energía eléctrica trae además de tinieblas, la paralización del sistema de bombeo de agua potable y ciudades como la nuestra se queda por días sin una gota del vital líquido. Sin gas para preparar sus alimentos la gente acude a las hornillas eléctricas y con tanta falla de energía terminan (los que pueden) como en el siglo XIX utilizando leña. Mientras tanto, en otra maravillosa decisión el gobierno resuelve gastar un realero en arreglar la ciudad para el festejo: las "Ferias del Sol".

¿Quién coño es el Ministro de Salud?, ¿Es que acaso este señor desconoce que la epidemia de gripe A H1N1 de 2009 aunque no entró a Venezuela por occidente, tuvo como uno de sus mejores aliados para su propagación las aglomeraciones urbanas de las ferias andinas?.

El epicentro de difusión de una nueva pandemia viral por un coronavirus -la del Covid 19 (SARS-Cov-19)-, fue el hacinamiento de un mercado mayorista en la ciudad de Wuhan, en donde la cercanía de un número importante de personas facilitó la aparición de la infección, ¿se imaginan que podría ocurrir en una "Feria internacional" como las del Sol de Mérida, tan cercanas a la frontera y en donde se codearán legiones de personas que -de distintas nacionalidades-, para venir a disfrutar seguramente ingresarán cruzando nuestros límites por alguna de las tantas trochas que lejos del control oficial existen?.

Sin electricidad, lo que deja sin bombeo de agua a toda la ciudad, ¿con qué se lavarán las manos las personas que asistan a esta reunión?. ¿Sabrá el Ministro de salud, se habrá enterado el "Protector" de Mérida (siempre "tan pendiente de su pueblo") que, algunas de las medidas más importantes para prevenir el contagio de esta afección respiratoria viral son entre otras: evitar las muchedumbres, lavarse constantemente las manos con agua y jabón, estornudar o toser cubriéndose la cara con el pliegue del codo?

Después de casi un año de apagones, con más del 60% de los venezolanos sumergidos en las penumbras, el "Plan de Racionamiento" debería tener tan solo por decencia un cronograma preestablecido por el que regirse y que las personas fuera de la capital pudiéramos eventualmente programar nuestras actividades acoplados al vaivén eléctrico.

Restaurar el suministro regular de energía eléctrica es equivalente a restituir un tanto la confianza perdida, recuperar la productividad, recobrar la certidumbre extraviada entre las sombras. Restablecer los horarios de trabajo -en un país en donde el principal empleador es el Estado-, reponer la normalidad en las actividades educativas afectadas a todo nivel, es elevar automáticamente la moral ¡dos cosas que el Padre Bolívar consideraba extremadamente necesarias!

¡Definitivamente los venezolanos fuera de Caracas como que no vemos luz!



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Carlos Pérez Mujica


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