A propósito de las destempladas declaraciones mediáticas de "académicos" y estudiantes manitas blancas

Hay textos que por la preclaridad con la que son escritos se convierten en atemporales. Sucede así con el texto escrito por el Dr. José Padrón en el año 2004 - EL COMPLEJO DE ULISES O EL SÍNDROME DE LA PERPLEJIDAD. RACIONALIDAD Y MEDIOS MASIVOS, LOS ACADÉMICOS Y EL CASO CHÁVEZ. (http://www.rebelion.org/medios/040615jpg.htm)

 

Lo que dice Padrón en su texto refiriéndose a los académicos vale para muchísimos oposicionistas y, en los momentos actuales, para “académicos” como Teodoro Petkof, Herman Escarrá, Ismael García, Delsa Solórzano , entre otros y también para los estudiantes manitas blancas como Yon Goicoechea, Ricardo Sánchez y y José Manuel Oliveros. Ellos escucharon los cantos de las ballenas y ayudaron a que Rosales fuese alcalde de Maracaibo, pero más grave aún, escucharon el de las sirenas y ¿realmente olvidaron o sacaron sus verdaderos referentes? obviando de esta manera lo que siempre dijeron en relación con la corrupción.

 

Padrón plantea  que el complejo de Ulises se fundamenta básicamente en lo narrado por Homero en la Odisea en la cual refiere la existencia de sirenas que atraían a los hombres con su canto seductor, mientras a sus pies yacían cantidad de cadáveres en estado de descomposición. Dice el Dr. Padrón que "Básicamente, las Sirenas eran unos seres cuyo poder seductor radicaba justamente en la irracionalidad, en el no-lenguaje, en la no-palabra y en el no-pensamiento. De ese modo, las víctimas de las Sirenas dejaban de ser ellos mismos, perdían cualquier noción acerca de su trayectoria de vida, perdían su identidad cognitiva y, para decirlo en las mismas palabras de Homero, ya no volvían "a ver a su esposa ni a sus hijos rodeándolo, llenos de júbilo, cuando torna a su hogar". En efecto, perderían sus más elementales nociones de 'hogar', 'esposa' e 'hijos', entendiendo por esto sus teorías personales, sus creencias de vida y, en fin, todos sus puntos de referencia y todas sus bases de estabilidad mental."

 

Expresa que "El complejo de Ulises podría describir el comportamiento de aquellas personas que, a partir de una determinada experiencia, comienzan a actuar, hablar y pensar de modo inconsistente con lo que hasta ese momento siempre habían declarado como su sistema de creencias, normas y valores. Ante tal cambio, su estado mental se traduce en confusión, desconcierto y perplejidad. Los rasgos de ese estado cognitivo, conforman todo un cuadro típico, el síndrome de la Perplejidad. Ocurre que el modo en el cual reaccionan frente a esa nueva experiencia que están viviendo no logra ser coherente con su anterior sistema de creencias, valores y normas, el que siempre habían declarado, y entonces ya no saben cómo responder al compromiso de coherencia al que todo individuo está obligado: no saben si la falla está en el mismo sistema que siempre habían declarado o si, en cambio, por debajo de ese sistema declarado, en realidad siempre funcionó otro sistema inconfesado (y, tal vez, inconfesable) que sí es consistente con sus nuevos comportamientos, pero que ellos nunca reconocieron o no quisieron reconocer. Toda esta duda, esta dificultad en armonizar sus propios compromisos de coherencia, se expresa en un absoluto silencio ante los argumentos, en una tendencia a las conductas viscerales, en racionalizaciones constantes y en una gran orfandad intelectual. Al hablar de conductas ‘viscerales’ o de ‘visceralidad’ me refiero a la negación de la racionalidad, conformada por el doble hecho siguiente: primero, la persona no logra responder a ningún argumento o razonamiento que impugne su conducta, actitud o modo de pensar y, sin embargo, persevera en esa conducta o actitud, aun sin argumentos que la justifiquen racionalmente; y, en segundo lugar, la persona enfoca los hechos bajo el filtro primario de alguna emoción o sentimiento frente a esos hechos. Cuando ocurre este hecho doble, estamos frente a la ‘visceralidad¨ " 

 

El nos explica que como decía Homero, la víctima del Complejo de Ulises ya no volverá ”a ver a su esposa ni a sus hijos rodeándolo, llenos de júbilo, cuando torna a su hogar”, porque perdieron su hogar académico, perdieron sus teorías previas (su esposa e hijos) y, en suma, perdieron toda su estabilidad intelectual. No les queda más que seguir vistiéndose de negro, tocar cacerolas contra Chávez y esperar a que el poderoso imperio norteamericano engulla de una vez por todas al país, tragándose en un mismo zarpazo tanto a la industria petrolera como a Chávez, su pesadilla personal.”

 

Califica Padrón esta actitud como subjetivismo, moral relativa, individualismo, singularismo, circunstancialismo, conveniencia, visceralismo e irracionalidad como los tópicos subyacentes a los Ulises y a los Perplejos. Con precisión expresa: “El axioma de fondo que subyace al Complejo de Ulises y al Síndrome de la Perplejidad es el siguiente: si el Diablo se opone a Chávez, entonces el Diablo es bueno; y si Dios se pone de parte de Chávez, entonces Dios es malo.”

 

Estos personajes – “académicos” , “manitas blancas” y una gran cantidad de oposicionistas – apoyan lo que decían detestar y salen en defensa de Manuel Rosales cuya presunción de delitos de corrupción y malversación están expuestos a la opinión pública. Si ellos no sufrieran del Complejo de Ulises y tuviesen el síndrome de la perplejidad, le estuviesen pidiendo a “su líder” que se presentara ante la autoridad y demostrara que es inocente de las acusaciones que se le hacen, pero el canto de las sirenas les hizo perder no sólo su estabilidad intelectual, sino hasta cómo querían ser percibidos por la opinión pública. Confunden solidaridad con solidaridad automática. Confunden lo que es delito común. Confunden traición con lealtad y pare Ud. de contar. Creo que en algunos espacios de oposición donde no se sufre del Complejo de Ulises y del Síndrome de perplejidad estarán pensando como  Antonetti (el abogado relator de noticias en Globovisión) en una de las emisiones recientes del noticiero : “Manuel Rosales debe enfrentarse a la justicia venezolana”. Se escapó así por un breve momento del encanto del canto. Por la vía que vamos tendremos que utilizar la técnica que se usó en Macondo (Gabriel García Márquez, Cien Años de Soledad) y comenzar a colocar cartelitos en los predios oposicionistas para ver si los ayudamos a superar estos problemas de olvido.


amaranty@gmail.com






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