¿Educación Ciudadana o Industria de la Educación?

Luego de la ensalzada Independencia Nacional, Venezuela ha confrontado una férrea sumisión económica contra la cual se tiene luchando desde los tardíos años 20 del pasado siglo cristiano.

Efectivamente, desde que los tecno-espías del capitalismo mundial descubrieron aquí petróleo en cantidad industrializable  hacia acá ha venido todo tipo de personas y personajes en búsqueda de riqueza fácil y a como dé lugar.

En nuestro sostenido mestizaje hemos importado gente de gran utilidad, dignos representantes de la cultura euroasiática, pero con ellos y muy elásticamente se colaron y colean pillos, mafiosos, traficantes de dinero, de drogas, tratablanquistas, pordioseros, pseudoescritores, pseudoartistas, pseudopolitólogos y adulantes gobierneros como arroz, muchísimos buenos para nada y pare de contar.

Demográfica y económicamente, la gente venida de afuera con alta rentabilidad para el país tiene bajo peso en la cuota de inmigración que nos ha tocado. Muy diferente fue la inmigración de USA de cuyos integrantes este país tomó la base tecnocientífica permisiva del extraordinario desarrollo industrial que sigue ostentando.

Hemos sostenido que pasada la Segunda Guerra Mundial Europa y Asia atornillan para sí mismas lo mejor de sí, y no conformes con ello han logrado importar desde nuestro país lo mejor que hayamos ido produciendo. Los ejemplos no cabrían en estas cuartillas.

Pero el segmento de importados con mayor influencia en esa sumisión nuestra la representa el inversionista capitalista, banqueros, comerciantes y empresarios de transnacionales. Como industriales, han tenido luz verde para cuanta empresa a ellos les resulte rentable. Nuestros gobernantes les han servido de celestinas mercantiles por aquello del “desarrollo nacional” cuyos resultados populares netamente positivos jamás hemos podido constatar.

Y esos empresarios han hallado como mejor filón   la Educación, en un país paternalista como ningún otro   en el planeta, así nos atrevemos a decirlo.

Esta Educación pública venezolana supone una actividad con elevada demanda de muchas mercancías que periódicamente debe consumir una población estudiantil, como la venezolana, la cual suele impartirse gratis desde preescolar hasta Postgrado sin que para ello al Estado le importe responsable y correspondientemente la vocacionalidad de sus educandos.

Los desaguisados entre graduados en una especialidad que no terminarán desempeñándola, los altos índices de repitencia, el escandaloso malandraje enquistado entre estudiantes, docentes y autoridades universitarias es pasmoso. Las remuneraciones laborales de hambre del profesorado nacional y las retenciones arbitrarias de sus prestaciones sociales, sumado a lo antes señalado, son  claros indicadores de que en Venezuela la Educación Ciudadana es más un negocio perteneciente a la Industria de la Educación que una actividad social. Por eso estamos infiriendo que en Venezuela durante los últimos 50 años, en lugar de tener Ministerios la para Educación Ciudadana, lejos de eso, tenemos es una rentabilísima industria de la educación.

osmarcastillo@cantv.net



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Manuel C. Martínez M.


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