Deserción estudiantil, inversión o pérdida de capital en América Latina

La deserción estudiantil, siendo aquella como el resultado final de un proceso (individual y colectivo) de construcción de lo que se denomina fracaso escolar, en el cual aumentan significativamente las probabilidades de deserción. Para efectos de esta argumentación se entenderá operacionalmente por fracaso estudiantil el no logro de aprendizajes escolares efectivos. Paralelo a este proceso de fracaso estudiantil, una mayor probabilidad de permanecer en el sistema educacional se asocia con el resultado de un proceso opuesto al fracaso denominado éxito estudiantil.

Esta manera de abordar el fracaso estudiantil nos lleva a su vez a ampliar la mirada y constatar que la noción de proceso resulta aplicable a un conjunto de áreas en las que pueden constatarse daños además de la educación: economía, salud, cultura, justicia, género, entre otras. En ellas los distintos daños son término de vulnerabilidad. Este concepto tradicionalmente vinculado en exclusivamente a la condición socioeconómica, progresivamente se posiciona para dar cuenta de procesos colectivos e individuales de acumulación de daños. Vale decir, la vulnerabilidad escolar sería una dimensión junto con otras vulnerabilidades (por ejemplo, de salud, económica, jurídica o laboral) del constructo vulnerabilidad.

Bajo esta lógica se intentó comprender el fracaso estudiantil, desde la perspectiva más integral que otorga la noción de vulnerabilidad, expresada en la relación dinámica que establecen los factores de riesgo y factores protectores que dan cuenta de sus distintas manifestaciones. Esta relación de factores, que se van expresando en la temporalidad del proceso de desarrollo vital, determina la presencia de una mayor o menor condición de vulnerabilidad en niños/as, jóvenes, familias y/o comunidades, en un momento y lugar determinados.

Por esta razón, en el ámbito educacional, se considera que la noción de proceso permite visualizar los momentos y lugares donde se van manifestando diversos factores que influyen en la probabilidad de que un niño(a) o joven decida abandonar la escuela. Así, se pretende dar cuenta del fenómeno de la deserción estudiantil más allá de las explicaciones individuales, que ponen énfasis en el momento de la decisión de abandono de la escuela, trasladando la comprensión del fenómeno a las interacciones que se dan en y entre los sujetos con su contexto, y cómo éstos se relacionan y establecen sentidos y significados personales y compartidos a lo largo del tiempo.

Ahora bien, a nivel latinoamericano, actualmente, la cobertura en Educación Básica es alta, nueve de 10 alumnos tienen acceso a educación en este ciclo; sin embargo, en Media, este porcentaje es bastante menor. Alrededor del año 2000 (CEPAL, 2002: III) la tasa global de deserción de los adolescentes entre 15 y 19 años de edad era inferior al 20% en las zonas urbanas de Bolivia, Chile, República Dominicana y Perú. En Argentina, Brasil, Colombia y Panamá comprendía entre un 20% y un 25%. En otro grupo de países (Costa Rica, Ecuador, El Salvador, México, Nicaragua, Paraguay, Uruguay y Venezuela) la deserción escolar afectaba a un porcentaje situado entre el 25% y el 35%. Según los mismos antecedentes, Chile formaba parte del grupo que ha logrado una cobertura de la educación secundaria relativamente alta (Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Panamá y Perú).

El abandono o retiro escolar antes de terminar este ciclo trae consigo importantes pérdidas privadas y sociales. Estudios latinoamericanos (CEPAL, 2002) que evalúan la dimensión de las pérdidas de ingresos laborales que conlleva la deserción estudiantil, sostienen que para varones y hembras abandonar con antelación la escuela provoca la pérdida de ingreso cercano al 19%.

La universalización del acceso a la Educación Básica y el creciente aumento de políticas de apoyo a la retención de los niños y adolescentes en la escuela, es el desafío principal para avanzar en el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y el cumplimiento de las metas en el año 2020. La experiencia escolar cristaliza la relación del individuo, la sociedad y la socialización. Tal escenario merece este esfuerzo reflexivo, a fin de progresar en una consolidación, optimización y progreso sostenible hacia una escuela que responda a las necesidades de, y para todos. Como universidad identificamos en esta tarea nuestra misión de servicio público y entendemos que todo sistema educativo requiere de una visión sociológica que permita analizar la estructura y dinámica de los sistemas. Sobre todo aquellos que tienen que ver con la democratización y las desigualdades.

En el transitar de esta reflexión se trabaja paralelamente con la noción de bienestar, que, desde una perspectiva estrictamente operacional, se asocia con la presencia de factores protectores que elevarían la probabilidad de evitar daños específicos en una población, producto de la manifestación de una condición vulnerable. De hecho, en el escrito se plantea la conveniencia de entender la vulnerabilidad y el bienestar como los polos de una dimensión continua que indicaremos continúo vulnerabilidad/bienestar.

De lo anterior se emana tanto la importancia de privilegiar la realización de intervenciones preventivas tempranas, como de que éstas se realicen a través de una acción intersectorial coordinada y eficiente que incluya a sectores tales como educación, salud, vivienda, previsión social y justicia, entre otros. De allí que el concepto de vulnerabilidad ya constituye en sí mismo un avance importante para las políticas sociales, en tanto aporta una mayor amplitud a la forma de entender las problemáticas sociales, al trascender un concepto de pobreza determinado fundamentalmente por la carencia material y de ingresos.

Sin embargo, agregar la perspectiva del bienestar permite enriquecer la reflexión, al caracterizar y medir la vulnerabilidad, entendida como un polo constituyente del continuo vulnerabilidad/bienestar. Continúo que puede tener alcances aún mayores que la vulnerabilidad por sí sola, en términos de la integralidad que pretende abordar. Cuando se conjuga Capital Social, Ingresos Económicos y Capital Humano la cual llamo Estratificación Social que es igual a Desigualdad, de cual se emana dos vertiente, menos vulnerables la realización de sus derechos y más vulnerables la realización de sus derechos, de donde interviene el sistema educativo con mayor y menor calidad de enseñanza, cuyo resultado es, en la primera vertiente mayor riesgo de deserción estudiantil, y en la segunda menor riesgo de deserción estudiantil.

Esto significa que los sujetos ingresan al sistema educativo con ciertas condiciones iniciales, desde las que aportan a través de la generación de Capital social, Capital humano e Ingresos económicos. Vale decir, ya antes de la entrada al sistema educativo, es posible establecer diferencias en estas condiciones que se reflejan en una mayor o menor vulnerabilidad en la realización de sus derechos. De lo anterior se desprende, por ejemplo, que la población afectada por la pobreza realizará un aporte menor al sistema, al contar con una menor probabilidad de alcanzar un desarrollo humano integral y por tanto de relacionarse en igualdad de condiciones con aquellos que no se encuentran bajo condición de pobreza.

Igualmente es posible apreciar que la Calidad de la educación incide en que el sujeto aumente o disminuya su riesgo de deserción escolar, acercándose con esto a los polos de la mayor o menor vulnerabilidad. De ahí que lo anterior, sin embargo, no debiera llevar a la confusión entre los niveles de responsabilidad en la generación de las desigualdades donde la economía social de mercado promovida desde el Estado establece a priori la necesaria existencia de desigualdades producto de la competencia que se genera y tiene por tanto un peso relativo mayor que el sujeto que nace dentro de este contexto y su participación en la apropiación y significación de estas condiciones.

Son muchos los motivos, que llevan al estudiante a desembarcar de la ruta de su preparación como profesional, generando esto, una perdida al estado en la inversión del capital económico, si las políticas de vulnerabilidad no cambian, desde la conciencia del profesorado hasta la misma conciencia del estudiante y por su puesto la más importante la conciencia del dirigente en sus políticas económicas. Por lo tanto la deserción estudiantil se convierte en una pérdida intelectual y económica para el estado.

 

jackenap@gmail.com



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