Radiografía de la UCV (IV)

Daba un verdadero gusto visitar el campus de las Facultades de Ag Veterinaria y Agronomía de la UCV, también del Instituto Nacional de Investigaciones agronómicas, en Maracay Estado Aragua. Allí fueron instalados los edificios que albergaban las tres instalaciones docentes, de extensión e investigativas, en amplios terrenos que otrora fueron de La Hacienda la Trinidad y del fundo El Limón.

Su entrada era una amplia avenida de arboles ubicados lateralmente, y de inmediato la sensación de verdor y frescura de sus campus.

Con el propósito de realizar estas reflexiones sobre el estado actual de nuestra UCV, no podía pasar por alto, a esas facultades tantas veces visitadas. De su recinto salíamos a manifestar por mayor presupuesto, lucha contra el cupo, contra la represión etc.

Hoy el monte y la basura han venido enseñoreándose por sus predios. Recuerdo que en época de estudiante, acudía con varios compañeros que desde Caracas, viajamos allí, traíamos mangos y comprábamos productos elaborados por sus docentes, empleados y estudiantes, quesos, mantequilla, productos cárnicos, entre, otros.

Lo primero en llamarme la atención, fueron los locales de la Biblioteca “Jaime Henao Jaramillo”, ya cubriéndose de monte, basura y escombros en sus alrededores.

Decidimos estacionar para realizar un recorrido, cámara en mano y block de notas, para no olvidar los detalles. Casi al bajar nos encontramos con un viejo amigo, trabajador de la UCV, de esos que se entregan a la institución. Nos saludamos y explicamos el propósito de nuestra visita. No habíamos terminado de saludarnos cuando nos dijo, bueno Sotillo, esto está mal, la semana pasada se llevaron la última yegua que quedaba, sólo encontramos la cabeza, el cuero y las patas.

Poco a poco comenzamos a informarnos, la triste situación que viven esas facultades. El hampa a cielo abierto, a plena luz del día ha actuado con saña. Han desvalijado a sus instalaciones e institutos de cuanto bien pudieron llevarse, que eran utilizados en función de la docencia y la investigación.

Yo conocía bastante esas facultades, allí tenía grandes amigos, como los doctores Omar Verde y Tiburcio Linares, dedicados, tiempo, exclusivo, a la docencia e investigación y coincidíamos también, allí, cuando las Facultades organizaban una especie de ferias, para presentar sus productos. Eso provocaba verlo, cruces de ganado adaptados a nuestro territorio (Tipo Carora)), cría de hermosos padrotes que se ofrecían en venta a los productores de la zona, y aledaños. Recuerdo también los cursos que se organizaban donde los investigadores de esas facultades ofrecían sus experiencias a los agricultores y ganados (vacuno- porcino- caprino- equino). Las experiencias sobre la inseminación artificial y la investigaciones sobre la materia eran muy apreciadas por los productores que acudían a la UCV. Igual las experiencias con la siembras de leguminosas, en particular, algunas experimentales como la Canavalia y los esfuerzos del Dr. J J Montilla por demostrar sus valores proteicos y la necesidad de extender su cultivo para su utilización en el consumo humano y animal a gran escala.

Bueno, si ha sucedido en Caracas, en el campus ucevista, más céntrico y a la vista de todos, imagínense en Maracay, donde las extensiones de terreno que rodean las Facultades de Agronomía y Veterinaria, son de cientos de hectáreas periféricas. Allí el hampa ha realizado las suyas, abriendo boquetes en las cercas perimetrales que la rodean para entrar a realizar sus fechorías. Docentes, estudiantes, empleados han sido asaltados, incluso se ha encontrado cadáveres de personas que han sido allí asesinadas. Una situación verdaderamente extrema sacude nuestras dependencias en Maracay. Pregúntense si se han visto por allá a las autoridades de la UCV, apersonándose para afrontar en la práctica, tan lamentables hechos.

Todos los cultivos, la extensa siembra de frutales, han sido afectadas por extraños a la comunidad que penetran en el recinto y se llevan lo que pueden llevarse y lo que no, lo dañan. Se requeriría de una organización de vigilantes internos muy bien organizada, más el apoyo de las autoridades policiales regionales para ponerle freno a esta avalancha hamponil, evitar más actos delictivos a lo interno, el descuartizamiento de animales, si intentan reponerlos, pero para eso se requiere que las autoridades centrales, recomienden las medidas y estén dispuesta a conversar con las autoridades nacionales, para realizar planes de conservación conjuntas. Claro, con la actual actitud de las autoridades ucevistas que sólo se dedican a enfrentarse al gobierno, poco podrá hacerse. Hay que recordar que estas dependencias están prácticamente enclavadas y rodeadas de montañas de fácil acceso para los que se proponen estas fechorías.

Todo un mundo de experiencias y enseñanzas florecía allí. Hoy la situación es realmente crítica, desolación, inseguridad, monte y culebras en sus instalaciones, eso es lo que lamentablemente predomina, a pesar que miembros de la comunidad profesores, estudiantes y empleados hacen grandes esfuerzos por mantenerla. La insuficiencia de presupuesto, aunada a la poca atención que se le presta desde las autoridades centrales, la van sumando a un estado de abandono y descuido alarmante.

Cuando recorríamos la avenida, ya de salida, miré con nostalgia hacia atrás, lo que era un Jardín, dentro de la llamada ciudad Jardín como le dicen a Maracay, por supuesto, un jardín que poco a poco se ha ido marchitando, con la indolencia de las autoridades universitarias y la poca conciencia nacional por la importancia que se tiene de estas Facultades para el desarrollo nacional. Una verdadera lástima y una lágrima por ellas me brotó.

A tras dejamos la garita de la vigilancia de la entrada que está tan deteriorada que parece haber sido sometida a fuego de artillería, agujereada y carraspeándose; atrás dejamos las instalaciones del Comedor, en su época de esplendor el mejor de la UCV, hoy empieza a amontarse; atrás dejamos las instalaciones de Economía Agrícola y el Auditorio que hoy albergan bandadas de perros y gatos realengos que hacen suyas las instalaciones; atrás dejamos, los restos de algo que alguna vez fue una fuente y desde donde se puede divisar las letras doradas que todavía se mantienen de Facultad de Ciencias Veterinarias y los carteles ya enmoheciéndose que identifican las áreas de la Facultad de Agronomía; atrás dejamos los techos de los pasillos adyacentes al Consejo de la Facultad de Agronomía ya desmoronándose y con filtraciones de agua; atrás dejamos el mural recordatorio de la promoción José L. Damas (62-67), ya enmohecido y rodeado de monte; atrás dejamos una escultura, ubicada en la entrada, que casi no se divisa por la paja que ya la arropa, de unas figuras que parecieran fantasmas despavoridos saliendo del campus, aterrados por la desolación y el abandono; atrás dejamos, los terrenos del CENIAP que colidan con los de la UCV, también abandonados. Por cierto, que un trabajador integrante de las nuevas misiones que por allí merodeaba, me dijo, profesor, mire, para esta fecha (mes de agosto), ya deberíamos estar comiendo cachapas, pero todavía no nos han enviado ni siquiera las semillas y se despidió dándonos un fuerte apretón de manos.

Las Facultades de Agronomía y Veterinaria en su época de esplendor tenían varias estaciones experimentales, pero en estas cortas notas no podremos abordar su estado actual, haciéndole una concesión a la brevedad. En otra oportunidad hablaremos y le contaremos sobre ellas.




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