A propósito de ser ciego

La educación venezolana entre el hambre, el sexo, las drogas, la violencia y la muerte

Finaliza otro período de carnaval el cual se convierte en una auténtica máscara para un gobierno que ha fracasado en regir los destinos de un país y, ha llevado a la educación hasta la podredumbre social.

La educación que en algún momento era sinónimo de esperanza y desarrollo en Venezuela, se ha transformado en un maquiavélico carnaval, en el cual todo esta disfrazado. Se habla de cifras oficiales que para nada compaginan con las investigaciones que realizamos los docentes en diversos espacios educativos.

Tenemos un gobierno que nos habla del funcionamiento de comedores, mientras la praxis sólo nos muestra que éstos apenas funcionan, a lo sumo, uno o dos días por semana en escuelas y liceos, generando con ello un grave ausentismo escolar. Hablan de una deserción estudiantil en bachillerato que no supera el 10%, cuando la realidad es que de cada dos adolescentes que ingresan al primer año, sólo uno concluye tales estudios, y sí lo hace es con severas deficiencias en las áreas de lectura, escritura, historia, geografía, cultura general y matemáticas.

Tal panorama resulta más desolador, cuando los docentes viven similares o peores condiciones sociales. Hoy los maestros y profesores tienen "salarios", que ni siquiera alcanzan para los pasajes y menos para alimentarse todos los días, lo cual, también los obliga a ausentarse de sus espacios de trabajo, realidad que termina afectando seriamente el hecho y la acción pedagógica en los institutos educativos oficiales, en virtud de que los estudiantes no reciben clases de manera regular.

Además de la malograda situación educativa en términos de estudiante – docente, la violencia interna y externa se ha apoderado de los planteles, en especial de los liceos, siendo éstos el centro preferido de bandas para el reclutamiento de adolescentes entre 16 y 17 años (con muchas necesidades económicas y afectivas), con el propósito de integrarlos para la acción de hechos delictivos, debido al escudo que tienen con la inadecuada impunidad que les otorga la Ley Orgánica para la Protección de Niños y Adolescentes (Lopna), por parte de jueces y fiscales ignorantes, quienes conciben esta ley sin normativa para muchachos(as) infractores(as), a pesar de que las sanciones están debidamente expresas en sus contenidos procedimentales y jurídicos.

Nuestra educación se ha convertido en una permanente temporada de carnaval. Hoy, la ignorancia, el sexo desenfrenado, el embarazo en adolescentes, la formación de pandillas y bandas juveniles, la distribución y venta de drogas y, hasta los asesinatos, representan el cóctel "educativo" y "pedagógico" que conforman las instituciones "gratuitas" del conocimiento en Venezuela.

Sólo un cambio de gobierno podrá revertir la muerte educativa del país. Por ahora, sólo tenemos una educación de máscaras, cuyo principal disfraz es intentar mostrar un "éxito", ante el más completo y evidente fracaso que vivimos en nuestra sociedad. La educación venezolana se debate entre el hambre, el sexo, las drogas, la violencia y la muerte. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.



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Javier Antonio Vivas Santana

Lic. en Educación en las menciones de Ciencias Sociales y Lengua (UNA) Maestría en Educación mención Enseñanza del Castellano (UDO) Dr. en Educación (UPEL) Profesor de la Misión Sucre (2003 -2012)

 jvivassantana@gmail.com      @jvivassantana

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