A propósito de ser ciego

La tragedia de los docentes

La vida de los docentes en Venezuela se ha convertido en una tragedia. La docencia no sólo es la profesión peor pagada en el país, sino que socialmente hasta se ha convertido en la más despreciada, tanto por el propio Estado quien no reconoce en sus maestros el auténtico núcleo para que la educación se convierta en el eje transformador de la sociedad, sino que esa misma sociedad, en cualquier oficio, labor u otra profesión, vive recordando a quienes deben impartir la educación de sus hijos, sobrinos o nietos, que ellos(as) tienen más ingresos en sus ocupaciones.

Los desequilibrios del salario docente son de tal magnitud, que incluso, obreros(as), denominados ahora como personal “ambientalista”,  dependientes del Ministerio del Poder Popular para la Educación (MPPE)  o gobernaciones, quienes con esfuerzo (justo es reconocerlo) han obtenido títulos de docentes, prefieren seguir ejerciendo las funciones de “ambientalista”,  no sólo porque tienen ingresos superiores a los propios docentes, sino porque su trabajo, evidentemente representa un menor esfuerzo intelectual y de menor responsabilidad  profesional. Es más, cuando por razones contractuales, los docentes reciben pago de vacaciones, bonos u otros “beneficios”, los ambientalistas reciben hasta cinco o seis veces más por tales reivindicaciones laborales. ¿Cuál es la razón?  

Asimismo, es tal el desequilibrio salarial, que los docentes adscritos a las gobernaciones se encontraban en peores condiciones de ingresos, al punto que sus salarios  fueron “homologados” con los del MPPE. No obstante, esto ha generado otros desequilibrios laborales porque en las contrataciones colectivas estadales, por ejemplo, hay docentes quienes tienen compensaciones salariales como cajas de ahorro o pólizas de hospitalización, cirugía y maternidad que no se asemejan a las recibidas por los docentes del MPPE. ¿Qué pasará en estos casos?

En los próximos días,  se firmará con la parafernalia a la cual está acostumbrado el gobierno de Maduro,  en compañía de sus “ministros” y candidatos a diputados, la “nueva” y “única” contratación colectiva de “trabajadores de la educación”. Aparecerán los quitamotas  del magisterio y jerarcas del gobierno,  hablando  del llamado “salario social”.  Dirán que se entregarán de inmediato, (tal y como lo prometió Maduro) miles de casas y apartamentos de la Gran Misión Vivienda Venezuela (GMVV), así como unos carritos chinos y hasta “combos” de “mi casa bien equipada”. No faltará quien nos “explique”  la “liquidación” del moribundo Instituto de Previsión y Asistencia  Social (IPAS),  por la “creación” mágica de lo que sería el Isamyte (Instituto Socialista de Asistencia al Magisterio y Trabajadores Educativos) como parte del “contrato revolucionario”.

Finalmente,  ante la condenable subida de precios de alimentos y bienes esenciales que vivimos los venezolanos, dirán que es un gran logro “firmar” una contratación colectiva por “dos años”, con un aumento,  que probablemente, estará entre un 100% y un 120%, de los cuales descontarán el 50% previamente “ajustado” (mayo – 2015);  verbigracia, dejando para la “firma” un porcentaje en este 2015 y el restante para 2016, razón por la cual, aclaro que la tragedia salarial de los docentes persistirá, porque tales ajustes al continuar una inflación desmedida, se continuará repitiendo el deterioro de la vida de los docentes y el pueblo venezolano.

La próxima firma del “contrato colectivo” que ya está discutido en las gavetas del ministro de educación, condena a los docentes  hacia su  desaparición social.  Los malogra a devengar ingresos paupérrimos, incluso por debajo del salario mínimo.  En el caso de los docentes universitarios, cuyo salario inferior estaría por el orden de unos dos salarios mínimos, éstos han manifestado que tales ingresos representan una burla,  y en consecuencia, afirman que no volverán a clases, situación que ya ha sido catalogada por los reductos de los ramplones al gobierno de Maduro como “guarimberos”.

Si la razón de protestar ante el alto costo de la vida,  motivado por los ínfimos salarios que reciben los docentes de cualquier nivel significa “guarimbear”, tengan claro los ministros educativos y de otras áreas del gabinete que habrá miles de docentes convertidos en “guarimberos”,  protestando de manera civil y pacífica, pero enérgica en las calles,  y llevando ante las instancias correspondientes de educación en todo el país, una sola voz, la voz de la tragedia de los docentes venezolanos. La tragedia de los docentes es la quiebra de la educación.  A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.



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Javier Antonio Vivas Santana

Lic. en Educación en las menciones de Ciencias Sociales y Lengua (UNA) Maestría en Educación mención Enseñanza del Castellano (UDO) Dr. en Educación (UPEL) Profesor de la Misión Sucre (2003 -2012)

 jvivassantana@gmail.com      @jvivassantana

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