12 años de la UBV

          Decía mi amigo “pancho pistola”, medio poeta, traductor de letras muertas y crítico de trasnochada lucidez, que “cuando uno se resuelve a escribir es porque tiene algo que decirle a la gente”. Que lo dijo él, tal vez eso pudiera ser verdad o pudiera ser mentira; en realidad, eso no importa, lo que sí importa aquí es que yo llevó años escribiendo, tratando de decir “algo” y todavía no sé si he logrado ese objetivo. No obstante, cuando se trata buscar palabras en las inagotables aguas infinitas del pensamiento, a uno se le pueden ocurrir tremendas ideas sobre las grandes decisiones que han dejado huellas profundas sobre la verdad de los tiempos.

          Por ejemplo, como la que tomó Chávez, cuando un 18 de julio de 2003, decidió de manera firme y clara como la luna llena, crear la UBV. Esa fue una gran idea y una gran decisión que abrió las compuertas para darle oportunidad a miles de venezolanos y venezolanas. Precisamente, hoy quiero escribir sobre la Universidad Bolivariana de Venezuela, nuestra UBV, la Casa de los saberes, la universidad que se vistió  de toga y boina,  la universidad que se  llenó de rebeldía y de libertad para asumir con su rostro de ojos firmes y fulgurantes el compromiso de los tiempos revolucionarios. Estamos cumpliendo 12 años de haber sido creada, porque en verdad, más que fundada, la universidad fue  creada, tal como fue creada la vida por el Ser Supremo. La UBV no nació huérfana, sino que fue concebida desde las profundidades  del compromiso y del amor que sintió Hugo Chávez por su pueblo, por su patria y por su tiempo.

          Desde entonces estamos palpitando en el recuerdo de ese gran ser humano que fue Chávez; en la alegría del rostro de miles, de cientos de hombres y mujeres,  que sienten el eco de las palabras claras y contundentes del Comandante, quien desde la distancia infinita, les entrega el pergamino, para que vayan a defender a su pueblo, a luchar por las causas justas y  lograr los cinco objetivos históricos de la patria, que nos dejó plasmado en el proyecto revolucionario.

          Ese compromiso tenemos que reafirmarlo todos los días, todas las horas y todos los segundos. Esa es la mejor demostración que podemos dar al legado de Chávez. Defender y consolidar la UBV, porque nada hacemos con lograr el título de profesional, maestría o doctorado, si luego nos retiramos a las escenas del silencio. Tampoco hacemos nada si desde adentro, algunos pocos, se empeñan tercamente en acabar con la universidad. La verdadera consolidación de la universidad tiene y debe venir desde adentro, desde las entrañas  de todo el colectivo de trabajadores, profesores, personal obrero y administrativo. De allí el mayor compromiso en este nuevo aniversario para que sigamos creciendo en el sentir de esta Venezuela que se abre paso en medio de las tempestades impulsadas por la extrema derecha que quiere acabar con este país.

          Son doce años de andar recorriendo los caminos, los municipios y campos del país. Hasta allá, hasta el último rincón de la patria debe llegar la Universidad Bolivariana, dijo Chávez. Ahora es que falta camino por recorrer, pero mientras tanto demos los mejor de nosotros para que ese andar sea de pisadas firmes. Entonces que cada quien asuma su tarea con lealtad suprema al comandante Chávez. Si no asumimos la tarea se irá apagando la luz que alumbra el sentir del Alma Mater y vendrán los verdaderos fuegos que quieren incendiarla y dejarla en cenizas, que luego se llevará el viento. La universidad somos todos, vamos pues, a quererla todos los días. ¡Viva la  UBV! Gracias infinitas al comandante Chávez.



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Eduardo Marapacuto


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