Es urgente un acuerdo gobierno-profesores universitarios

Antes de que todos se vayan por el despeñadero y el daño se haga
irreparable, es urgente que el gobierno nacional y la comunidad de
profesores universitarios se pongan de acuerdo en torno a los ajustes
salariales que los últimos están demandando. La racionalidad y la justicia
deben imponerse en estos días de conflicto y desentendimiento.

El gobierno nacional debe estar consciente que los salarios que perciben
los profesores universitarios, especialmente los que se ubican en el rango
inferior del escalafón, son más que insuficientes. Sobre esto no debería
haber ninguna duda y por lo tanto se debería tomar ya una decisión que
solucione el conflicto que está en pleno desarrollo.

El gobierno nacional debe entender que los profesores universitarios no
son simples dadores de clase, sino que cumplen también funciones de
investigación, extensión y administración, y que a pesar de que los
profesores ejerzan presión a través de la suspensión parcial de las
clases, las otras tres actividades igual se cumplen.

Un profesor universitario que esté redactando un artículo o ponencia en
estos días de conflicto, no deja de hacerlo. Igual si tiene que asistir en
estos días de conflicto a un evento científico, tampoco deja de hacerlo.
Menos aún si está colaborando en materia de extensión con alguna
comunidad. Además, el disponer de tecnologías de información y
comunicación contribuye a que un profesor universitario pueda cumplir sus
funciones de docencia, investigación, extensión y administración, durante
las 24 horas del día, en los 365 días del año. Para eso están las
herramientas como el correo electrónico, la web del profesor y la
Plataforma Moodle.

El gobierno nacional debe entender que los únicos que pierden cuando los
profesores universitarios se ven obligados a presionar a través de la
suspensión parcial de las clases, son los estudiantes, quienes se
desorientan y son presa de la incertidumbre, aparte de la pérdida concreta
de tiempo que significa la prolongación en el tiempo de los lapsos
académicos. Así que, un mínimo de cordura es lo que se impone en estos
días de nubarrones.


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Alfredo Portillo


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