Carta Pública a la Diectora de Zona Educativa de Nueva Esparta

Estimada profesora Rosa Cedeño: Tácito resulta nuestro profundo respeto como máxima autoridad educativa de Nueva Esparta, aunque ello no tenga estridencia alguna en relación con la gestión educativa que ha venido desarrollándose en el estado en los últimos años.

Aún recordamos aquel inicio tumultuoso que resultó su designación, cuando muy pocos salimos en su defensa, ante lo que fue una locura administrativa en quienes la precedieron, al punto que muchos de quienes hoy la acompañan en su grupo de trabajo, firmaron en su contra sendos documentos públicos, alegando entre otras causas que usted “no tenía perfil”; situación que violaba muchos de sus derechos como mujer y ciudadana; no obstante, usted ignoró tales desafueros, por razones de equilibrio y sindéresis política, lo cual presagiaba disposición al entendimiento para ejercer funciones de gobierno, con políticas públicas incluyentes. Ello despertó optimismo y confianza en quienes desde nuestros modestos espacios, la propusimos en su momento, para llegar a ejercer tan importante función.

Cuatro años después, ya no podemos seguir ignorando el desastre en que se ha convertido la educación en Nueva Esparta. En este tiempo, ha habido un retroceso insoslayable en las estructuras físicas de escuelas y liceos nacionales. ¿Qué ha pasado con la restauración de planteles insignes como el “Grupo Zulia” o “Santiago Salazar Fermín”; ambos de trascendencia histórica? ¿Cuál ha sido el resultado de la costosa remodelación del Liceo “Nueva Esparta” (Porlamar), o el abandono en que se encuentra el Liceo “Juan Bautista Arismendi” (La Asunción), o el olvido de los liceos “Las Hernández” (sitio del mismo nombre) o “Luis Castro” (Boca del Río)? Algunos incluso con hasta 10 años de desidia como el último plantel mencionado. O preguntarnos: ¿cuántos nuevos planteles se han inaugurado en su gestión? La respuesta sería una entelequia. Ni hablar de la incapacidad existente para retirar las sendas chatarras que existen en varios de estos institutos, por aquello de “prohibición" para desincorporar “activos” del Estado; cuando eso lo que resulta es la más completa ignominia ante la burocracia y la ineficiencia administrativa.

En el aspecto pedagógico: ¿Cuáles han sido las razones para que el conocimiento educativo en Nueva Esparta se haya hundido entre los estados con peor desempeño en los ámbitos de comprensión lectora y razonamiento matemático? ¿Por qué nuestros estudiantes, especialmente los de bachillerato, desconocen fechas, sitios e historias fundamentales de nuestra vida republicana? ¿Quién podría explicarnos, el por qué hoy ninguna autoridad denuncia los desmanes educativos que ocurren en las diferentes escuelas? ¿Cómo entender que el Programa de Alimentación Escolar (PAE), apenas si funcionó menos del 30% de los días efectivos de clase, durante el último año escolar?

Asimismo, salvo por individualidades: ¿qué tipo de estructura física, materiales deportivos y desempeño positivo pueden presentarnos en el área deportiva o tecnológica, “institutos” como la “Unidad de Talentos Deportivos (UTD) o Escuela Técnica de Juan Griego (ETI)? Tampoco podemos ignorar, cómo dependencias de la Zona, que si bien es cierto cumplen una ambiciosa programación cultural, ¿dónde y quiénes son la representación de relevo de nuestros patrimonios culturales en las áreas de música, teatro, literatura o trabajos manuales?

Siempre existirán las mismas respuestas: “La Zona no construye escuelas”. La Zona no dota escuelas y liceos. El PAE no depende de la Zona. Los directores y las familias son responsables de la debacle educativa; entre otras. Esto sin obviar, el divorcio existente entre la Dirección Regional de Educación y su despacho, que en muchos casos, más allá de las diferencias políticas; los únicos perjudicados han terminado siendo los niños, niñas y adolescentes de Nueva Esparta.

Apreciada profesora: usted se ha convertido en un obstáculo para romper con tan nefastos resultados; razón por la cual, le sugerimos una renuncia decorosa, antes que una atropellada destitución. Insistir por razones politiqueras en aferrarse a una posición en la cual ya nada colabora al desarrollo educativo de Nueva Esparta, no es precisamente una acción “revolucionaria”. ¿Podrá desmentir esta realidad?
 


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Javier Antonio Vivas Santana

Lic. en Educación en las menciones de Ciencias Sociales y Lengua (UNA) Maestría en Educación mención Enseñanza del Castellano (UDO) Dr. en Educación (UPEL) Profesor de la Misión Sucre (2003 -2012)

 jvivassantana@gmail.com      @jvivassantana

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