La degradación salarial y profesional de los docentes (I)

En algunas ocasiones, cuando escucho hablar a algunos seudolíderes (infiltrados) de la revolución bolivariana, hablando sobre la explotación capitalista, sin antes pasearse por aquella ley ilusoria (delusive law) que planteó Marx en relación con aquellas cláusulas de la educación de las entonces “leyes fabriles” (El Capital, Tomo I, Capítulo XIII); y las secuelas que éste explicaba sobre tales “normativas”, las cuales no garantizaban el fin esencial de la educación, sino el de “encerrar” a unos niños en un determinado número de horas en las “cuatro paredes” de algo llamado “escuela”, desdeñando las diferencias entre los maestros incapaces y aquellos competentes (confieso no me gustan tales términos); señalando que éstos últimos (los primeros nada aportan), debían “estrellar” sus esfuerzos contra una mescolanza caótica en la conducta de los muchachos, para finalmente percibir una “retribución”, la cual en el mejor de los casos resultaba mísera, y cuya única posibilidad parar poder aumentarse condenaba al hacinamiento del mayor número posible de “escolares” dentro del “cuartucho”; no sé porque aún pienso que en el contexto latinoamericano, pero obviamente en el caso venezolano, nuestra educación aún se asemeja a esa que planteó Marx en la segunda mitad del siglo XIX.

Contribuir según la capacidad y recibir según la necesidad (tesis marxista), pareciera una entelequia en el discurso socialista de la educación. Lo que hoy tenemos como “sistema educativo” es un esperpento que no sólo ha degradado el nivel salarial de los docentes nacionales (adscritos al Ministerio del Poder Popular para la Educación) y mal llamados “estadales” (dependientes de las gobernaciones); al punto que en relación con los primeros, un licenciado o profesor (incluso con estudios de postgrado) con una carga académica de 30 horas semanales, es decir, una jornada completa (mañana o tarde), tiene un salario de 1.430 bolívares mensuales (inferior al salario mínimo), y en el caso de los segundos, hay situaciones inhumanas de maestros(as) que perciben hasta menos de 500 bolívares cada 30 días.

Tal vez, el hecho de que cualquier trabajador (incluso dentro del propio recinto “educativo”), sin la formación universitaria (ello no implica formación académica ni pedagógica), devengue un salario superior al que percibe un profesional de la docencia, sería intranscendente, a no ser porque los “tecnócratas” de las finanzas públicas, al permitir semejante barbarie, han condenado al ostracismo la condición social de la profesión docente. Al respecto, imposible ignorar las palabras del autodenominado Director General Sectorial de Educación de Nueva Esparta, cuando nos dijo, palabras más, palabras menos: “hagan otra cosa”; es decir, echarnos a la postración laboral, ética y moral, porque simplemente para individuos como éstos, quienes lastimosamente hoy dirigen la educación, los docentes somos prácticamente escoria.

El daño histórico que los otrora partidos poderosos de la cuarta república hicieron en contra de la educación, al promover dentro de ésta el clientelismo político, en donde el soberano exigía para sus hijos(as) un “carguito” de maestro(a); e irresponsablemente, las cúpulas sindicales de la mancillada Federación Venezolana de Maestros (FVM) y sus acólitos asociados (otros “sindicatos”) accedían a semejantes deseos, será una pesada cruz, de la cual pasarán muchos años para desmontarla de lo que hoy, injustamente, vive la sociedad venezolana en relación con la educación. Para colmo, nuestras universidades, desde esos años, cuando la burocracia cognitiva y educativa se apoderó de la educación, colocaron la carrera docente en el más bajo nivel de exigencia académica para poder cursar cualquiera de sus especialidades. No importa que tuvieras problemas básicos de redacción y ortografía. Bastaba tener un promedio de 11 o 12 puntos para acceder, por ejemplo, a la especialidad de Lengua y Literatura. Situación que se ha malinterpretado y ejecutado equivocadamente en la actualidad con el tema de la “inclusión”.

Vemos con desesperanza lo que hoy ocurre en la educación. Sólo un claro viraje en esta materia, con decisiones políticas acertadas y con un marco jurídico complementario que comience por descentralizar a cada escuela y liceo el manejo integral de su presupuesto para sus actividades pedagógicas, alimentarias y asistenciales, permitirá cambiar esta malograda realidad. Regenerar el pensamiento implica regenerar la educación como un todo. Seguiremos comentando el tema.

javiervivas_santana@yahoo.com


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Javier Antonio Vivas Santana

Lic. en Educación en las menciones de Ciencias Sociales y Lengua (UNA) Maestría en Educación mención Enseñanza del Castellano (UDO) Dr. en Educación (UPEL) Profesor de la Misión Sucre (2003 -2012)

 jvivassantana@gmail.com      @jvivassantana

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