El carro y el ACV

—Compadre, usted tenía un carro ¿verdad?

—En pretérito perfecto según los entendidos en gramática y sintaxis.

—Y qué le pasó a la nave, qué no la he visto más.

—Bueno, en verdad le dio un ACB.

—¡Un ACV! ¡un AccidenteCerebroVascular! Carajo y me perdona la palabra. ¿Y cómo es eso? Sí eso solo le da a la gente, aun carro no puede darle esa cosa.

—No hombre, usted está confundido. Yo dije un ACB, con b larga, con b de burro. Lo que usted dice es con v de vaca.

¿Usted sabe lo qué es un ACB?

—En la gente sí sé, pero en un carro no. Dios bendito, explíqueme cómo es eso.

— Ese es el mal de todos los carros en este erial. Un ACB es un fallo terminal en: Amortiguadores, Cauchos y Batería. Al darle eso el pobre carro queda mortadela, ese no se vuelve a mover en años. Y mucho menos mientras dure éste que está y que mandando.

Lo primero fueron los amortiguadores, un día venía yo muy orondo cuando de pronto aquel carro se torció para un lado y casi me parto el cuello. Agarré cuneta y todo, me salve porque Dios es grande. Ahí quedó torcido el perol, menos mal que estaba cerca de la casa y puede llegar todo ladeao y empujao.

—A buen susto habrá pasao usted.

—Ya uno está acostumbrao a pasar esos sustos a diario, desde que los precios cambian de la noche a la mañana.

—Verdura el apio, pero siga contando.

—Ahí paré el carrito en el garaje y muy entusiamao me dije: esta situación económica pasa prontico y cuando pase lo arreglo.

Ya vamos pa´seis o siete años y nada que se arregla, ni siquiera se le ve orilla a la solución. Sacando a los que se han metio una pelota de billete en los bolsillos, para esos la cosa si está buena.

Paré el carro esperando que la cosa mejorara y nada. Siempre estaba pendiente de prenderlo para calentar el motor y que el aceite fluyera, a la espera de arreglar los amortiguadores. Pero, una mañana voy a prenderlo y le doy, y nada. Sudé frío, le vuelvo a dar y nada. Tres y una plegaria se había tirao la batería. Ahí quedo muerta la bicha, echo el tiro.

—A diablo y con lo cara que están esas cosas.

—Y no solo caras, sino lo difícil de conseguirlas. A menos, eso sí, que usted vaya con unos buenos dólares. Porque se la cobran en dólares, ya se les quitó la timidez que tenían de cobrar en verdes.

Ahora a boca de jarro se lo dicen de una, tantos dólares y se la conseguimos.

—Así mismo está el negocio. Todo se comercia en dólares; ni en Nueva York, pues. Y después dicen están sufriendo, que deben dolarizar la economía. Será que cobran la pensión en dólares.

—De la pensión no me hable, que eso es otro asunto.

—Perdone compadre. En veldá, que es como mostrar la cuerda en casa del ahorcao. Pero siga con el cuento.

—Ya llevaba dos lamparazos el carrito, sin amortiguadores y ahora sin batería. Un mediodía me estaba comiendo un topocho verde sancochao, no había pa´más, cuando oigo una explosión.

¡Llegaron los invasores! Grité. Y con la misma me persigné en el nombre del bendito. Salgó corriendo pa´la calle a ver que es lo que estaba pasando, y veo que los vecinos vienen corriendo pa´mi casa y gritando, los más asomaos me preguntaban: ¿Qué pasó hombre? ¿Qué fue esa explosión?

Yo qué voy a saber, les dije. Pensaba que el bombardeo había iniciado. Miramos pá allá y pa´acá a ver que era aquella explosión. Cuando caímos en cuenta. ¡mí Dios del cielo! Los cauchos del carro habían explotao.

Claro, eran unos cauchos muy viejos y estaban lisos. Yo imagino que fue algún zancudo que los picó y estallaron.

—No vale, eso era que estaban podridos por viejos.

—Aquellos quedaron como flor de cayena. Ese carro parecía el Titanic, hundido. Busqué cuatro bloques que me prestaron, tengo que pagarlos por cierto, y ahí medio lo acomodamos en esas piedras para que los rines y que no se dañaran.

Así fue como le dio el ACB al carro. Y allá está hecho chatarra el pobre, como la generación de oro. Y tan buen carro que es, esos de antes.

Tendré que esperar que ocurra un milagro, pero bien grande, para mandarlo arreglar. Usted sabe la plata que hay que tener para comprar una batería, cinco cauchos y los amortiguadores. Por lo menos hay que reactivar al 100% la refinaría de Paraguaná para quedé algo de plata.

—Compadre, el milagro tendrá que ser entre varios santos incluyendo al santo cachón. Porque se necesita mucho real junto para eso.

—Yo solo miro el carrito lleno de tierra, ya se parece a las pirámides de Egipto, tierra por todos lados. Pero bueno, así está la cosa.

Y le dijo, por ahora apriete.



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Obed Delfín


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