Quinto malo

Volver al pan de a locha

Eso es imposible. La locha, la moneda fabricada en metal de níquel y referenciada al valor de 12 céntimos y medio, con relación al Bolívar, ya no existe.

Si hubo un tiempo en el que con una locha podíamos obtener cinco cambures en la bodeguita de la esquina, hoy los mismos cinco cambures sólo los puedes obtener a cambio de más de un millón de bolívares, si su peso no excede el de un kilogramo. Es decir, comerse cinco cambures es un «lujo» que sólo puede darse un millonario.

Claro, en Venezuela, al menos hasta el día de hoy, todo asalariado es millonario, porque su ingreso básico está establecido en unos cinco millones de bolívares y -al menos formal y legalmente- nadie gana menos, en la actualidad.

Pero eso es hasta esta semana. A partir del día 20 de agosto, ese mismo asalariado comenzará a percibir 50 bolívares de salario y para comprar un kilo de cambures tan sólo invertirá un bolívar y todavía le quedarán 49 para sus otros gastos. ¿Cuántos de ellos deberá invertir en los precios de su pasaje para trasladarse diariamente a su lugar de trabajo, si vive (pongamos por ejemplo) en Cartanal (Santa Teresa del Tuy) y trabaja en La Yaguara (Caracas)?

A partir del lunes 20 de agosto, dejaremos de ser automáticamente millonarios. La moneda venezolana habrá cambiado su cono referencial para la circulación y la misma estará «anclada» en nuestra criptomoneda conocida como Petro y su soporte «real» será el barril de petróleo.

¿Qué cambiará realmente con todo este merequetén de referencias económicas? Nada. Muy poco o casi nada, salvo los elementos creados en el fetiche de las mercancías, propio al capitalismo y a sus relaciones de producción, donde hasta los individuos terminamos siendo cosas (o mercancías) que se intercambian entre sí?

¿De qué se trata entonces? Bueno, se trata de batallas cotidianas -unas más grandes que otras- en el contexto de la lucha de clases, y cuya solución dialéctica sólo es posible con la concresión de la revolución. Dicho de otro modo, sólo si las trabajadoras y trabajadores, si el proletariado da un vuelco de 360 grados a la sociedad de explotación y miserabilización de las grandes mayorías de seres humanos, por parte de la minoría que expropia, que roba, que explota a los primeros, para conseguir acumular mayor capital en las manos de los poquísimos capitalistas, dueños de los medios de producción que hay en el mundo dominado por el capitalismo.

¿Qué estoy queriendo decir? ¿Qué Maduro la está haciendo bien o mal al adoptar medidas económicas para enfrentar la guerra con la que el enemigo imperialista (no olvidemos que «el imperialismo es la fase superior del capitalismo» y, como tal, la más cruenta fase que padecemos ahora los explotados) nos ataca inclementemente? Pues NO. Mi reflexión no es para emitir juicios de valor sino para contribuir a reflexionar y entender que lo que está haciendo nuestro presidente Nicolás Maduro es, como estratega político de un proceso denominado Revolución Bolivariana y Chavista, conducir las batallas del presente para vencer en la guerra final de la lucha de clases y avanzar en la construcción del socialismo.

Pelear contra la ficción referencial expresada por la moneda, necesita -obligatoriamente- hacer uso de las «armas melladas del capitalismo», tal como lo está haciendo hoy el camarada Nicolás Maduro. Yo no tengo ninguna duda. Con esto no quiero decir que se esté en el camino de la perfección ni que contemos con una figura «infalible» en la presidencia de la República Bolivariana de Venezuela.

De lo que estoy seguro, sí, es de que nos encontramos en el centro de una dura y compleja guerra mundial en la que Venezuela está ofreciendo su , pequeño pero significativo, aporte para acabar definitivamente con el capitalismo y avanzar hacia la construcción del socialismo.

Así que, seamos realistas y dejémonos de ilusiones: no volverá el pan de a locha ni tampoco la locha. El pasado es pasado y no existe como realidad tangible. El pasado es, tan sólo, una referencia en la memoria colectiva para poder avanzar en la hacedura de un mundo nuevo y posible.

Apostar por el triunfo de la revolución es un compromiso que no se delega, sino que se realiza con la participación protagónica de todas las trabajadoras y todos los trabajadores, del proletariado en su conjunto.

No se aparte usted, no le deje toda la tarea a Maduro,asumámosla juntos y nos daremos cuenta que sólo en unidad podremos alcanzar nuestra independencia definitiva y la Patria socialista.



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Iván Padilla Bravo

Director del semanario cultural "Todos Adentro", medio adscrito al Ministerio del Poder Popular para la Cultura. http://www.mincultura.gob.ve/

 ivanpadillabravo@gmail.com      @IvanPadillaB

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