Mi último pollo y el protocolo

En otras ocasiones, creo haber dicho mi edad. Como este artículo voy hablar del último pollo, debo en consecuencia, precisar que actualmente tengo 77 años de edad con achaques. Quiero vivir mucho, pero a esta edad, esa opción no depende sólo de mí. Juegan otras variables.

En estos días decidí hacer un mercadito. Me tomé un tiempo para meditar antes y colocarme emocionalmente en una situación de relajante calma. Llevaba algunas expectativas muy contextualizaba. No esperaba traerme dos cartones de huevos, 3 kilos de carne, 4 pollos, 2 kilos de cazón. Iba mentalmente bien restringido, pero lo menos que creía era que en ese mercadito vería mi último pollo.

Regresé a la soledad de mi apartamento en la nueva Barcelona con unos aliños y lo que yo creo es mi último pollo. No vayan darle una vuelta a esto. He dicho mi último pollo.

Si el 20-M sale el progresismo de Henry o el progresismo de Maduro, creo que será mi último pollo. Si es con Henry Falcón, me agarrará la dolarización franca y abierta. Si es con Maduro, caigo en la dolarización solapada. Al fin; la misma cosa parece.

Este pollo, que más bien fue un pollito me costó 2.456.049,50. Hice exactamente como hicieron con la pelota que sacó Barry Bond y lo llevó a marcar un record. Pedí mi papelito que te dan cuando pagas a través de un punto y le pedí que me lo firmaran. Coloqué ese papelito en un sitio visible de mi biblioteca. Este último pollito era un paso más en mi ruta hacia la pobreza.

Ahora, mi hogar debe estar incluido entre los hogares pobres. No sé si aún existe el INE, pero aunque la pobreza en Venezuela se mide por cinco factores y el pollo no es uno de esos factores, comer (que tampoco es una de las 5 necesidades básicas reconocidas entre esos factores) si es hoy una tremenda y soberna necesidad. No sé ahora si mi ruta enfila hacia la pobreza crítica. Ahora estoy entre los hogares pobres.

Calculando que este pollito sea mi último pollito, no podía prepararlo y degustarlo así por así. Pensé entonces, que mi último pollo lo consumiera dentro de un protocolo con velas, roncito y con fondo musical de Los Panchos. Una bailadita vertical antes de hartarme mi último pollito. Tenía en mente la otra bailadita, pero dependía también de otros factores.

Decidí entonces, comprar los accesorios para que la compañía que ya la tenía asegurada, disfrutara de mi último pollo. Opté por un velón de esos que usan los santeros, porque las velas aromáticas que se usan para estos momentos están por los cielos y yo espera estar esa noche en el cielo sin necesidad de velas muy sofisticadas.

Una pequeña botellita de ron, el velón de santeros y otros accesorios (casabe, quesito) me costaron más de 5 millones. Estuve a punto de desbaratar la manera como había decido degustarme mi último pollo, pero pensé, que ya la invitación estaba hecha y no podía correr. El objetivo ya era encaramarme.

Mi último pollo en cuanto a costo, estuvo más o menos rondando los ocho millones de bolívares. Fue estimulante saber, que mi último pollo no me llevó a proyectar a corto plazo otra última cosa. Calculo que mi último, aún con mis 77 años espera. Hay fuerzas, según la conclusión que saqué después de habernos comido el pollito y el postre.

Mi último pollito por ahora tuvo ese costo. Casi ocho millones. Una familia sin necesidad de roncito, ni de velones ni de fondo musical con los panchos, cómo hace para comerse en el mes dos pollitos.



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Claudio Dominguez


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