La guerra económica

Claro que hay una guerra económica. Nosotros decimos que siempre habrá una guerra económica contra los controles económicos, los programas sociales, contra los pobres, contra los trabajadores, contra las mujeres y los niños explotados, contra los países pobres, y sobre todo en contra de todo aquello que sea o parezca socialismo. Lo que no creemos es que la eterna guerra económica que libra el capitalismo hacia las mayorías expropiadas y explotadas  sea una excusa para no hacer la revolución, para no hacer cambios radicales en la propiedad de los medios de producción y en la economía. En lo que no creemos es, que existe una particular guerra económica, maluca, marrullera, dirigida para echarle a perder los planes maravillosos, adelantados por el presidente Maduro, frente a la “Venezuela Potencia” la cual promete cada año la felicidad.

Leamos a Amaranta Rojas tocando la llaga en este asunto:

“Si bien es cierto, que desde 1998 la derecha internacional con el concurso sumiso de la derecha nacional se fijó como objetivo salir de Chávez, No es mentira, que la dirección del entonces movimiento Quinta República –MVR- sabía o conocía –al parecer- los posibles escenarios que viviría Venezuela, desde ese mismo 1998. El asunto estaba descubierto y el reto era entonces plantearse con propuestas y acciones reales, cómo se podía ir un paso adelante en esa confrontación, que era segura. Se les fue de las manos a la dirección política de la revolución, que en guerra avisada no se mata a soldado. MVR y el PSUV se olvidaron de eso.”

Realmente eso de la “Guerra Económica” no es un misterio, hay que pensar que la derecha no se suicida, el capitalismo no va jamás contra sus intereses, siempre se supo que iban a reaccionar con fuerza frente a las expropiaciones, las confiscaciones, los controles, y sobre todo frente a las inversiones sociales las cuales hicieron fracasar sustanciosos negocios; en salud, en educación, en la construcción de viviendas, inclusive en la privatización del agua, descontando el del petróleo y la explotación minera, Esto es lo que dice Amaranta, con otras y más palabras, pero la idea es la misma y obvia.

Lo que podemos sacar en limpio de este cuento mal contado es la renuncia del madurismo a los cambios revolucionarios, el abandono de hecho del socialismo como sistema económico social y espiritual y como razón y bandera para la lucha. Las consecuencias de esta decisión es otra parte de la historia de la cual no hablaremos, ya lo hemos hecho bastante, sobre todo del retroceso experimentado de los avances socialistas de Chávez, desde su muerte, y de la restauración socialdemócrata por parte del madurismo y su masa clientelar (PSUV, PCV, PPT).

Lo que conocemos por los hechos es que el gobierno se ha inclinado a favor del capital y del capitalismo, con o sin consciencia ello. Nadie sabe qué tan claro están los hijos bastardos de Chávez de los compromisos adquiridos con el mundo capitalista y de sus consecuencias. Si por lo menos actuaran con responsabilidad de sus actos y atacaran los problemas desde el propio método capitalista, como capitalistas verdaderos; dolarizando de frente, endeudándose de frente con el FMI, entregando el gobierno a los meritócratas, terminando de botar la mitad de la nómina de la administración pública, privatizando PDVSA, CVG, CANTV, METRO de Caracas, CORPOLEC, los hospitales las unversidades, y lo que quede por ahí… Pero su naturaleza hibrida, demagógica, de querer estar con Dios y con el Diablo, puede más que ellos; prefieren acabar con todo todo, con la fe del chavismo manipulado, con su salud y con su “vivir viviendo”, y con nuestras reservas naturales, desde el petróleo hasta el agua, en la anarquía total de un poco de locos oportunistas…, que dar su brazo a torcer.

Sin embargo los efectos desbastadores de este gobierno suspendido en el tiempo y en el espacio, dejando que las cosas pasen, son los mismos que si gobernara Lorenzo Mendoza y sus 50.000 millones de dólares que necesita prestados del FMI para “sanar” nuestra economía, o sea, la de ellos (será entrar en los libros de records, tener otras portadas en Forbes).

Volvamos a la Guerra económica. La “guerra económica” ha servido de excusa al gobierno en estos cinco años para no enfrentar al capitalismo desde la revolución socialista. Sus soluciones materialistas y economicistas: pragmáticas, soslayan la revolución, la miran “fo”, porque piensan, cuando lo hacen,  que la gente pobre y necesitada solo sirve para ser arreada y manipulada, que la revolución es solo un ideal, un “imperativo categórico” inalcanzable, mientras  nosotros creemos que es todo lo contrario.

En el centro de la revolución socialista está el ser humano y una voluntad de cambio, un cambio de espiritualidad, convertir al individuo egoísta individualista en un ser social; convertir un grey, una masa irracional de sujetos compitiendo entre sí, en la suma de personas racionales y conscientes viviendo en cooperación y en sociedad y luchando como sociedad por alcanzar cada día mayores grados de felicidad no prometida sino concreta.

Pero lo más importante es que la revolución es un empeño individual, práctico y cotidiano, por ser mejor persona (solidario, honesto, estudioso, libre, tolerante, justo, socialista). No promete nada imposible, sino que compromete al espíritu, al individuo, sobre todo a los líderes, con principios superiores para las relaciones sociales y para las luchas sociales; no al revés, no lo envilece o degrada, no lo hace mercenario o felón.

La revolución socialista es una lucha social y de clases. La guerra económica es una guerra de clases, es la forma burguesa de pelear contra la clase trabajadora y expropiarla todos los días más, no es la guerra que “le hacen a Maduro” es la guerra que nos hace el capitalismo a todos los pobres, trabajadores, desvalidos, expropiados, ¡siempre! Y en especial cuando intentamos cambiar el orden social, o sea,  voltear la tortilla. La guerra económica es una guerra que libra TODO el capitalismo contra el pueblo chavista revolucionario y no chavista, siempre que sea pobre: del capitalismo que dice estar con Maduro y del capitalismo “maluco” que no lo dice, sino todo lo contrario, que lo maldice.



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Marcos Luna


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