Un análisis crítico de la economía venezolana a través de Keynes
Oly Millán Campos y Wilmer Torrealba
En este documento, no pretendemos plantear un recetario de medidas para salir de la crisis económica que tiene el país, porque, entre muchas razones, estaríamos en esencia cayendo en la trampa de lo que hemos estado criticando públicamente, donde la economía no puede jamás verse como una disciplina desvinculada de las ciencias sociales y mucho menos de la política y la historia, por lo tanto, consideramos que la búsqueda de salidas a la crisis amerita un trabajo más profundo y de participación transdisciplinaria, por lo tanto va mucho más allá de lo que aquí podemos sugerir.
Ahora bien, dado que estamos muy conscientes de que nuestro objetivo es tratar de tener una mirada parcial sobre el fenómeno monetario y sus efectos sobre el resto de variables económicas sensibles a su comportamiento y, en virtud de que existen ciertas similitudes, guardando por supuesto la distancia en términos de tiempo, impacto y motivaciones de origen, con los fenómenos económicos que dieron sustento a la gran crisis del sistema capitalista mundial de los años 30 del siglo pasado, y dado que fue a través de la teoría Keynesiana que se trató de comprender el fenómenos y su posible solución, quisiéramos con mucha humildad presentar en este trabajo un pequeño análisis comparativo entre el comportamiento de la economía del capital durante la crisis de los años 30 y la situación actual de la economía venezolana, a partir del comportamiento del mercado monetario y cambiario y sus efectos sobre la actividad productiva del país.
Partiremos por asumir, que la economía europea que se desarrolló antes, durante y después de la Primera Guerra Mundial, fue una economía de guerra, con una importante destrucción del tejido social y empresarial, donde gran parte del mecanismo que se utilizó, por parte de los gobiernos, para financiar la guerra fue la emisión de una enorme masa monetaria sin ningún tipo de respaldo. En nuestro caso, si bien no podemos hablar de una “situación de guerra” es innegable la debacle económica que padece hoy en día nuestro país, que tiene como sustrato: además de las decisiones que nos llevaron a ser más hiperdependientes de la renta petrolera y los mecanismos utilizados desde el gobierno para la fuga delictiva de capitales, la significativa caída en los precios del petróleo hecho ocurrido a partir del año 2012[1]. Todo ello, complejizado y profundizado por los errores y erráticas decisiones que en materia de política económica ha venido tomando el actual gobierno, que lejos de gestionar la crisis con una mediana claridad, honestidad, transparencia y sentido social, por el contrario ha contribuido a profundizarla, lo que nos hace inferir que nuestra situación es más o menos parecida a la situación que vivió la economía de los países europeos durante la época de la “Guerra Total” del siglo XX.
Veamos entonces, salvando las distancias, como observamos la problemática planteada.
La situación de la economía mundial antes de la crisis de los años 30.
Para cualquier mortal que desee comprender los fenómenos económicos de la economía del capital, se le hace casi que obligado, estudiar en que consistió la propuesta del economista inglés John Maynard Keynes, a quien en muchas ocasiones, se le atribuye la “gesta histórica” de haber salvado al sistema capitalista del siglo XX.
Keynes publica en 1936 su famoso libro denominado “Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero”, sin embargo, no fue sino en 1919 cuando, luego de asistir a la Conferencia de Vesailles, escribe un ensayo denominado “Consecuencias de la Paz”, en el cual, auguró alguno de los más apremiantes problemas que habrían de aportar al derrumbe financiero de 1929, siendo éste el inicio de la Gran Depresión de los años 30 del siglo pasado.
Una de las grandes consecuencias de la Primera Guerra Mundial, fue el resultado de una Europa totalmente devastada. Como plantean algunos autores, el “capitalismo clásico” dejó de funcionar, ya que todo el tejido económico estaba destruido (sistema monetario, la banca, el crédito, el fisco, las empresas, las deudas públicas y privadas) y este fue sustituido por un “capitalismo de Estado militarizado”. Como indicador del desastre económico de toda Europa, aparece con mucha fuerza el fenómeno de la inflación que se desató entre 1919 y principios de 1920, siendo tres los factores relevantes en la escalada de los precios: en primer lugar se destruyeron los mecanismos de regulación comercial y productiva entre los países. En segundo lugar, con las expectativas de haber conjurado la guerra, miles de empresas comenzaron a demandar insumos y materia primas, que ante una economía destruida, toma espacio y fuerza la ley de la oferta y la demanda, lo que trae como consecuencia, en el ámbito de la racionalidad de la economía del capital, una subida en los precios de los bienes y, en tercer lugar, los efectos de la extraordinaria emisión monetaria que establecieron los gobiernos de los países europeos como mecanismo para financiar los gastos de la guerra. En el caso particular de Alemania, se incorpora como factor, la obligación que tenía de honrar las exigencias de reparaciones de guerra impuestas en el Tratado de Versailles, y es así como entre 1922 – 1923 los marcos alemanes llegaron a valer menos que el papel en el que se imprimían.
Durante la década de los años 20, mientras Europa buscaba estabilizar su economía, el centro de operaciones económicas del capitalismo mundial se trasladó a Estados Unidos, entre 1922 y 1929 Wall Street experimentó el mayor crecimiento en toda su historia. Pero no tardó en aparecer el fantasma de la crisis, la cual se manifestó con la caída histórica de la bolsa de Wall Street, que luego produjo una ola de quiebras bancarias en varios países del planeta, lo que generó, entre otros factores, a una caída del 60% del valor de las importaciones y exportaciones mundiales.
Las explicaciones y salidas a dicha crisis se pudieran resumir en dos grandes visiones: una asociada a la respuesta que debió tener una política monetaria expansiva, defendida en gran medida por Milton Friedman y Anna Schwartz en su obra “historia monetaria de EEUU”. Y la otra, asociada a la visión keynesiana concentrada en explicar que antes de la crisis se habían producido una reducción de ciertos sectores económicos importantes lo cual se reflejó en una caída de los ingresos (salarios y ganancias empresariales) conjuntamente con un descenso en el consumo.
Como corolario de esa crisis, podemos decir que también estaba en crisis la teoría económica ortodoxa criticada por Keynes.
Problemas Claves de la Crisis económica de los años 30 del siglo XX
Dentro del cumulo de problemas claves que presentaba el mundo del capital y que se evidenciaba a través de la profunda crisis en la cual se encontraba, debemos resaltar que la teoría económica que hasta los momentos se tenía como una “verdad para explicar los fenómenos económicos” era insuficiente para tal función, por lo tanto las recomendaciones que ésta planteaba para poder solventar los desequilibrios que existían en la economía, eran insuficientes, por no decir, sencillamente inservibles.
El postulado más importante, entre otros, que fue objeto de profundas críticas por parte de Keynes era el que definía la Ley de Say, el cual consistía en plantear que: para cualquier nivel de producción y ocupación, toda oferta tendría su propia demanda, en síntesis la economía de los países siempre lograría niveles de crecimiento, por lo tanto las crisis no eran posibles.
Pero lo que estaba ocurriendo en la economía capitalista mundial era todo lo contrario, es decir, existía un descenso importante en el nivel de ocupación y de consumo y por ende una caída de la producción. Que si realizamos una comparación con nuestro caso, podemos afirmar que estos fenómenos están presentes en la actual crisis económica de Venezuela.
Planteamientos de la Escuela Keynesiana
El planteamiento central de la teoría Keynesiana, está referida a que los equilibrios macroeconómicos estaban ocurriendo fuera del pleno empleo. Cuando en economía se habla de equilibrios, se hace referencia al planteamiento de que la producción de bienes y servicios por parte de los productores (lo que se conoce como oferta) debe ser igual al conjunto de necesidades de la sociedad, las cuales se concibe como: el consumo, la inversión y los gastos del gobierno, definición que se entiende como la demanda agregada. La explicación central se refería al hecho de que el ahorro era diferente a la inversión.
En principio se debe resaltar que la teoría keynesiana expresa que la tasa de interés es determinada en el mercado de dinero, ahora es importante esta postura, ya que en el mercado de dinero los actores económicos tienen preferencias y opciones en el manejo del efectivo, de tal manera que este funciona como un instrumento que tiene múltiples utilidades, las cuales básicamente son:
• Para realizar inversiones productivas.
• Para realizar consumo.
• Para la realización de inversiones especulativas.
• Y dinero para ahorrar.
A partir de los anteriores cuatro aspectos, el planteamiento keynesiano hace especial énfasis en uno de los supuestos en los que la economía neoclásico es bastante rígida, el mismo consiste en afirmar que el dinero en forma de ahorro, se destina, exclusivamente, hacia las inversiones productivas. Esta afirmación es rechazada por Keynes, ya que, para éste, los inversionistas según el nivel de riesgo que tiene la inversión y la rentabilidad de la misma, optaran entre invertir en actividades productivas o realizar otras inversiones no relacionadas con la producción, esto debido a razones que más adelante explicaremos.
El sistema económico convencional antes de Keynes, concebía a la tasa de interés como la variable que igualaba la “Demanda de Capital”, llamada así por los neoclásicos[2], lo que viene siendo la demanda de préstamos para inversiones de los empresarios y productores (esto debido a que en la medida que la tasa de interés es más atractiva para la inversión, más préstamos se solicitan) con el “Capital (Stock) Total”, es decir la oferta de préstamos (los bancos emiten préstamos a una tasa de interés que sea atractiva para los clientes debido que se asume que hay competencia en el mercado de dinero y con ello generan las mayores ganancias posibles) del sistema bancario.
Por otro lado, la teoría keynesiana establece que la tasa de interés es el pago o la recompensa a la personas por mantener efectivo, y para los bancos es la recompensa por ceder sus disponibilidades para que algún empresario o productor emprenda un proyecto, de tal manera que la tasa de interés se mueve según la preferencias por la liquidez (dinero) y por la cantidad de dinero que determine el Banco Central.
Partiendo de lo anterior, es importante destacar que, según Keynes, la decisión de inversión en un bien de capital depende de dos variables: a) la probabilidad de obtener ganancias y b) el precio de oferta del bien de capital, elementos que en conjunto se denomina como la Eficiencia Marginal del Capital, que bajo las condiciones adecuadas puede establecer un equilibrio macroeconómico con pleno empleo.
Si recordamos que la demanda de dinero, puede servir para fines transaccionales y para fines especulativos, se debe decir que cuando las expectativas de las ganancias de las inversiones productivas son menores que las expectativas de las ganancias de las inversiones financieras, el equilibrio macroeconómico con pleno empleo puede empezar a tener problemas, cuestión que empezaremos a explicar.
Lo anteriormente planteado, se debe a modificaciones de algunos patrones psicosociales tales como: cambios en las preferencias por la liquidez, divergencias en las decisiones de movilizar el ahorro hacia la inversión productiva, cambiando las propensiones a la inversión y el consumo. Aspectos que ocasionan problemas perniciosos en la economía del capital, como la disminución de contratos de trabajadores y aumentos de los precios relativos.
Pero ¿a qué se debe estas modificaciones en los patrones sociales que la teoría keynesiana denomina como: cambios en las inclinaciones psicológicas y expectativas? La verdad es que las razones de dichos cambios sobran, ya se ha discutido que una de las razones es la probabilidad de que se generen ganancias en los diferentes tipos de inversiones, pero en general cuando se intensifica la situación se debe a complicaciones en los mercados principales, es decir, nos referimos al incremento de las expectativas especulativas que van determinando el comportamiento de los mercados, donde se pueden generar ganancias extraordinarias sin tener el aporte productivo de algún sector, ejemplo de ello es lo que ocurre, cuando existe mucha inestabilidad, en el mercado monetario o los mercados bursátiles y todo aquel en el cual se logre comprar algo con la intención de venderlo a un precio mayor, sin generar valor agregado.
Por consiguiente, si la anterior problemática sucede, generalmente es porque se producen distorsiones en el mercado cambiario y en los mercados financieros que estimulan a que las expectativas a la formación de la ganancia estén vinculadas a mercados especulativos y no a los asociados a actividades productivas, bajo esta problemática el tomador de decisiones, en este caso el gobierno, puede caer en una encrucijada. Nos referimos a caer en la tentación de mantener el consumo y la inversión a través de la expansión de dinero por parte del Banco central o a través del gasto público, ignorando los efectos distorsionantes (especulativos) que esta política tendría en los mercados, y por ende no lograr impulsar el crecimiento económico, cayendo en lo que conoce como una “Trampa de Liquidez”.
Problemas Claves de la Economía Venezolana y su Similitud con los fenómenos económicos estudiados por Keynes
Ahora bien, en el caso venezolano, ¿Qué ha provocado que estemos en un sub-equilibrio macroeconómico alejado del pleno empleo? Anteriormente explicamos que en términos macroeconómicos, cuando existen distorsiones en dos mercados – financiero y cambiario- el ahorro en particular, tiende a no destinarse hacia actividades productivas y de hecho los agentes económicos, dado la presencia de otros factores, incrementan sus preferencias por la liquidez. En el caso venezolano lo trataremos de ilustrar en la siguiente gráfica:

Fuente: web.venezuela.econ
A través de la anterior gráfica, se evidencia el comportamiento del tipo de cambio oficial que empezó a implementarse en el 2003, cuyo objetivo era frenar la fuga de capitales que se había iniciado, en virtud de que estaban ocurriendo cambios durante el 2002-2004, como consecuencia de la situación política y social del momento, en las expectativas de desempeño de la economía venezolana. No obstante, uno de los efectos negativos de los controles de cambio es que afectan de manera importante la estructura de activos de los Bancos Centrales, ya que, entre otras razones, no tienden a crear o captar divisas del sector privado, sino más bien a vender divisas, y más pernicioso se vuelven en la medida en que las divisas empiezan a disminuir. La escasez relativa de divisas que se genera, va creando un caldo de cultivo para que ciertos actores políticos y económicos, comiencen a sobre-facturar las importaciones, generando, en el trasfondo, una venta de divisas a un precio más alto al que las obtuvieron. Esta lógica delictiva de apropiación de capital, va estimulando la creación de un mercado paralelo, que va perforando el comportamiento estable entre el ahorro y la inversión. En el caso venezolano, las políticas cambiarias caracterizadas por el establecimiento de diferentes tipos de cambio, fueron propiciando, con la venia de ciertos sectores empresariales y burócratas corruptos, la reproducción de dichas prácticas generando severos daños a la precaria producción de bienes y servicios nacionales, provocando, entre otros aspectos graves, un desempleo estructural.
Teniendo en cuenta lo anterior, es conveniente ampliar el análisis respecto a la escasez relativa de divisas que se ha generado durante el control de cambio. A través de nuestras explicaciones hemos obviado aclarar que el proceso de agotamiento de las reservas internacionales ha provocado, a nivel externo e interno, expectativas negativas hacia nuestra economía, ya que se ha incrementado, dado su desempeño económico y a su potencial incapacidad de pago, la desconfianza hacia el país, afectando también de esta manera la confianza hacia el bolívar frente a las demás monedas internacionales.
Estas expectativas negativas van generando que la moneda (bolívar) pierda fortaleza como medio de pago, pero también deja de ser un medio de ahorro y consecuentemente un medio de inversión. Veamos en el siguiente gráfico el comportamiento de los diferentes tipos de cambio, durante el 2016-2017.

Fuente: web.venezuela.econ
Para el presente año, el gobierno ha planteado una nueva política cambiaria - que en esencia es la misma que hemos tenido a lo largo de varios años- vemos en el gráfico como para el 23 de agosto existe un tipo de cambio paralelo que se ubica en 16.645,07 bs/USD, mientras que los tipos de cambio oficiales se ubican en: Dicom (2.970 Bs/USD) y el Dipro (10 Bs/USD). Como es obvio, si una empresa o persona natural, decide obtener un dólar con alguna de las dos tasas cambiarias oficiales, con el solo manejo de los tipos de cambio, podría obtener ganancias que irían desde 567,00% (Dicom) hasta 168.450,00% (Dipro). Esto tan solo si nos referimos al mercado cambiario, pero si agregamos la posibilidad de que cualquier persona natural o jurídica, se plantee poder aprovechar las ganancias a través del manejo especulativo y delictivo de productos cuyos precios se encuentran congelados como es el caso de la gasolina, esto también genera un mercado paralelo del cual se puede conseguir ganancias extraordinarias, ya que, como sabemos, actualmente, en nuestro país los precios de la gasolina están por el orden de los Bs. 6 (95 octanos) y Bs.1 (91 octanos) por litro, es decir, si tan solo estudiamos el caso de la gasolina 95 octanos su precio en términos de dólar paralelo será: 0.000375 USD por litro y 0.002 USD por litro a precios Dicom, que al comparar estos precios con los precios de la gasolina que tienen nuestros países vecinos, vemos que es escandalosa las ganancias que se obtienen, situación que no solo se puede experimentar con este producto, sino también con otros que tengan un diferencial con los países vecinos.
Ahora bien, es innegable que las distorsiones que están ocurriendo en el mercado cambiario, vienen afectando la actividad económica productiva del país, veamos como el desempeño en la actividad productiva ha disminuido a lo largo de estos años. En la siguiente gráfica, se puede constatar que para 1998 el Producto Interno Bruto (PIB) manufacturero representaba respecto al PIB total el 18.06%, mientras que para las últimas cifras presentadas por el Banco Central de Venezuela, es decir, el tercer trimestre del 2015, este había experimentado una disminución representando el 12.45% del PIB total.

Fuente: BCV, elaboración propia.
En el caso del mercado laboral tenemos que, actualmente cualquiera pudiera sentirse satisfecho de observar que el nivel de desempleo es bajo, sin embargo, dicha disminución está asociada tanto con el decrecimiento del PIB total como con una menor participación del PIB manufacturero sobre el PIB total, el cual tiene una tendencia decreciente, de tal manera que, a priori la población ocupada no debe estar dedicando su esfuerzos en actividades productivas, por lo que inferimos que en Venezuela debe existir una deficiente distribución de la fuerza de trabajo, aspecto que se puede comprobar en la siguiente gráfica.
En esta gráfica, se puede ver como en el sector manufacturero la población ocupada, apenas representa un 13% del total, mientras que los servicios comunales, sociales o personales representan un 35% del total y hoteles, comercio y restaurantes el 25% del total de la población ocupada.

Fuente: Ine, elaboración propia.
Estos indicadores, nos reflejan que para el año 2015 más del 75% de la población ocupada se dedicaba a actividades que las podríamos catalogar como improductivas, aspecto que nos permite afirmar que, en Venezuela, existe un desempleo estructural. Por otra parte, estos elementos hacen ver que los ingresos de los trabajadores deben ser mayores, tanto en el sector comercio como en los sectores tipificados como no productivos.
Otro aspecto importante de mencionar, es que los incentivos a la producción son bajos y el gobierno, por su parte, a lo largo del tiempo ha caído en una espiral perversa, generando cada vez mayor liquidez a la economía - mencionada en párrafos previos- la cual ha ido al sistema bancario con el objeto de garantizar el consumo. Todo ello, sin mencionar la emisión de gasto público a través del financiamiento que tiene PDVSA con el BCV, política que tampoco ha generado crecimiento de la producción. En la siguiente gráfica, se puede observar cómo ha crecido la tasa de variación porcentual interanual de la Cartera Total de Créditos de los bancos, donde para mayo del 2017, en comparación al mismo mes del 2016, se ha evidenciado un crecimiento de 219.1%

Fuente: Sudeban, elaboración propia.
En el mismo orden de ideas, presentamos a continuación como la emisión de créditos se distribuye porcentualmente entre las actividades económicas, como se puede apreciar, la emisión y solicitud de créditos, ha crecido estrictamente en actividades comerciales. Para el 2012, este tipo de créditos representaba el 36.38% del total de la cartera y, para el 2017 el 54.96%, mientras que por otro lado, la emisión y solicitud para la actividad manufacturera ha estado en decrecimiento.

Fuente: Sudeban, elaboración propia
¿Algunas consideraciones a tomar en cuenta frente a actual crisis económica?
En el plano de la realidad social, lamentablemente los académicos, intelectuales y por supuesto los gobiernos, suelen caer en visiones paradigmáticas, tienden a cerrarse en planteamientos o posturas que sus antecesores crearon e introdujeron aceptándose casi como dogmas, viendo a la realidad social de manera estática y reducida, mientras que es al contrario, la realidad es dinámica y compleja. Si seguimos los planteamientos de Thomas Kuhn; un paradigma, como es obvio cuando puede explicar y solucionar las anomalías sociales da como resultado una alta confianza, pero si existe un ruido que hace que la postura científica no pueda explicar y solucionar los problemas, ocurre una crisis teórica, donde se crea las condiciones para que ocurra un giro radical que puede convertirse en una revolución científica.
Ante todo, el giro radical que actualmente requiere el país para salir de la presente crisis necesita de una ingeniería económica que reconozca la complejidad social existente, al referirnos al concepto de complejidad queremos hacer referencia a que la propuesta teórica a desarrollarse debe reconocer las múltiples relaciones entre los diferentes ámbitos que debe tomar la política económica y no caer en el reduccionismo o en racionalizaciones de la realidad, aspectos que definen al paradigma de la simplicidad, aunque no pretendemos, por ahora, presentar un plan económico, ni mucho menos hacer el desarrollo científico de la crisis venezolana, no obstante, trataremos de dejar algunas líneas como propuestas que se basan en lo siguiente:
a. Una de las ideas más importantes que la teoría keynesiana destaca es la necesidad de la participación del gobierno a través del estímulo a la inversión productiva, esto debido a los efectos multiplicadores que ésta genera en el crecimiento de la producción, empleo y balanza comercial. Participar no significa crear un capitalismo de Estado.
b. Conociendo las características de la economía venezolana, destacaremos en esta oportunidad algunos planteamientos teóricos que hemos considerado más acordes, uno de ellos es que todos los mercados se interrelacionan y por tanto las políticas emprendidas deben reconocer este principio, de tal manera que si solo se ataca una dimensión del problema, el resultado final será nulo.
c. La crisis económica actual, que si bien es de carácter estructural y societal, se ha ido potenciando, entre otras, por las políticas que se han venido manejando en el mercado cambiario, en este sentido es evidente que es necesario un proceso de flexibilización en el cual el sector privado, bien sea jurídico o natural, pueda transar divisas, donde el papel del Banco Central de Venezuela no sea más el de oferente de divisas baratas. La Institución debe tener la posibilidad de adquirir divisas por compra directa o a través de mecanismos de aranceles o tributos. Por otra parte, el gobierno a través de instancias creadas para ello, podría administrar préstamos en dólares y que el sector privado pague sus deudas en dólares -eso sí bajo una estricta, transparente, oportuna y eficiente política crediticia- con ello el mercado de divisas podría comenzar a estabilizarse, siempre y cuando se aborde el problema de la economía venezolana, desde una visión integral y se reconozcan los errores cometidos en materia de política económica.
d. Lo anterior se debe relacionar a los problemas que genera la actual política de congelamiento de precios, que ha creado un diferencial entre los precios nacionales e internacionales, escasez relativa de bienes así como profundización de los mercados paralelos. De igual modo, es necesario plantear una estrategia de subsidios directos con un horizonte temporal definido, con metas y objetivos claros con transparencia y estimulando, documentando y generando procesos válidos para el ejercicio de la contraloría social. Teniendo siempre y como premisa fundamental, la garantía de la satisfacción de las necesidades fundamentales de la población como un derecho consagrado en nuestra Constitución vigente. Una clara y definida política social como derecho fundamental de la población, no se puede confundir con una política clientelar que anula la participación y genera de forma perversa control social.
e. La aplicación de los subsidios directos en este caso, deben ser un proceso paulatino de flexibilización de precios, que no solo funcionará con la estrategia emprendida en el mercado de divisas, es prioritario una redefinición de la política industrial y agrícola desde todos los niveles, se debe comenzar un proceso de industrialización en el sector agrícola y manufacturero, haciendo especial énfasis en aquellos productos en los cuales exista mayor ventaja comparativa, para así lograr, que los productores creen sus propias divisas. Todo lo anterior, implica el desarrollo de un encadenamiento productivo “aguas arriba y aguas abajo”, partiendo de sectores estratégicos claves de la economía nacional y manteniendo el Estado el control sobre las empresas estratégicas, tal como está consagrado en nuestra vigente Constitución.
f. Si recordamos los patrones de comportamientos del sistema bancario, se tiene que en este existe otras distorsiones que son detonante de los desequilibrios en el mercado cambiario y en el mercado de bienes, de tal manera que la política monetaria debe emprenderse en función del crecimiento de las capacidades productivas y el crecimiento de las reservas internacionales del país, para que así no se cree efectos contraproducentes en las política económica ya planteadas y además se asegure que el crédito productivo comience a crecer, garantizando el respaldo patrimonial que todo banco debe preservar en el proceso.
g. No hay que olvidar que lo económico no se puede desvincular de lo político, son hermanos siameses que comparten órganos vitales, de tal manera que el respeto al orden constitucional y a las reglas de juego democráticas, es una condición, sine qua non, para generar confianza en el país y en su aparato productivo, donde pueda generarse un proceso rico y diversificado de la actividad productiva, a partir del reconocimiento de diversos tipos de propiedad (privada, colectiva y social). Por lo tanto la crisis se resuelve con más democracia y nunca con menos.
[1] De hecho, si comparamos el precio de la cesta venezolana del primer trimestre del 2012 con respecto al cuarto trimestre del 2014, se observa una caída del 39.6%.
[2][2] Esta es la escuela de pensamiento económico que se diferencia de los primeros pensadores de la economía (Adam Smith, David Ricardo, etc.), la cual agrega a sus estudios al comportamiento del individuo y su racionalidad donde el equilibrio de la oferta y la demanda se puede lograr a través de la mano invisible, es decir, mediante la libre concurrencia.